24 octubre, 2016

Huérfanos

Los partidos de izquierdas (me gusta poco incluir a Podemos en la izquierda, pero, sea) nos han dejado huérfanos a todos los que habiendo estado por años en la abstención habíamos decidido salir de ella para votar a cualquier opción desde Ciudadanos hasta IU con el único objetivo de que llegara a dignificarse la vida política en nuestro país. Una vida política hecha jirones por la corrupción del PP y, menos, del PSOE en Andalucía en especial.

Los partidos de izquierdas (mira que me cuesta meter el peronismo en la izquierda, pero vale) se han equivocado de plano, vistas las cosas ahora en perspectiva. Sus decisiones desde el 20 D pasado, en que Rajoy ganó con 120 diputados han sido todas, sino malas, muy malas. Más aún, pésimas. Es fácil de entender si uno deja a un lado sus preferencias por este o por aquel y solo mira los datos y los resultados.

Primer error: no haber dejado gobernar a Rajoy con 120 diputados. El PSOE no necesitaba contar con nadie para tomar esa decisión. Bueno, con nadie que no fuera la federación andaluza, dispuesta siempre a hacerle la vida imposible a Sánchez. No obstante, de haberlo hecho, el PP habría tenido que gobernar con unos presupuestos trampa aprobados con prisa por si gobernaba otro. El PP se habría desgastado, se habrían derogado leyes en el Parlamento y, si se daba la necesidad se organizaba una moción de censura que largase a Rajoy y a su equipo de La Moncloa.

Segundo error: haber vetado a Podemos para intentar un gobierno. Este achacable a Susana Díaz en exclusiva. Un asunto de odio personal hacia su homóloga andaluza en Podemos, que la acusa siempre (y es verdad) de no haber dado un palo al agua que no fuera en al partido, algo que a esta faraona de patio de colegio le sabe a cuerno quemado. Este enconamiento de esta mujer contra Podemos arrastró a todo el partido y se perdió la oportunidad de, al menos intentarlo. Bueno esto y su odio a Pedro Sánchez, a quien no quería ver de presidente de ninguna de las maneras. Susana Díaz es un peligro basa sus decisiones en el rencor.

Tercer error: Pablo Iglesias se erige en vicepresidente plenipotenciario. Un detalle no menor destinado a dejar claro que la parte pablista de los peronistas no quería nada con el PSOE, a pesar de con la boca decir que tendía la mano. No se puede pretender tener más poder del que le daban sus 70 diputados, 20 menos que el PSOE.

Cuarto error: no aceptar un gobierno PSOE - Ciudadanos. Podemos deja claro de este modo que quiere terceras elecciones porque cree que puede superar al PSOE y ratifica así que no quiere nada con el PSOE, que no sea su exterminio completo. Queda claro, no obstante que era difícil de admitir para alguien de izquierdas un gobierno con Ciudadanos, que representa al centro, y eso de centro, en este país se interpreta como derecha. Sin embargo haber aceptado habría significado la salida del PP de Moncloa, algo que dejó perplejo a esa parte del electorado a la que trato de, si se me permite, representar. Siempre habíamos pensado que el gran objetivo era descabalgar a Rajoy.

Quinto error: Unidos Podemos. IU era una izquierda minoritaria, pero más o menos seria. Podemos e IU creían en sobrepasar al PSOE, gran objetivo personal de Iglesias. sin embargo, un millón largo de votos se les quedaron en casa. Es sintomático y dice mucho de la talla política de Iglesias y de Garzón, que todavía no hayan asumido con toda claridad su fracaso completo al fomentar tan peregrina idea.

Sexto error: dar palos de ciego tras las segundas elecciones. El PSOE debía haber reaccionado rápidamente y negociado la abstención a cambio de modificaciones de leyes y presupuestos. Pero hizo un comité federal que decidió unánimemente el NO a Rajoy. Lo raro es que también se decía no a terceras elecciones, lo cual hacía pensar hasta a los más tontos que había un plan para hacer un gobierno alternativo PSOE Podemos Cs, pensábamos algunos o PSOE, Podemos y nacionalistas, pensaban otros. Pero no, nada de eso. El comité solo buscaba una situación absurda de doble NO (elecciones y Rajoy) que permitiera un golpe de mano contra un Sánchez sin capacidad de operación y traicionado por los suyos (en los suyos no se incluyen los militantes).

Omito la vergüenza del Comité Federal del PSOE de este domingo pasado porque no vale la pena. Pero tengo la sensación de que la corrupción terminó por triunfar en este país. España estará gobernada por el partido más corrupto de la historia de Europa con el apoyo de el PSOE de Andalucía, corrupto él también hasta el tuétano, arropado por palmeros también corruptos por complicidad.

Por esto nos sentimos huérfanos. Y la orfandad es un sentimiento difícil de soportar, y que no se olvida. A la primera oportunidad nosotros, desde la inclusa de la abstención, nos tomaremos algún día nuestro desquite, porque no tenemos nadie, desde el centro hasta la izquierda extrema a quien valga la pena votar, según se desprende de un análisis frío de los hechos. Solo un aldabonazo de alguien como Borrell en el PSOE, o la ruptura de este y la aparición de un partido socialdemócrata con Borrell al frente nos haría volver, y aquí estamos esperando. Aunque esto no es más que un sueño casi erótico.

13 octubre, 2016

Si en política existiera la dignidad...

Si en política existiera la dignidad en el sentido del decoro en los actos, en los comportamientos, este país ya habría resuelto muchos de sus problemas endémicos. Sin embargo no ha sido así. A las malas cualidades de la sociedad española, esas que todos conocemos: la pereza, la envidia, el «al enemigo ni agua», la poca afición a hacer las cosas como debe ser, y otras tantas, se suma ahora el gravísimo problema de que quienes están en política, quienes se supone que tienen que hacer que las cosas mejoren, son en gran medida indignos, indecorosos, lascivos, en lo referente a esa relación casi pornográfica con el poder, y despreocupados respecto a lo que se supone es su objetivo: mejorar la existencia de sus representados.

Pero la dignidad no existe en política, y no existe porque, a pesar de haber montones de personas honestas que la ejercen, estas no se plantan, no ejercen la desobediencia activa ante las consignas de sus mayores en las organizaciones. La lucha por el poder en ellos se hace evidente hasta en niveles locales. Hay verdaderas puñaladas por tomar el control del aparato, por pequeño que sea. Y nadie dice nada, ni cargos electos ni militantes, nadie, o al menos no se oye ruido alguno que no sea el de los cuchillos entrechocándose.

Cualquier español con una mínima capacidad de análisis sabe que el paradigma de lo que no debe ser un partido es el PP. La corrupción está en él como la suciedad en una pocilga descuidada. Tan solo se echa colonia para tapar el hedor, pero no se hace nada por eliminarla de raíz. ¿Y que dice la militancia, o los mismos votantes? Nada. La militancia es mansa, y los votantes, en una actitud muy española, solo por no votar a otro son capaces de desayunarse cada día con una montaña de mierda, como escarabajos peloteros. Naturalmente están en su derecho, pero no está de más recordárselo.

