31 marzo, 2016

Dios mío. Qué hemos hecho para merecer este castigo

 El déficit público se dispara 10.000 millones con respecto a lo comprometido con Europa, y eso sin contar el rescate bancario. El PP, Rajoy, Montoro y Guindos, lo tenía todo en la mano para coronar este proceso presupuestario con éxito. Pero como 2015 era año electoral, algún iluminado, al ver alguna encuesta de mal agüero, dijo: «hay que bajar impuestos para no perder votos». Y se hizo. Y los aplaudidores de la prensa y de las tertulias se ocuparon de los vítores.

Uno no entiende muy bien esto de bajar impuestos en una situación de déficit, claro que uno es profano en la materia. Pero se le asemeja el hecho a algo parecido a una familia con más gastos que ingresos que, para mejorar estos, prescinda de parte de las aportaciones de sus miembros activos sin rebajar los desembolsos. No obstante insisto: es economía, y es bien sabido que no ha de aplicarse en esta ciencia el sentido común, según dicen algunos inconscientes.

El amigo Rajoy se pulió en esa bajada unos 10.000 millones de los ingresos del estado. Millones que no compensó con reducciones del gasto. Algo parecido a lo que hizo Zapatero en su momento, pero de este ya nos deshicimos. Y para más engaño Montoro declaraba en Septiembre: no es que sea compatible con el objetivo de déficit, sino que es lo que lo hace alcanzable [sic]. Como puede verse, llevaba razón; solo que seguramente quería decir «inalcanzable».

Resulta difícil digerir que lo de bajar impuestos estimula la economía, si la acción no va acompañada de otro tipo de estímulos y de un bien comprobado estudio de retorno del coste asumido. Naturalmente, conviene tener un plan de contingencia de reducción de gastos que asegure, al menos, que la aventura va a resultar de suma cero. El asunto se llama control presupuestario. Es muy sencillo. Sin embargo, parece muy difícil en países como España, cuyos políticos nunca quisieron oír hablar de eliminar estructuras mastodónticas e inservibles: empresas públicas sin función, Diputaciones, cientos de miles de salarios infiltrados como cargos de libre designación... Incomprensible.

Lo malo de incumplir el objetivo de déficit es que son los contribuyentes quienes tienen que asumir los sacrificios, de no mediar un gobierno capaz de, aún manteniendo el gasto y bajando impuestos, incrementar el PIB de manera significativa. Un incremento sustancial del PIB mejora automáticamente el déficit creado. Pero, claro, para eso son necesarios gobiernos serios y capaces, y España adolece de ellos desde hace más de veinte años.

Este país está ahora sin gobierno. Además los partidos, de manera vergonzosa, piensan más en una repetición de las elecciones que en resolver los problemas de la gente, en una muestra del egoísmo más despótico. Todos se esconden detrás de su dedo que señala a otro como culpable. Es verdad que Podemos y PP tienen más responsabilidad: el PP renunció a intentar la investidura y Podemos la impidió, cuando pudo haberse abstenido perfectamente. Pero Ciudadanos también es culpable por poner vetos al diálogo y no querer ceder a alguna pretensión de Podemos; lo mismo que el PSOE, aunque este en menor medida. El PSOE, bien es verdad que forzado por las circunstancias, demostró más generosidad que ninguno.

La receta para salir de este atolladero es bien simple: reducir gastos y subir impuestos, o redistribuirlos de tal manera que la recaudación sea mayor; contener el fraude fiscal seriamente, incluido el de las grandes empresas; reducir con decisión las empresas públicas y las instituciones inservibles (diputaciones); concentrar ayuntamientos y compartir servicios; eliminar los sobrecostes de los partidos con cargo a las administraciones (asesores de nada, infiltrados por millares, pesebres...); y en ningún caso gastar más de lo que se ingresa. Con todo lo anterior, con toda seguridad, se podría aumentar la protección social y mejorar el equilibrio entre ricos y pobres en este desgraciado país. ¿Por qué nadie lo explica ni quiere hacerlo?

España parece condenada a ser gestionada contra sus habitantes. Es una maldición, una plaga bíblica. Nos embarcamos todos hace cuarenta años en la aventura de recuperar la democracia. Pero a quienes se les encargó legislar lo hicieron solo para satisfacer las ansias de poder de los partidos y las leyes creadas solo favorecen la selección positiva de políticos más incapaces cada vez al deber su cargo al partido en lugar de al elector. Pero es lo que hay. A ver cuanto tarda en romperse todo.

28 marzo, 2016

Insulto intolerable de los partidos

Sí. Intolerable es la palabra más adecuada al insulto general que los partidos lanzan a los electores. Estos son tenidos por una masa de imbéciles que solo sirven para emitir votos tantas veces como sea necesario. A ningún partido le importan nada las urgencias de los ciudadanos, ni el paro, ni las leyes aberrantes que el PP colocó desde su mayoría absoluta.

La mediocridad de todos los partidos resultó ya clara en el momento en que el resultado de las elecciones arroja una victoria de un horriblemente gestionado y completamente corrupto PP. Ninguna formación fue capaz de ilusionar a los votantes. Por la izquierda, del PSOE, nadie se fía,  y a IU se le niega el pan y la sal por sus propios errores; por el centro, Ciudadanos no ejecutó al PP, coqueteó con el elector más retrógrado intentando pescar en caladero equivocado; y por ni la izquierda ni la derecha ni el centro, Podemos, al más puro estilo Stalinista, por no decir otro en el extremo contrario, manipuló mediante la soflama fácil y la propaganda.

Prefirieron jugar a ganar en lugar de jugar a no perder. Se pusieron a ellos mismos en el centro del objetivo, creían que tenían posibilidades individualmente, y cometieron un grave error. Un error de bulto, porque la estrategia correcta debería haber sido eliminar al PP, desintegrarlo para que con los años, este país llegara a tener una derecha seria, a la europea, en lugar de un partido como el PP, en el que el mando está en las manos puñado de franquistas disfrazados de demócratas. No lo hicieron por miedo a no sé qué cosa, y el PP les ganó las elecciones.

Desde el 20 de diciembre hasta ahora, se ve qué es cada cual. El PP, en su sitio, hierático, son el
rocoso Movimiento Nacional al que sostienen siete millones de electores que no saben que están huérfanos, pero que su voto vale lo mismo que los otros. El PSOE lastrado por sus luchas intestinas para ver qué culo se sienta en qué sillón y maneja el Partido, y también por la insolencia de sus líderes en Andalucía y en Asturias al presentarse como adalides de la honestidad en dos comunidades repletas de corruptos en sus filas. Ciudadanos en el papel de confraternizar, pero solo con el PSOE, con el PP no, que les puede costar apoyos si se juntan a corruptos convictos. Y Podemos, a destruir, a poner condiciones tan absurdas y estúpidas como el derecho a decidir mediante consultas no vinculantes.

Bien, veamos. Si se le pregunta a un español medio, normal, ni de izquierdas ni de derechas ni de centro, a un simple elector que sobrevive aquí, diría:

- Hay un montón de leyes que modificar y no hay justificación para no hacerlo. La cuestión de si se derogan completamente, o no, es secundaria. De momento hay que cambiar lo que estorba. No hace falta hacer propaganda con lo de derogar. A este elector le basta con que al la reforma laboral del PP, por ejemplo, se le cambien los artículos que dañan a los trabajadores y parados: contratos, indemnizaciones, facilidad de despido.

- Hay que redistribuir los impuestos y subírselos fuertemente a los que más tienen. Si es posible atenuarlos a la clase media, mejor. No deben pagar siempre los mismos.

- Cientos de miles, o millones de personas paradas sin subsidio. Y mayores de 50 años con pocas posibilidades de encontrar nada que les permita llegar a la jubilación con dignidad. La contratación de esa gente debe ser fuertemente favorecida.

- Hay millones de personas que por no tener trabajo o disfrutar de uno eventual que le reporta un salario incluso inferior al mínimo no pueden ni comer dignamente, ni pagar su casa o la calefacción.

- Hay millones de personas que se fueron al extranjero porque en este país, el suyo, los gobernantes son incapaces de generar las políticas adecuadas para que a su vez se genere actividad. De no estar fuera serían parados.

Atacando estos problemas de verdad podría hacerse algo. Sin embargo, los partidos nos insultan, nos dicen que es imposible un pacto porque, claro, un referéndum es imprescindible, o si está Podemos yo no estoy, o si está Ciudadanos, yo tampoco. Pamplinas. Aquí lo que se quiere es estar en el carro y tener sillones y cargos para cobrar a fin de mes y tener poder. Y todos, todos absolutamente quieren lo mismo. Por eso sostengo que nos insultan de manera intolerable... Los muy miserables.