Dicho lo anterior, cualquiera que esté en política sabe que el PP es una organización cuasi mafiosa. Pues bien. Tras las primeras elecciones de diciembre de 2016, hubo una oportunidad, bien de dejarlo gobernar en minoría vergonzante con su presupuesto, para plantearle después una moción de censura y expulsarlo (esta oportunidad la tuvo el PSOE y todo el mundo podría entenderlo), o bien descabalgarlo de Moncloa después de el acuerdo PSOE - Cs (esta la tuvo Podemos). Pero en todos los casos se pensó para adentro: el PSOE quería gobernar, aunque a Sánchez se le prohibía hacerlo con Podemos, y Iglesias vio en su no al pacto anterior la oportunidad de destruir al PSOE, que era su verdadero objetivo.

La indignidad en la política hizo que el PP se recompusiese y se reforzase en las elecciones del 26 J. Y ahora vamos a ser testigos de una indignidad mayor aún. El PSOE va a facilitar el gobierno del PP, y lo va a hacer tras un golpe de mano indecente. Lo va a hacer a pesar de que en el juicio de la Gürtel se están sabiendo cosas que harían vomitar a un forense. Lo va a hacer en contra del criterio de sus militantes, que huyen en masa de ese nido de víboras. Lo mismo que Ciudadanos, que va a facilitar un gobierno ya de antemano corrupto. ¿Cómo Rivera puede caer tan bajo tras declararse paladín de la limpieza? ¿Qué le están ofreciendo? Porque lo del PSOE es claro, al PSOE le ofrecen la cuota de poder que permite seguir engordando los ya gordos culos de sus elefantes oficialistas.

No es digno, y a la vista de los testimonios de Correa y compañía, menos, abstenerse ni votar sí a la continuidad del PP. Ni el PSOE ni Ciudadanos, pero en especial el PSOE, pueden permitirse tal inmoralidad. Es igual ir a terceras elecciones, a cuartas o a quintas, mientras Rajoy sea candidato al menos. Si lo ponen los electores y gana por mayoría suficiente, nada que decir, allá ellos con su voto. Pero los partidos deben conservar su integridad. De no ser así, algún día nadie creerá en ellos, y a día de hoy ya somos muchos.

05 octubre, 2016

Digan Enthaltungen

Enthaltungen es una bonita palabra alemana que nuestros amigos socialistas pueden utilizar para no tener que pronunciar la que no quieren: abstención. El ínclito presidente de la gestora que dirige el partido podría decir: «Por el bien de España, nuestra posición ante un nuevo intento de investidura de Mariano Rajoy será una enthaltungen que facilite la formación de un gobierno». De esta manera no tendrían que pronunciar la palabra abstención, que no les gusta nada. Fíjate tú, como se va a decir abstención, menudo palabro. Te pueden largar incluso una rima de mal gusto tus adversarios: «¿Qué vais a hacer en la investidura?». «¿En la investidura...? Abstención». «Ah, pues tócame un c--´n». «Y estaría muy horrible, ¿no?». Queda mucho mejor «¿Qué haréis en la investidura...? Enthaltungen». «Y eso qué es». «Hombre, pues eso..., Enthaltungen. ¿No es cool?» «Ah, sí, sí es cool».

Es como si el PSOE se hubiese pasado al pijerío. Ya empezaron con Zapatero, que no decía crisis, que era otro palabro y que no quedaba bien en el vocabulario de un presidente. No dicen abstención porque no suena bien. Lo suyo es explicar a la militancia, y al pueblo estúpido en general, que se quitó a Sánchez porque había que facilitar la gobernabilidad de España mediante una Enthaltungen. El objetivo del motín andaluz, un alzamiento en toda regla secundado por las baronías afines, no era en realidad echar a Sánchez, sino quitarle el mando para llegar a una Enthaltungen, que es lo que necesitaba España, según decían los golpistas.

La trama contra Sánchez que tejió la gran estratega Susana y sus generales, más allá y más acá de Despeñaperros, se antoja ahora bastante burda e infantil. Se nota a las claras que solo querían el poder del partido. Que a ellos, lo de la democracia interna les importa un bledo, lo diga, o no, la Constitución. Sánchez era un estorbo para continuar con el mando oligárquico y hereditario (una cosa parecida al PP) y había que quitarlo del medio.

Pero, héteme aquí que la conspiradora no demostró mucha inteligencia; ni la conspiradora ni quienes la aconsejaban. No contaban con Rajoy, político corrupto y poco inteligente, pero no tonto. Sánchez tenía una posición clara: NO. Ahora quitaron a Sánchez para abstenerse, perdón para sich enthalten (abstenerse). Y, claro, Rajoy, que de tonto no tiene nada más que la cara, dice que si se quieren abstener que hay que pagar un peaje; que abstención sí, pero con garantías de estabilidad, presupuestarias, etc... Vamos, que quiere un gobierno para cuatro años.

Qué capacidad estratégica la de la tropa andaluza y resto de conspiradores. Ahora resulta que se encuentran en una situación mucho más delicada que con Sánchez, cuya posición: que Rajoy buscase sus apoyos sin contar con el PSOE, era clara para todo el mundo. Ahora resulta que al dar ese paso, Susana la lista, deja al PSOE a merced del PP, que sabe que si hay otras elecciones, no solo conseguirá mejorar, sino que dejará a los socialistas en cuadro. Si hay terceras elecciones tendrán en el PSOE que hacer una campaña exprés, y a ver donde encuentran alguien que quiera ir en cabeza sabiendo cuál es el peligro: resultados catastróficos para ellos, mayoría absoluta para el PP con Ciudadanos, y un tren de mercancías que les pasa por encima (Podemos) en votos y en escaños.

Un buen golpe de estado este del PSOE: represión contra el oponente, desaparición de la democracia y un electorado huérfano con la abstención como único refugio. Buen tándem Susana Díaz y Pablo Iglesias (el joven). Sin darse cuenta, entre los dos la liaron parda, reforzaron al PP, pudiendo haberlo quitado, se cargaron al PSOE, cuya única posibilidad era Sánchez. Ahora ya manda ella, la gran Susana. A ver que hace si el PP fuerza elecciones. Supongo que nada... Ella es parecida d Rajoy, deja que se quemen los demás. Sánchez, al menos era valiente. No sería, seguro, el líder ideal, pero tenía valor, y algo de honor, que es algo casi imposible de encontrar en el actual PSOE.


30 septiembre, 2016

Mendacidad, indignidad, bochorno

El hábito o costumbre de mentir (mendacidad) se extiende como una mancha de crudo en el agua en toda la política española, por lo tanto también en el PSOE. El Partido Socialista está fracturado por una simple cuestión de mantenerse en los cargos (indignidad), o trepar más alto. En ningún caso nada de lo que se hace es «por el bien de España». Que por el bien de España no debe gobernar Rajoy, de un lado y que por el bien de España no debe haber terceras eleciones por otro, no son más que mentiras que insultan la inteligencia colectiva de un electorado (abochornado) que, ya dos veces, dijo alto y claro cuál era su intención.