17 marzo, 2016

Los partidos, los cargos y la ética

Las grandes leyes españolas: Constitución, Ley de Partidos y Ley electoral esculpieron la morfología de lo que son hoy los partidos políticos y dieron soporte a sus paranoias en todo el aparato del estado. También, a nivel interno, estas leyes hicieron estragos, al no garantizarse en modo alguno ni el funcionamiento democrático ni un modelo normalizado de financiación. La consecuencia de ello es que los partidos, los grandes, PP y PSOE, son monstruos llenos de personas corruptas que parasitan todos los niveles del estado con la única finalidad, en muchas ocasiones de extraer dinero para su formación o para si mismos.

El PP y el PSOE están infiltrados de tal modo y desde hace tanto tiempo en las instituciones, que se parecen más agencias de colocación de «su» gente que a organizaciones con el objetivo de mejorar la vida de los electores impulsando prácticas adecuadas en lo que se refiere a la distribución y el gasto del dinero recaudado mediante impuestos, o recibido de la UE. Estos partidos únicamente se aprovechan de su prevalencia en lo público para colocar a decenas de miles de cargos en puestos de la Administración propiamente dicha o en las miles de empresas públicas que existen y que en realidad no aportan gran cosa salvo servir de sinecuras a quienes no encontraron acomodo en las posiciones de salida de las listas.

Todo ello favorece la corrupción, algo consustancial a la acción política en España, con incontables casos desde antiguo. Hay dos maneras de ser corrupto. Una, la mafiosa, la del PP, que consiste en exigir mordidas por adjudicaciones de obras o servicios; y otra, más de andar por casa, la del PSOE, que consiste en redistribuir el dinero público de manera oscura e irregular para favorecer a sus adeptos. La corrupción de los sindicatos se encuadra también en este último modelo. Asuntos de mucho dinero, como los ERE, en Andalucía, o los Fondos Mineros, en Asturias, fueron y son manoseados por el PSOE y por los Sindicatos de manera vergonzante. Ambas maneras de ser corrupto son deleznables. Más rechazable, sin duda en el modelo mafioso del PP, por lo de mafioso; pero ambas resultan igual de vomitivas.

Esto, como se dijo al principio, viene de la laxitud de la Constitución, donde no se define qué es funcionamiento democrático de las formaciones políticas; de la falta de claridad de la Ley de Partidos, llena de agujeros en cuanto a la financiación, y de la desastrosa Ley electoral que permite el acceso a las listas de auténticos botarates que nunca serían capaces de ganar una circunscripción convenciendo a los electores, como se hace en los países serios y con democracias de verdad.

Este esqueleto sostiene un enorme y espantoso modelo clientelar del que nadie quiere salir para no perder un sustento, que de otro modo resultaría muy difícil de obtener. Gente como Rita Barberá o José Ramón Gómez Besteiro, por hablar de casos actuales no abandonan sus cargos, ni son expulsados sin contemplaciones, porque lo pasarían mal o muy mal para ganarse la vida de otro modo, Besteiro tendría que reiniciar su carrera como abogado, o en el caso de Barberá, la jubilación no le proporcionaría el nivel de vida al que está habituada.

Nunca entenderé por qué los partidos no ejecutan algo tan simple como la expulsión temporal preventiva. Cuando un cargo es investigado por la justicia por causas importantes, se le expulsa, hasta que el juez determine su futuro. Si resulta ser inocente, se le readmite y se le busca sitio, y si no, pues a su casa, o a la cárcel. Claro que, con el personal que anida en los partidos políticos en España, aquí incluyo también a los nuevos, que no parecen querer otra cosa que sillones, difícil va a resultar que las cosas se hagan de manera sencilla, simple, clara y efectiva. Nuestros políticos son barrocos. Su exceso de ornamento, en demasiados casos, solo sirve para disimular mal su enorme incompetencia.

Pues bien. Esto es lo que hay y lo que nos va a gobernar, si hay al final un acuerdo. Pero el peligro persiste. Si hay elecciones en junio, esto es lo que se va a presentar para que votemos. Mal nos va a ir. Seguro.