Esa suerte de golpe de mano ejecutado por quienes se autodenominan sector crítico, con los estatutos en la mano, no es más que «una chapuza digna de un sargento chusquero»; Josep Borrell lo explica con toda claridad en una entrevista concedida a la SER que nadie, interesado en la situación en el PSOE, debería perderse. Lo que debe decidir el partido es cuándo será el congreso extraordinario y qué se va a hacer respecto a la formación de gobierno en España. Así de simple. Y, de momento, el único que habló claro fue Sánchez: «No es no». Algo que, además hizo por mandato del Comité Federal.

Ls cspitana de los críticos, y el archienemigo de Sánchez, Madina, intentan por medios no estatutarios descabalgar a Pedro Sánchez. Pero, al final, no les va a quedar otra que respetar los estatutos vigentes, en los que ni se contempla que el Secretario General tenga que dejar el cargo por dimisión de más de la mitad de su ejecutiva, ni que cuando esto ocurra se forme una comisión gestora. Susana y su gente demuestran un precario conocimiento de las leyes de gobierno interno, algo que Josep Borrell domina a la perfección. Por eso, insisto en la conveniencia de escuchar íntegra su entrevista.

Quiera o no quiera el sector crítico, Sanchez seguirá como Secretario General, eso sí, en funciones, y pilotará el camino hasta el congreso extraordinario. Y quiera o no quiera el sector crítico, Susana Díaz, de viva voz, tendrá que decir qué quiere hacer respecto al futuro gobierno de España. Porque, de momento, salvo Fernández Vara, nadie habló en el PSOE, al menos nadie de gran relevancia, como Díaz o Madina, de facilitar el gobierno de Rajoy, lo cual es un acto de cobardía, más, cuando se intenta apartar del poder orgánico a Sánchez por negarse a facilitar un gobierno del PP. Las únicas voces que se oyeron fueron para decir que no a un gobierno apoyado en Podemos e independentistas. O sea, no a todo lo que intenta Sánchez, pero sí a nada.

Cuánto echo de menos en el PSOE, en la política en general, a alguien con la clarividencia de Borrell, que, por cierto, también sufrió en propia carne las puñaladas de los necios del aparato socialista.


27 septiembre, 2016

Sánchez decide pelear

Los resultados del PSOE en las últimas autonómicas no son culpa de su secretario general. Ni tampoco lo son los malos resultados obtenidos en todas las elecciones desde que hace un par de años Pedro Sánchez está al frente del partido. Desde luego que, como todos y cada uno de los dirigentes, de los militantes, de los simpatizantes, él tiene una parte de responsabilidad. Pero la causa de los deprimentes resultados no es otra cosa que el alejamiento de todo el PSOE de su electorado. Un alejamiento que viene ya desde antes de Zapatero.

Hubo con Zapatero un cierto acercamiento, más del elector al partido que del partido al elector. Más por causa del intento de mentira urdido por al PP tras el 11M que por una ilusión por una nueva forma de gobernar. «No nos falles», gritaban a la puerta de Ferraz los jóvenes después de la victoria de Zapatero. Pero falló; falló estrepitosamente. En lugar de hacer lo necesario para preparar a este país para una crisis que se veía venir, inició, a instancias del partido, una huida hacia delante con el único fin de no perder votos, un camino que llegó al paroxismo al negar una crisis que ya todo el mundo sentía en la nuca. Todo el mundo menos él y los dirigentes del PSOE, que querían seguir en sus baronías, secretarías y sinecuras sin importarles otra cosa.

Y el PSOE sigue siendo así en sus órganos locales, federales y centrales, un partido plagado de trepas y advenedizos. Se aceptó a regañadientes dar la palabra a los militantes para nombrar al Secretario General, y apareció un tipo, Sánchez, que sabiendo que aquello iba a ser de aquella manera se recorrió el país de punta a punta recabando apoyos entre las bases. Pedro Sánchez no le debe su cargo a nadie, lo que lo convertía en un tipo peligroso para el «aparato» federal y central que tenían otro concepto de como había que llegar a liderar el partido. Un concepto del que Andalucía es un claro exponente: una mujer sin oficio ni beneficio, cuyo único mérito es haber estado siempre en el partido y que en su vida dio un palo al agua que no fuera dentro de la organización para trepar es quien lidera la federación. Y este es el modelo que quiere el sector «crítico». Ni más, ni menos.

El intento de culpar a Sánchez y pedirle responsabilidades por los malos resultados es nada más que una muestra de la incapacidad de un partido para hacer autocrítica y de la necesidad que tienen algunos dentro del mismo de que nada cambie, de que cada uno conserve su feudo o su cargo, del que vive. Se elimina a Sánchez, se vuelve a la unión, se calman las aguas internas y malo será que no se mejoren los resultados aunque sea algo. No importa quién ni cómo gobierne, en la oposición se está estupendamente, y a lo mejor un día suena la flauta y los electores que ahora dan su voto a Podemos, o se abstienen, por alguna carambola del destino o por errores de los chicos de Iglesias, vuelven a votar socialista.

Sánchez ha hecho bien en hacer que el personal se retrate en un congreso y en no aceptar ser culpable de la negativa de la gente a votar a un PSOE con mil voces y en el que el líder está sometido a constante crítica por parte de sus compañeros. Tiene toda la razón: si alguien tiene un proyecto mejor, que salga y lo explique, primero, que vaya a primarias para la secretaría general, y luego en un congreso. Y si el Comité Federal no quiere que se haga un congreso, porque no le convenga a Susana y a unos cuantos más, tendrán que votarlo con claridad en el comité. Y aún así, si el Comité Federal decide no ir a un Congreso, Sánchez no dimitirá. Siempre le queda la consulta a la militancia, que fue quien le puso, a ver si quieren que siga, o que lo deje. El PSOE es de sus afiliados y militantes, no de unas cuantas docenas de bonvivants. Esos son los poderes de Pedro Sánchez. A ver quién da más.

Así que tendrán que ser otros, sí la jugada le sale al amigo Pedro, quienes resuelvan lo de impedir las terceras elecciones. Para este país es mucho más importante tener un partido socialdemócrata renovado, limpio y con un proyecto alternativo que evitar otra convocatoria. Me pregunto qué pasaría con el PSOE si se va a elecciones tras un congreso que hubiera puesto en su sitio a tanto golfo que se dice socialista. A lo mejor, milagrosamente, los votos regresan para quedarse. Quién sabe.

25 septiembre, 2016

Alubias de colores

Me llama la atención el editorial del diario El País en el día de hoy, 25 de septiembre, domingo electoral en Galicia y País Vasco. En él se llama al voto a «todos» y se indica lo «importante que sería que las urnas se llenaran de votos». Sin embargo no dice por qué. Un periódico con entidad, serio e influyente, como debería ser El País debería cuidarse de explicar y argumentar lo que propone. Y debería hacerlo porque, del otro lado alguien podría llamar a la abstención masiva sin argumentar por qué, y esto sería considerado como una salida de tono. No por llamar a la abstención, que es una opción como otra cualquiera, sino por no hacer explícitos los porqués.