13 marzo, 2016

Entre la merde et le WhatsApp

Son ya demasiadas las meteduras de pata de personajes públicos en las redes sociales. No voy a decir nada de la parte boba de la sociedad, la gente del Sálvame, futbolistas y toda mugre, que no tienen otra cosa que hacer, o que es lo que les encargan desde su empresa: decir chorradas para que marujas y marujos consuman telecinco. Pero si diré algo, y ácido respecto a personajes que forman parte de la estructura del estado: políticos, reyes y reinas.

A ver si se me entiende. En el debate este de investidura que tuvimos, no se al resto del personal, pero  a un servidor le ponía de los nervios ver a buena parte del rebaño de diputados electos estuviese más pendientes de su móvil que de lo que decía quien estaba en la tribuna. O sea, que en este puto país, con estos putos políticos poco, o nada, cuenta la educación: «qué va a decir este, que no es de los míos, además ya contesta el jefe». Aunque, a veces es el propio jefe el que está en esas displicentes prácticas. O sea, les pagamos para que vayan al parlamento a legislar y gastan el tiempo en poner tweets. Debo ser yo, que me estoy quedando antiguo, pero tengo la impresión de que estos chicos no saben lo que cuestan ni la responsabilidad que tienen.

Y lo mismo los otros chicos, el rey y la reina. No se si es que trabajar en la realeza atonta, pero lo parece. Para qué coño quieren unos reyes estar en un grupo de WhatsApp. Qué coño le tiene que decir esta señora a un tipo, por muy buenos apellidos que tenga, sobre un asunto como el de las tarjetas opacas, que le revuelve las tripas a millones de personas, y que, de poder hacerlo, solucionarían colgando de los faroles a todo poseedor de las mismas. Qué pintan estos muchachos, el rey y la reina hablando de ello con esa, real, y estúpida, frivolidad. ¿Dónde está el estilo, la elegancia, la discreción? «Fíjate tú, Maripuri; el rey y la reina meten los dedos en el WhatsApp, como nosotras, qué majetes, y Letizia hace yoga de ese»
Fuente: El Diario

Lo malo de ser rey, o reina, es que hay que estar permanentemente guardando las formas y dando ejemplo, lo bueno, que se cobra una pasta, que es un trabajo para toda la vida, que se vive de puta madre, y, como ventaja social adicional, que el chollo pasa a tus hijos, que accederán al oficio sin pasar examen. Así que, por favor, déjense ustedes de hacer gilitonteces y de «compis yoguis» y «comiditas» con presuntos delincuentes, y pónganse a trabajar. No hagan como los diputados y senadores.

Debería haber un examen para la gente que usa las redes sociales, especialmente las de mensajería instantánea (WhatsApp) o las de notificación de estado (Twitter). Resultan altamente peligrosas si no se usan adecuadamente. Sobre todo porque cualquier piernas puede conseguir información sobre ellas. Y es una tontería exigir intimidad en un espacio en el que uno se expone a todos de manera voluntaria. Si no quieres que te lean los mensajes, pasa de los servicios de mensajería, o úsalos lo mínimo. Y si no quieres arrepentirte por piar demasiado, usa Twitter con moderación. «Más vale poco y bueno que mucho y malo»


10 marzo, 2016

La invasión de los desposeídos

Los bárbaros del norte acabaron con el Imperio Romano por invasiones sucesivas. Roma resistió, pero al final cedió, por las malas, pero cedió. Europa sufre ahora una invasión, solo que esta es la de los desposeídos; no solo ya la de los refugiados, sino la de los hambrientos o la de los que sencillamente buscan un mundo mejor para ellos y para sus hijos, en especial para estos. Vienen aquí por las buenas, buscan solo protección contra los jinetes del Apocalipsis que galopan por sus países de origen. Y Europa se resiste como se resistió Roma. Cierra fronteras para que no pasen.

Además, los burócratas elegidos por los diferentes pueblos de la UE diseñan un marco legal, o lo intentan, para impedir la entrada de toda esta gente y dejarlos en Turquía en campos ad hoc, como si Turquía fuese un lugar idílico. Desde luego, el marco será legal, pero no moral. Mientras los chupatintas hablan, cientos de miles de personas vagan en los espacios interfronterizos o están en campos improvisados en pleno invierno; miles de niños entre ellos que pasan hambre, frío y están enfermos. No nos importa ni nos avergüenza llevar a los nuestros al pediatra cuando tosen un par de veces. ¿Es esta la Europa que queríamos? Pues sorprendentemente diría que sí. Al menos es la que parecen querer muchos europeos, y españoles: aquí ya tenemos bastante con lo nuestro, así que, nada de inmigrantes, dicen. Esto tan simple es lo que piensa una parte muy importante de la población, en particular la de inclinación derechosa, pero también alguna izquierdosa.