Unas elecciones consisten en la exposición de la mercancía por parte de los partidos. Si esta interesa al elector la compra, y si no, no. ¿Cuál es la razón para que nadie esté obligado a adquirir un género que no le atrae? Lo mismo que un mercado. Si lo que se ofrece no es del interés del cliente, no se compra. Más, si como en la lonja de la política española, las mercaderías ofrecidas no son demasiado atractivas, o el comprador tiene la sospecha de que se le va a engañar.

Supongamos que en el mismo ferial dos comerciantes ofrecen alubias blancas, uno más azuladas y el otro más rojizas; otro tiene expuestas alubias rojas y un cuarto, alubias pintas. El cliente no siente especial atracción por las dos últimas, luego, no va a adquirirlas, además se da cuenta de que las blancas tienen «bicho». Toma, por tanto, la decisión de marcharse. Pero cuando ya se iba, alguien se acerca y le dice que debería comprar alubias blancas de las rojizas, aunque estén medio podridas. Al preguntar por qué, la respuesta que se le da es que las alubias azuladas están todavía en peor estado. Insiste el potencial cliente en que el no compra género defectuoso, y su interlocutor le explica que si no compra alubia rojiza, el que vende las azuladas las va a vender, a pesar de su estado y va a ser más rico que el que vende las rojizas.

Lógicamente, el argumento de votar para contrarrestar los votos de otro es de poco peso. Sin embargo es lo que mantiene la abstención en los niveles actuales. De no ser por ello, probablemente el abstencionismo de base, sobre el 20%, como mínimo se duplicaría. Este estallido abstencionista, que puede darse en unas hipotéticas terceras elecciones, tras un año sin gobierno, no será desde luego culpa del elector, que ya habló en dos ocasiones, sino de la incapacidad de los partidos, los mercaderes, mercachifles en este caso, que son incapaces de llegar a acuerdos para exponer y despachar legunbres, como mínimo, en buen estado y no llenas de gorgojos.

En el País Vasco y Galicia se juegan hoy cosas algo diferentes de las que se juegan en elecciones generales. Los vascos y los gallegos pueden tener razones para ir a votar que no van a jugar en unos comicios estatales. No obstante, el índice de participación, si es bajo, puede ser un indicador bastante preciso de qué pueda suceder en diciembre si se llega, como todo parece indicar, a terceras elecciones.

Una muy alta abstención tampoco va a determinar mayorías pero será un toque de atención importante si se produce, porque los únicos responsables de ella habrán sido los propios comparecientes en la contienda.

20 septiembre, 2016

Respeto, por favor

Este raro país tiene unas clases dirigentes, de todo tipo, no solo políticos, cuyo respeto por los ciudadanos es mínimo, cuando no inexistente. Estos imbéciles (permítaseme, puesto que ellos piensan que justamente eso, imbéciles, somos nosotros) solo preocupados por su estómago y por su bienestar, están dispuestos a hacer cualquier cosa, la que sea, sin importarles las consecuencias que nos puede traer a los demás. Algo que no es nada nuevo, que viene ya de muy atrás, y cada año se acrecienta, como se incrementa la nómina de mentacatos entre los que toman decisiones.
La gente, en España, se acostumbró tanto a ser maltratada que todo le parece normal, es más, a algunos, hasta creen que está bien, algo lamentable y que indica que entre los viandantes también hay quien se las trae. Veamos algunos ejemplos que deberían hacernos, al menos, reflexionar sobre si no debemos hacer algo para apartar del poder a tanto necio cuyo corto intelecto solo le da para imaginar que los demás son tan palurdos como él.

Saltó hace nada la noticia de que los tribunales europeos dicen que la legislación española respecto a las indemnizaciones por despido son, no solo injustas, sino estúpidas. Si a uno le despiden, lo que cuenta para el cálculo de la reparación por el daño no es el tiempo trabajado, sino el tipo de contrato: los indefinidos, más; los eventuales, menos; y los interinos, nada, cero matacero. Estamos tan acostumbrados a la estupidez que algo tan evidente, y que no es de ahora, no lo vieron ni los jueces y magistrados de lo laboral en esta «madrastra» patria nuestra, sino que, para su vergüenza (bastante poca) tampoco lo notaron los sindicatos, más empeñados en asuntos de más enjundia, y más vergonzantes. Y nosotros, El Pueblo, tragando.

Fútbol, fútbol, fútbol...
En este raro país hubo unas elecciones hace nueve meses, que hubo que repetir hace tres porque aquí todo el mundo tiene un lápiz de carpintero rojo y se dedica a la infantil tarea de trazar líneas de las que no se mueve. Los límites de unos se cruzan con los de otros, de tal modo que aquí no se entiende ni dios, porque, además de no escucharse unos a otros, que no sea para responderse, en lugar de para comprenderse, se niegan a hablar de según que cosas. Así que hubo que repetir elecciones. Salió casi lo mismo (el puto Pueblo erre que erre), y siguen sin entender nada. Así que, con toda probabilidad, nos preguntarán otra vez. Algunos tienen la esperanza e que salga su opción, no por convicción del electorado, sino por aburrimiento. Claro que, nosotros, El Pueblo, siempre podremos optar por plantarles sin importarnos si se favorece o se perjudica a alguien. En román paladino, mandarles a la mierda, vamos.

Hoy escuché a un periodista deportivo (aquí) que, para mi extrañeza, se manifiesta perplejo de que en nuestra liga de fútbol ocurra que, cuando coincide que hay que jugar también entre semana para cumplir el calendario, hay ONCE días seguidos, ONCE, de partidos a diferentes horarios, que son: viernes, sábado, domingo y lunes (jornada anterior) martes (hoy), miércoles y jueves (jornada actual), viernes, sábado, domingo y lunes, jornada siguiente. ONCE días. El comentarista añadía que esto no ocurre en ninguna liga del mundo. Pero aquí, sí, porque, aquí gusta tanto el fútbol que no nos importa mirar la tele como alelados durante todo este tiempo. Cosas veredes.

Y hay más cosas, muchas más. Pero vamos a terminar solo con dos. La primera: en España le pides un crédito al banco para comprar una casa y si no lo puedes pagar porque las cosas te salieron mal, le devuelves la casa al banco, pero sigues pagando el crédito un montón de años más. ¿Una estupidez? No, España. La segunda: los catalanes promotores de la Diada hablaron de una asistencia de casi un millón de personas, 950.000. Por otra parte, el gobierno central, de interés contrapuesto, hablaba de 350.000. La cuestión es que hay medios muy precisos de contar la gente en estas concentraciones, por lo tanto, el grado de ñoñería de quien se empeña en dar cifras irreales es un asunto no menor. Una agrupación catalana SCC (Sociedad Civil Catalana), para saber de qué hablaba, encargó a la universidad de La Florida (EE UU) realizar un recuento preciso por métodos fiables. ¿El resultado? 292.000. O sea, ni el mismo gobierno central dio la buena cifra, simplemente, y a bulto, rebajó la cifra de los independentistas, estimada a bulto igualmente.

Estos pocos ejemplos permiten concluir que la gente no es merecedora de respeto alguno por parte  de las cúpulas dirigentes. Qué habremos hecho para merecer a tanto lerdo colocado en ellas.

15 septiembre, 2016

Proteger el culo

Rita Barberá está preocupada por su culo y lo protege. Rita Barberá, piedra angular del PP en Valencia desde que se fundó, toma la decisión de dejar el partido, dice, aunque, en realidad fue expulsada. Pero, Rita, no fue expulsada porque el PP no consienta las prácticas de las que será con toda probabilidad acusada, estas son habituales en el partido también desde su fundación, Rita fue expulsada porque estamos en periodo preelectoral y hay que tomar acciones con el objetivo de proteger culos, los culos de los candidatos a diputados en Galicia y País Vasco y el culo del propio Rajoy si quiere intentar otra investidura. El culo de Rita Barberá está bien asentado en su escaño, al que no renuncia y seguirá engordando por mor del jugoso sueldo y la inactividad, y por supuesto por ese anacronismo del aforamiento.

En el PSOE todos protegen su culo. El PSOE está hecho añicos, y no fue Pedro Sánchez quien lo rompió. Sánchez es secretario general votado en elección limpia por los militantes. Nadie nunca estuvo más legitimado para ejercer el poder en el partido. Sin embargo, unos estatutos «particulares» otorgan tal capacidad de acción al Comité Federal que el paso de Sánchez por su cargo fue, y es, un martirio. Como consecuencia de ello, Sánchez protege su culo: quiere seguir en su cargo por reelección y se dice NO a Rajoy porque intuye que es lo que quieren las bases que tienen que votarlo. Y lo mismo pasa en el otro lado: Susana Díaz, la lideresa trepa que escaló desde las juventudes hasta la cúpula en Andalucía, asegura la protección de su trasero oponiéndose a Sánchez y azuzando a sus perros (casi el resto de Barones) para seguir al mando del partido. Aunque Sánchez consiga seguir en la secretaría general, ella ganará (piensa) el Congreso por celebrarse. Y esto le permitirá seguir haciéndole la vida imposible a Sánchez resguardar su pompis. Y esto es lo que hay en el PSOE, una descarada confrontación que solo tiene que ver con proteger su salario, su estatus, su pandero. Así de simple.

Iglesias y Rivera, los nuevos profesionales de la buena vida, están no solo encantados de conocerse sino que también practican lo de resguardar las cachas. Iglesias, en plan Stalin, hace purgas o condena al ostracismo a cuanto adversario le mira a los ojos. Ahora mismo se está «encargando» de los levantiscos madrileños afines a su «amigo» Errejón. Naturalmente no hay nada ideológico el ello, tan solo hay un objetivo fácil de comprender: proteger su propio culo y el de sus adláteres, como en todos los casos anteriores. Rivera también preserva de todo daño sus atléticas nalgas, se une a quién sea en un muy loable intento de que se forme gobierno. Pero no hay altruismo detrás de ello, solo hay un marcado instinto de conservación de sus posaderas y de las de sus acólitos.

¿De verdad alguien se cree que todos estos están aquí para representarnos y resolver nuestros problemas?

10 septiembre, 2016

Tortura

El electorado español llevará diez meses sometido a suplicio. Fue llamado el pasado 20 de diciembre de 2015 a las urnas y manifestó su voluntad. La voluntad del pueblo es, o debe ser, entendida como el resultado del recuento de votos. En aquel caso dio un fuerte palo al bipartidismo. aparecieron cuatro actores de mayor o menor relevancia para la representación, pero cuatro. Sin embargo, unos y otros interpretaron su papel equivocadamente. No es cuestión aquí de incidir en qué se equivocaron porque ya está muy dicho y los análisis son tan variados como los analistas. Pero el resultado de sus errores fue que se tuvieron que convocar segundas elecciones.

El 26 J, tal como se preveía las cosas siguieron igual, con cuatro actores y solo un no muy significativo baile de escaños hacia el PP, fruto de la «amenaza» por la absorción de IU por parte de Podemos. Pero, en esencia, todo igual, el mismo reparto, y los mismos problemas, el más importante: ni derechas ni izquierdas suman mayoría suficiente. Bueno, en realidad, si consideramos a Ciudadanos derechas, si suman. Pero las derechas nacionalistas no se llevan bien con las españolistas: una simple cuestión de intereses, porque, los objetivos son los mismos.

A todo esto, los ciudadanos, que habían resistido los primeros momentos del suplicio bastante bien, ya empezaron a quejarse al ver que pasaba el verano y aquí todo seguía igual: la gente trabajando, los que tienen trabajo, y los políticos tocando el violón y cobrando su salario, a pesar de no hacer su trabajo, un asunto este para pensárselo, lo de no pagarles hasta que no ofrezcan resultados. El dolor infligido ya empezaba a ser difícilmente soportable. entonces llegó el alivio con el intento de investidura de Rajoy, apoyado por Ciudadanos. Pero la cosa falló.

Ahora parece que hay movimientos en el otro sentido: el PSOE lo quiere intentar y Podemos, ofrece su mano (garra) tendida. Pero hace falta convencer a Ciudadanos para que, al menos, se abstenga. Pero Iglesias y Rivera, como Rajoy y Sánchez, tienen poca o nula afinidad personal, se les ve, más que adversarios parecen enemigos, y eso es un grave error. No obstante, si nace una alianza entre PSOE y Podemos, el partido de Rivera debería abstenerse, como debió haberlo hecho el de Iglesias en su momento. Así demostraría esa responsabilidad para con el país que dice tener, al contrario que otros. Será una buena ocasión de demostrarlo.

No obstante todo lo anterior, el riesgo de elecciones sigue ahí. Nadie parece haber entendido que a los electores se les está sometiendo a tortura, y que llamarlos una tercera vez, aparte de un fracaso rotundo de todos y cada uno de los partidos nacionales (los nacionalistas van a lo suyo) sería como hacerlos tragar su propio vómito.

Es por lo tanto urgente hacer un gobierno, de la forma que sea; no importa demasiado porque el poder lo tiene en todos los casos el Parlamento. Pero es necesario estabilizar las cosas para que el estado funcione y para que la Unión Europea se normalice (España es la 3ª o 4ª economía de la zona Euro). La legislatura sería corta en cualquier caso, pero sería un respiro para que los partidos se regeneren (PP), se estabilicen (Ciudadanos) o reparen sus rotos internos (PSOE y Podemos) y la sociedad descanse. No se debe abusar del tormento para hacer hablar al reo; si muere, no dirá nada. No se puede llamar por tercera vez a elecciones, so pena de que una enorme masa de votantes decidan no acudir, transidos y hartos de tanto padecimiento.


02 septiembre, 2016

La pista de circo

El salón de plenos del Congreso no es muy grande. Según dice la información oficial mide solo 110 pies de diámetro, unos 30 metros. Es semicircular, como un teatro griego, y como teatro sirve. Pero no para grandes representaciones como las tragedias helénicas. En este teatro se representan esperpentos grotescos y desatinados interpretados por actores de baja estofa y más baja dignidad.