Estaría bien, antes de emitir juicios o de decir estupideces sobre los que intentan llegar, ponerse a pensar en qué haría uno si este país, el nuestro, estuviera en guerra, o fuera pasto del hambre, o no hubiera oportunidades, y la probabilidad de morir a cualquier edad (ya no hablamos de llegar a viejo) estuviese severamente aumentada por la falta de la mínima estructura sanitaria; y si, además, supiera que en el sur, al otro lado del estrecho, la vida es fácil, y si trabajas, hasta tienes derecho a una pensión; y también que hay médicos y comida abundante... Seguro que muchos de esos que son favorables al cierre de fronteras se tirarían al agua con lo puesto y con su familia en una balsa de playa de esas de goma. Pues a todos estos, al llegar allí, deberían tirarlos al agua otra vez.

Por lo que parece, ningún país se va a plantar y a decir no cuando se tenga que decidir definitivamente. Ni mi admirada Francia, parece. Malditos sean todos.

04 marzo, 2016

Empieza el goteo en Podemos


Carlos Jiménez Villarejo es una persona seria. No solo por su actitud en el presente, sino por todo su pasado. Se unió a Podemos porque no podía soportar más la inmundicia que había en política a derecha e izquierda. Basta echar un vistazo a su biografía para darse cuenta de que estamos hablando de un gigante en la ética y en la coherencia. Un hombre de izquierdas de los de verdad, no un travestido, como Iglesias y la mayor parte de los que le rodean. ¿Quieren la definición de una persona de izquierdas? Pues ya la tienen, en tres palabras: Carlos Jiménez Villarejo.

Cuando supe que Villarejo había decidido impulsar a Podemos, me dije a mi mismo que tal vez esta gente nueva podría merecer la pena. Después vinieron otros, como Manuela Carmena o el general Julio Rodriguez. Pero tengo que reconocer que Villarejo fue siempre para mi el gran referente. Pensaba que si él se mantenía ahí, algo bueno habría. Hasta que hace meses, tras las elecciones catalanas, empezaron los primeros problemas con el fiscal, que abandonó la militancia.

Villarejo, claro, es, como no me canso de decir, una persona seria y no se calla porque no le da la real gana. Y entonces le dice alto y claro a Pablo Iglesias, que es una soberana estupidez no facilitar la investidura de Sánchez, sabiendo que lo que propone como línea de gobierno es muy progresista, naturalmente, con relación a lo que tenemos hoy, y que el objetivo es descabalgar al PP. Así que ya no solo lo digo yo.

Gracias Señor Jiménez Villarejo por su coherencia ahora y a lo largo de toda su vida. A veces uno siente que es un privilegio compartir nacionalidad con algunas personas. Usted es una.

03 marzo, 2016

Luz visible

La luz visible, la luz blanca, cuando se hace pasar por un prisma, se descubre formada por un colorido variado de radiaciones, desde el rojo hasta el violeta. La luz que mejor nos permite ver es justo la que tiene el coctel de colores al completo. Es una luz clara con la nuestro ojo trabajar a la perfección. Si se quiere hacer la prueba basta con iluminar una habitación con bombillas de diversos colores e intentar leer un periódico. Ningún color del espectro visible tiene la claridad y facilita la visión como lo hace ese mix que forman todos en conjunto.

Cuando se producen unas elecciones y los resultados son como los que se dieron en España en diciembre, lo normal es que se actúe con cierta inteligencia colectiva. Ojo que hablo de inteligencia colectiva y no de inteligencia para el colectivo, que es como en realidad actúan los partidos políticos (el colectivo son ellos), salvo dos, en este caso. Es de justicia decir que el PSOE y Ciudadanos parecieron entender las cosas.