En el espantajo que no deja de ser la política española los ciudadanos no importamos. En realidad resulta difícil de entender qué es lo que importa para la caterva de impresentables que se sientan en los escaños. Sus partidos los pusieron en unas listas y nos los ofrecieron. Sus mayores hicieron campaña para vendernos una burra coja. Qué pueden llevar en las listas unos líderes absolutamente incapaces de hacer que este país tenga un gobierno.

La derecha es un petardo encabezado por un individuo cuya única virtud es una cierta socarronería en sus intervenciones parlamentarias cuando lo chinchan desde la parte contraria. Por lo demás un corrupto indecente que se sostiene en la punta de la pirámide de un partido todavía más corrupto e indecente que él. El centro, o derecha para algunos, una birria cuyo representante solo intenta mandar el mensaje de que con él se puede llegar a acuerdos. Uno se pregunta a qué acuerdos. Es fácil hacer acuerdos que sabes que no van a pasar de un mero papel firmado que no va a ninguna parte.

La izquierda es un detrito se mire por donde se mire. Un líder socialista incapaz de hacerse adulto y mandar a los barones a hacer puñetas y pactar con quien le venga en gana, que para eso lo pusieron ahí los militantes de manera abrumadora. Y en el otro lado una especie de mesías que, con el puño en alto y el sobaco sudado, se dedica a lanzar soflamas no demasiado ingeniosas para ponérselo a huevo al candidato, que lo destroza al recordarle que, ni él es el único demócrata allí presente, ni sus electores la única gente que hay en el país.

Tenemos un problema de partidos, unido a un problema de líderes (todo ello causado por la ley electoral en vigor). Los partidos no quieren ponerse de acuerdo porque lo que en realidad les importa es no poner en riesgo su cuota de poder, su teta nutricia, cuya leche sale del esfuerzo del resto de españoles, que, como gilipollas, dejamos que una parte de nuestros impuestos vaya a engordar el abyecto vientre de toda esta camada de parásitos.

Sí. Definitivamente el Congreso es una pista de circo en lugar de un teatro clásico. Una pista en la que, mayormente, actúan los payasos, unos payasos patéticos que solo tienen arte para faltarse al respeto, y faltarnos al respeto a todos los habitantes de este pobre y malaventurado país. Lástima que en este circo no haya fieras, leones, tigres, osos hambrientos, a ver si de una maldita vez los comen a todos.



25 agosto, 2016

El tropezón de Ciudadanos

Albert Rivera está empeñado en hacer valer su escasa fuerza en el Congreso para que España tenga un gobierno. Lo intentó primero con el PSOE y lo hace ahora con el PP. Pero, para su desesperación, está dándose de bruces con la aritmética: las sumas no daban con el PSOE ni dan ahora con el PP. Así, su ensalzable intento de impulsar un gobierno moderado por todos los medios dio, y dará en nada.

Uno tiene la impresión de que Ciudadanos solo quiere notoriedad, es decir, que la gente se entere de que está ahí y que puede llegar a pactos con otros. Y no deja de ser una buena estrategia en un escenario como el actual en el que los votantes se empeñan una y otra vez en no dar mayorías. Esta capacidad de adaptación le puede dar buenos resultados electorales sustrayendo votos al PP por su flanco menos derechoso y al PSOE por el propio menos izquierdoso. O no, quién sabe.

Ciudadanos juega a aprendiz de brujo. El PP no es un partido honrado, o en todo caso lo es menos que el PSOE. Y la cosa puede terminar convirtiendose en sumamente peligrosa. Ciudadanos no está calibrando bien el daño que les puede hacer la negociación con el PP. El hecho de que tuvieran que ceder posiciones en los temas de corrupción, en concreto en la cuestión de qué es y qué no es un corrupto, les puede llevar al desastre. El tropezón de su vicesecretario general, José Manuel Villegas al decir: «No es lo mismo meter la pata o meter la mano en la caja. La mala praxis en la gestión política no es corrupción política», es, aparte de una majadería, pegarse un tiro en el pie.

De los nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos, se puede esperar cualquier cosa en el ámbito de las ideas o de la aplicación de las políticas, cada uno es como es, y punto. Pero cuando hablamos de corrupción, se espera de ellos que sean extremadamente inflexibles: su carta de presentación es la limpieza. Ciudadanos se acaba de ensuciar la cara al matizar, puesto que al hacerlo, se contradice a si mismo: Rivera y Juan Marín se jactaron de haber hecho dimitir a Chavez y a Griñan por corruptos, pero estos no metieron la mano en la caja, al menos que se sepa. Cómo lo van a explicar ahora.

Ciudadanos puede, y merece, perder votos si no rectifica o aclara su postura. Nadie va a creer en su honestidad en cuanto a la corrupción si se dedica a facetarla. Personalmente yo la pongo en duda si no rectifica. Corrupción es corrupción, no hace falta definirla ni ponerle grados, ni tan siquiera explicar qué es; se sabe: es un axioma. La política en este aspecto es como la geometría: no hace falta explicar por qué no puede haber un polígono de menos de tres lados, es también un axioma. Es absurdo precisar qué es corrupción.

El PP es un partido corrupto sostenido por los votos de gente que asume que no pasa nada por ser así. Hay siete millones de españoles que lo justifican y están de acuerdo. Ciudadanos se equivoca de plano al intentar un pacto con el PP, sea de legislatura o de gobierno. El PP es terreno prohibido en asuntos de pactos, quien vaya con él adonde sea se está manchando. Únicamente sería justificable negociar con el PP si se tuviera fuerza de escaños suficiente como para que la mayoría dependiera de ello. En este caso sí, en este caso el PP estaría contra las cuerdas y tendría que ceder. Pero como esta no es la situación, lo único que está haciendo Ciudadanos es el bobo. Y, a tenor de las últimas declaraciones, que tachan de decepcionante la negociación, parece que empiezan a darse cuenta: el PP los está toreando.

El PP tiene una parte del electorado, siete millones de votos que prefieren sostener un partido corrupto hasta el tuétano. Si Ciudadanos quiere hacerle un favor a este país, y a sí mismo, mejor gira la cabeza y mira al resto de actores y trata de colaborar para impedir que el PP llegue al poder. Si se quiere, excluyendo a los nacionalistas, esto se entendería. Pero, el PSOE no parece dispuesto a dejar gobernar a Rajoy, salvo fuertes concesiones de última hora que el PP difícilmente hará, y en unas hipotéticas terceras elecciones, haber estado al lado del PP solo puede traerle una sangría de sufragios.

22 agosto, 2016

Democracia en diferido

Quien piense que cuando es llamado a votar va a nombrar a sus representantes en los órganos legislativos nacionales o regionales (¿por qué no se habla ya de regiones y sí de autonomías?) se equivoca de plano. En realidad nuestro voto no sirve para nada más que para asentir a lo que ya fue elegido desde dentro por los partidos, sea esta elección por medio de unas muy complicadas, y poco creíbles, primarias (Podemos), sea a través del dedazo de los comités correspondientes, o de los mandamases (PSOE o PP). O sea, que el elector realmente no elige, solo da curso a lo elegido por otros. Luego la ley d' Hondt se encarga del reparto de puestos. Así pues: democracia en diferido.

Hago esta entrada al hilo del lamentable espectáculo del PSOE en Galicia por el asunto de las listas. La impresión que da es que hubo verdaderas puñaladas por obtener un puesto en ellas. Y quién no fue elegido, o no pudo influir, protesta enérgicamente por ello. Las listas son utilizadas, además de por los candidatos principales, por los altos dirigentes en otros cargos para colocar a sus peones fieles (o lameculos) para así disponer de influencia directa en un parlamento. El caso de Abel Caballero, alcalde de Vigo, es de libro: las listas ordenadas por la dirección Federal, y refrendadas por Ferraz, no le satisfacen y protesta y se rebela y llora como una plañidera. No es que Caballero sea democrático y reclame otro sistema, no; él las desaprueba porque las listas no le gustan; lo de la democracia se la trae al pairo, como a casi toda la gente influyente en prácticamente todos los partidos de este curioso y poco democrático país.

Me quedo sin voz reclamando una ley electoral justa, en al que los ciudadanos elijan directamente a un representante, uno, en su circunscripción. El elegido sería el que más votos hubiera sacado en una vuelta (sistema británico) o en doble vuelta (sistema francés). Sencillo, simple, cristalino, tanto para los partidos, que ya no tendrían que confeccionar listas, bastarían unas primarias simples, como para los ciudadanos. ¿El problema? Ninguno, únicamente que los candidatos se tienen que batir el cobre en la cercanía de los electores y conocer, y ser conocidos, en el distrito en el que se presentan, algo impensable en este país.

El sistema de listas, me da igual que hubieran salido de primarias caleidoscópicas, que de cualquier otra parte, no solo no tiene nada de democrático, sino que selecciona negativamente a representantes poco dotados y únicamente comprometidos con el partido, y más en concreto con el gerifalte del propio partido que los colocó en ellas. Y esa es la gangrena de nuestra política y la causa de la desafección de la población con ella. No es extraño puesto que el elector está lejos del elegido al no estar representado por nadie concreto. El votante está completamente huérfano en este vergonzoso sistema. Lo malo es que nadie quiere cambiar la ley electoral. No se quiere coambiar porque el que tiene en la mano la confección de las listas, tiene en la mano el poder dentro del partido y, por lo tanto en los órganos legislativos nacionales o regionales. Y aquí lo que importa es el poder, los ciudadanos podemos morirnos de asco.

¿Queda explicado por qué tenemos políticos de tan alarmantemente mediocres? Pues eso.

18 agosto, 2016

Insultar al pueblo

La indignidad de este individuo, hablo de Rajoy, raya en la imbecilidad. Porque a nadie que no esté en ese punto en la escala, en el de ser casi imbécil me refiero, puede tener el cuajo de presentarse in albis a una rueda de prensa, probablemente una de las más esperadas de su carrera política. Rajoy estuvo no sé cuantos minutos respondiendo nada a cuantas preguntas se le hicieron. Pero el clímax se alcanzó cuando una periodista le preguntó acerca de por qué no se había hablado en el Comité ejecutivo del PP de las condiciones que ciudadanos había impuesto para negociar. Lo transcribo porque me cuesta creer que nadie pueda tener tanto rostro.


  • Rajoy, tras la entrevista con Rivera la semana pasada: Le he explicado al señor Rivera que debo someter el documento a la aprobación del comité ejecutivo de mi partido. Como ustedes comprenderán, no puedo ni debo tomar esa decisión en solitario...
  • Rajoy, ayer, en un momento de la rueda de prensa tras el Comité Ejecutivo del PP en referencia a las condiciones de Ciudadanos: Nosotros no hemos venido a hablar de las condiciones. No hemos hablado de las condiciones, nadie ha dicho una palabra sobre las condiciones...
  • Pregunta de una periodista ayer en la rueda de prensa de Rajoy tras la reunión del PP: Quería saber cómo es posible que no se haya hablado de las condiciones cuando la reunión se convocó precisamente porque quería usted consultar a la ejecutiva de su partido sobre las condiciones que planteaba Ciudadanos.
  • Respuesta de Rajoy en tono descortés (para enmarcar): ¿Y quién ha dicho eso? Yo nunca lo he dicho. Yo he convocado al comité ejecutivo de mi partido para que me autorizasen a negociar, lo otro lo dice usted. Nunca me habrá escuchado a mí decir eso.
No se si es que este hombre está cerca de ese límite cercano ya a la idiotez. Pero entiendo que nadie, ni un presidente de Gobierno, en funciones, o no, puede entrar en este tipo de contradicciones sin que se le caiga la cara de vergüenza. Alguno de esos millones de votantes del PP me tendrá que explicar como pueden votar a alguien que muestre tan poco respeto por el electorado. Si esto no le cuesta una revolución dentro del partido, es que hay un virus que infecta desde a Rajoy, hasta el último votante, pasando por cada miembro del partido. Un virus que provoca una enfermedad desconocida que hace que su portador haga cosas tan absurdas como estúpidas. Tiene que ser eso.

Claro que, cuando uno mira alrededor y se encuentra con Rivera, Iglesias o Sánchez, se pone a pensar si estos no tienen también el virus de Rajoy, ese que hace que las cosas se vean de manera naif. Porque, se puede entender que Rajoy intente perpetuarse en el poder, pero no se puede concebir que estos tres individuos no se dieran cuenta de la enorme importancia que tiene para este país descabalgar al PP del poder. Pudieron hacerlo tras las elecciones del 20 D, pero prefirieron jugar a otra cosa: que Podemos y Ciudadanos eran incompatibles; que a Sánchez no lo dejaban negociar con Podemos; que para Iglesias los números podían ser de otra forma pero que el PSOE no quería ir con independentistas; que si Ciudadanos es la derecha... Gilipolleces, todo gilipolleces comparado con las consecuencias que está teniendo para el país.

Y ahora nadie quiere la culpa de que la democracia esté secuestrada, de que el Rey y la presidencia del Congreso sean ultrajados como instituciones, ultrajados por el PP, que se niega a una investidura y que si no hay investidura fallida ni puede haber elecciones ni puede intentarlo otro candidato. Nadie quiere la responsabilidad del bloqueo, ni la del desbloqueo dejando gobernar al PP. Es kafkiano, hay cuatro tipos que en su absurda manera de comportarse tienen bloqueado a un país con un 101% del PIB de deuda, y todo por sus indignos intereses electorales, que no dejan de ser una ensoñación, porque el pueblo se empeña en decirles que lo que hay es esto: minorías.