Aquí todo el espectro político, salvo el PP, lógicamente, entiende que los Populares deben ser expulsados del poder a pesar de tener secuestrados siete millones de votos. Todos los partidos coinciden: el PP hizo daño, el PP está corrupto, y no se puede poner a la zorra a vigilar el gallinero. Por esto el PP no puede gobernar. Por esto a Rajoy no le quedó más recurso que el chascarrillo barato y el desprecio al intento de Sánchez (pobre bagaje, pese a que hubo quien dijo que había destrozado al candidato). Si el PP consigue formar gobierno tras un posible fracaso del PSOE, quien se lo facilite será señalado por el pueblo mayoritariamente como culpable de las posibles futuras desdichas, que sin duda sufrirán especialmente los más desfavorecidos especialmente con otro gobierno tan insensible como el pasado de Rajoy.

Por eso hace mal Podemos no facilitando la investidura de Sánchez. Y no solo no facilitándola sino dinamitando todos los puentes que pudiera haber. Hace mal en poner excusas como la de la cal viva utilizada por los GAL y nombrando a Felipe González como responsable. Una cosa es llamar a González parásito aprovechado, con lo que no se faltaría a la verdad del todo, y otra muy diferente suponerle asesinatos contraterroristas. También debe darse cuenta Podemos, de que Ciudadanos es un partido limpio, al menos tan limpio como él, a quien el PSOE prefirió para hablar, simplemente, porque no puso condiciones para pactar: tan solo la de negociar las políticas.

Yo no sé si Ciudadanos es la nueva derecha, ni tan siquiera sé si es derecha, pero parece estar intentando algo para este país, a pesar de la distancia ideológica que le separa del PSOE. Y esto mismo me pasa con Podemos por la izquierda; que no sé si Podemos es izquierda. Pero sí sé, porque se ve, que la formación morada está liderada por un narcisista,con un discurso hueco, como si estuviera en una asamblea de Facultad, orientado tan solo a enfervorizar a sus partidarios, igual que el de Rajoy, y al aplauso fácil. Podemos no hizo ni el más mínimo esfuerzo por llegar a acuerdos, eso sí, exigió sillones antes de negociar políticas.

Me consta que hay gente en Podemos que no tendría inconveniente en dejar gobernar a Sánchez, mucha más de la que Iglesias y su aparato cree. Por cierto, ¿por qué no preguntan on line a su gente, ya que tanto les gusta? Podemos es variopinto y muchos de los votos vienen de la adhesión de personas independientes como Carmena. Hoy la alcaldesa ya dejó caer que vería lógico permitir que se formase gobierno. E Iglesias cometería tres grave errores, de no hacerlo: el primero, que su NO acompañaría al del PP, y así será sin ninguna duda; y el segundo, y más importante, el de creer que unas nuevas elecciones reforzarían su posición.

Ya es tarde para Podemos. Su afición a los absolutos, a las exclusiones y a las líneas rojas le dejaron sin su parte del pastel. Pobre Pablo, que quería, al menos, ser como Soraya. Pablo debía haber estudiado un poco más de física en el colegio ese al que fue y haberse acordado a tiempo del ejemplo de la luz visible. Si desde el principio se hubiese puesto a negociar, hubiese sacado más. Todos hubiésemos sacado más, pues el espectro de colores sería más amplio y la luz más clara. Ahora, la luz será a lo sumo, mezcla de dos colores, y por lo tanto imperfecta. Aunque siempre es mejor una luz imperfecta que la oscuridad de la falta de gobierno.

Y si por fin hay nuevas elecciones, cuidado que puede haber sorpresas, y una de ellas que muchos, pero muchos muchos, opten (optemos) por la abstención ante tanta inmundicia a derecha e izquierda; o que el voto latente del PSOE, ahora en la abstención, salga a la luz y ponga las cosas en su sitio.





27 febrero, 2016

La solución de la media ponderada y la trampa de Podemos

Echemos un vistazo a los resultados de las elecciones de diciembre de 2015. Hagámoslo, porque tengo la sensación, cada día más, de que desde algunos partidos, sino desde todos, se tiene al electorado por imbécil. Y no les falta razón porque en este momento tan crítico para nuestro país, la gente en la calle discute sobre pactos, acuerdos o arrimes de manera visceral. Es como si la inteligencia colectiva demostrada al imponer un parlamento plural y variado hubiera desaparecido para, cada uno tirar para su lado y echarle la culpa de los problemas a los otros. Vamos, por tanto, a tratar de desbrozar un poco la maleza para tratar de ver de verdad el terreno.