La cosa ya hubiera sido dejar gobernar al PP con 120 diputados, abstenerse y, desde la oposición preparar una moción de censura bien planteada, aguardar el momento preciso y golpear. Pero no, la ceguera de Podemos, PSOE y Ciudadanos para ver las consecuencias a futuro nos trajo hasta aquí. Podemos lo tuvo en la mano absteniéndose al pacto PSOE Ciudadanos, pero tampoco, lo primero el interés... La consecuencia: España paralizada, y para seguir. No obstante hay algo todavía peor: si por un casual la situación se desbloquea y vamos a terceras elecciones, los electores van a tener que escoger de nuevo entre estos cuatro ineptos a los que la historia recordará como lo más incapaz que hubo nunca en política en este nuestro país, como un cuarteto que insultó al pueblo y se despreocupó de él para ocuparse únicamente de sus sueños húmedos con el poder.

11 agosto, 2016

Rajoy a perpetuidad

No es ciencia ficción, ni una paradoja. Puede ocurrir que el PP esté usurpando el poder para quedárselo a perpetuidad. Sí, sí, no estoy ni loco ni ebrio. Con la ley en la mano, puede suceder. Otra cosa es que el pueblo lo permitiera. Pero, la ley, la Constitución nada menos, no impide que el amigo Rajoy puede estar en funciones el tiempo que se le ponga en sus partes reproductoras.

Dice nuestra maravillosa Carta Magna: Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno. Lo cual estaría muy bien, si no fuera porque no habla de un plazo para que la presidencia del Congreso de curso a la propuesta del rey.

Pero la cosa no para ahí. Un poco después, en el mismo artículo, el 99, se habla de la convocatoria de nuevas elecciones: Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso. Es decir, que si no hay una sesión de investidura, no se pueden convocar nuevas elecciones.

Y yo que creía que la Constitución estaba bien parida, que sus padres se lo habían currado. Pues va a ser que no, porque, menudo agujero dejaron por no concretar tiempos ni tener en cuenta que podía darse que cualquier iletrado pudiera no presentarse a la investidura. Así que, no está tan bien hecha, porque una situación como la de ahora puede hacerse eterna, y conociendo a Rajoy, lo de esperar, se la trae al pairo. Él sigue en funciones viviendo tranquilamente en la Moncloa y trabajando poco. Qué habilidad tiene este registrador.

Pero la cosa puede ir mucho más allá. Hagamos un ejercicio de imaginación. Todo lo que se dice a continuación está dentro de la Ley de Leyes, nuestra ya famosa Constitución. Empecemos: La presidenta del Congreso, fiel a su señor (Rajoy) no convoca sesión de investidura porque Mariano no tiene el apoyo de los socialistas, o porque no le da la gana, que también puede ser. Y la cosa se alarga y se alarga, y llega a cuatro años, al 26 de junio de 2020. Ese día se acaba el mandato de los diputados electos en 2016. Lo dice el artículo 68: El Congreso es elegido por cuatro años. El mandato de los Diputados termina cuatro años después de su elección o el día de la disolución de la Cámara.

¿Y adónde nos lleva lo anterior? Pues a que, como las elecciones solo las puede convocar el presidente del Gobierno, o el Rey, si hay una investidura fracasada, estamos en una situación cojonuda. Por todo ello, o sesudos juristas encuentran el las leyes vigentes algo que impida que esto ocurra, o Rajoy puede «dirigir» el país el tiempo que le parezca.

Esto, que no es más que una película, es lo que Rajoy sabe que puede pasar y lo que, al final va a obligar a Sánchez a abstenerse. Claro, que Sánchez también puede decir que va a hacerlo y Una vez convocada la investidura, votar no, con lo cual, el rey ya puede convocar nuevas elecciones. Pero la pelota está en el tejado del PSOE, y siempre estuvo ahí. Sánchez y su equipo saben que esto es posible. Por eso tienen esa cara de preocupación.

Podrá decirse de Mariano cualquier cosa pero en habilidad política les da mil vueltas a todos estos mentecatos que están al mando en el resto de los partidos. Y mira que me cae mal a mi el Rajoy este, pero como se dice por aquí, por mi pueblo: «hay que tragalo». Ojo con Rajoy que es un tipo peligroso. Mando un aviso a los votantes del PP que son antes demócratas que de derechas. Cuidado dónde metéis la papeleta, si la metéis, claro. Y por otro lado, qué lástima que Podemos hace unos meses...

08 agosto, 2016

Turbios, amorales y vagos

Hablo de los políticos, no en general, o también podría ser, pero me refiero a los que marcan las pautas en los partidos con un número significativo de escaños en el Congreso. Son turbios, sus intereses están por encima de los de la sociedad. A ninguno le importa lo que signifique para el país el hecho de llevar nueve meses con un gobierno en funciones. Les importa una mierda.

Rajoy está en la gloria, sentado tranquilamente en la Moncloa sin hacer nada. Para Rajoy la culpa siempre es de los demás, en especial del PSOE. Sánchez, empecinado en no facilitar la investidura, pero no por una cuestión ideológica, que va; Sánchez no quiere hacerlo porque si la militancia detecta un giro a la derecha por su parte, puede que no le voten para la secretaría general en unos meses. Sánchez sabe perfectamente que en unas terceras elecciones el resultado sería calcado, pero prefiere que las haya a ceder, no le importe mientras el siga en su sitio en el partido. A Sánchez le importamos un huevo los españoles.

De Iglesias, que decir. Está callado como un muerto después de que le dieran detrás de las orejas por haber permitido unas segundas elecciones para intentar medrar. La broma le costó un millón de votos y no piensa meter la pata más. Ahora intenta culpar al PSOE de no ensayar un gobierno de progreso con unos números extraños en los que incluye a parte de la derecha nacionalista, algo que nadie entiende, él, que se negaba a hablar con Ciudadanos porque decía que era de derechas. Ahora sus militantes y simpatizantes tienen que hacer piruetas dialécticas porque se ríen de ellos cuando intentan justificar que no es lo mismo la derecha que CDC o PNV que Ciudadanos. Las risotadas se oyen a kilómetros.

Rivera, el pobre, solo intenta demostrar a sus votantes que es el único capacitado para negociar con el PP o con el PSOE al ser el único «centrado». Es mentira que piense en España y en la necesidad de que tenga gobierno. Si así fuera, diría directamente sí a Rajoy, y a ver quién era el guapo que se mantenía en el no en las dos sesiones de investidura. No. Rivera va a lo suyo, porque si dice que sí, la salida de sufragios hasta el PP haría peligrar su cómodo sillón en el Congreso, el suyo o el de sus colaboradores, que Ciudadanos, de mayor, quiere ser como el PSOE o el PP: agencia de colocación de amiguetes. De esto no se salva ninguno. Ninguno abomina de las listas, lo cual muestra su calidad democrática.

Y de los nacionalistas, para qué perder tiempo, como Rajoy, a esperar, y cuando se requieran sus votos, a sacar tajada, como llevan haciendo desde que se empezó con este invento de «democracia» que dicen que tenemos. Y todo esto en pleno agosto. Nadie espere nada este mes, aunque el país se hunda. Ellos se van de vacaciones, faltaría más. Así que, lo dicho: turbios, amorales..., vagos.