Sobre el resultado de las elecciones. Lo primero y más importante es que la opción mayoritaria escogida por los españoles con derecho a voto es la de NO VOTAR. Casi nueve millones y medio de personas decidieron no hacerlo; por la razón que fuera, no me importa: son mayoría larga. Lo segundo, también para pensarlo; la fuerza más votada fue el PP; con toda la corrupción a cuestas pero ahí están, ganando por poco, pero ganando: 123 diputados. Y lo tercero es que hay un voto nacionalista, independentista o no, que, por primera vez en nuestra historia reciente no va a sacar tajada, o no debería, de sus escaños, a base de chantajear al gobierno.

Después hay tres partidos con peso parlamentario importante: PSOE, Podemos y Ciudadanos. IU, lo lamento por ellos, no cuentan aquí para nada. Todos estos parecen tener claro una cosa: el PP debe estar en la oposición por el daño causado a la sociedad, porque quien está a su cargo es, o consintió una corrupción galopante, o por ambas cosas. Pero estos tienen un par de problemas de fondo entre ellos. El más gordo lo tiene Podemos, que intenta, mediante una cortina de humo de un referéndum para quien lo quiera tapar su dependencia de sectores cercanos a la CUP en Cataluña y a lo folclórico en Galicia. Ni el PSOE ni Ciudadanos admiten la posibilidad de que el país se divida. Ciudadanos tampoco lo tiene pequeño (el problema): se cuidaron tanto de no escorarse a la izquierda para captar votos de la derecha que perdieron la oportunidad de pescar en la abstención militante de centro izquierda y ahora son colocados en la derecha por el electorado. Y del PSOE para qué hablar; hay miles y miles de estómagos que alimentar, en especial en Andalucía, que se comerán vivo a un Secretario General más legitimado que ninguno antes, de no mediar un milagro.

Con las cosas así, uno se dice que lo más importante sería que el PP no gobernara y que para eso se podría llegar a un acuerdo fácil. Sí, dije fácil. Veamos. El PSOE tiene 90 escaños, Podemos 69 y ciudadanos 40. Suman 199. El PSOE, por tanto, tiene el 46% de «fuerza», Podemos el 34% y Ciudadanos 20%. Estos tres tienen la obligación de ponerse de acuerdo. Ningún otro acuerdo, que no incluya al PP ni a los nacionalistas tiene posibilidades. Es así de simple. A los nacionalistas les importa un rábano lo que le pase a los ciudadanos españoles en general, solo lo que les pase a los de sus zonas. Solo participarían para sacar tajada, y además se radicalizaron. Por lo tanto es imposible un acuerdo con ellos, como con el PP, en este caso por mafiosos.

Si, como decíamos, el PSOE pesa 46, Podemos 34 y Ciudadanos 20, ¿qué es lo que impide que cada uno ceda lo que corresponde de lo que dice su programa: 54 el PSOE, 66 Podemos y 80 Ciudadanos, y se lograra un bonito gobierno de coalición, o un hermoso pacto de investidura? Pues sencillamente que Podemos no quiere negociar, no quiere reconocer la distribución de fuerzas y pretende dinamitar cualquier pacto porque lo que realmente desea es que haya elecciones para medrar. Se vio claro cuando Iglesias salió a exigir una vicepresidencia y no sé cuantas locuras más (interior, el CNI, economía... ) mientras Sánchez estaba con el Rey recibiendo el encargo de intentar formar gobierno.

A Sánchez no le quedó otra alternativa que intentar
un pacto con Ciudadanos y dejar a Podemos retratarse votando no a su investidura junto al PP. Es decir votando junto a la derecha. Algo que no debería extrañar, puesto cuando se escarba en la parte ideológica, Podemos tiene poco, o nada, de izquierda. Sus métodos: soflamas, puños arriba, «empoderamientos»..., presentan bastantes similitudes con sistemas pseudo dictatoriales en los que la manipulación y la propaganda son el arma principal del poder. Por eso defiendo el pacto de Sánchez con Ciudadanos, porque es la forma más certera de desenmascarar a Podemos, cuyo objetivo, repito es llegar a nuevas elecciones.

Es probable que Podemos consiga lo que quiere. Pero no debe olvidar que hay 9.500.000 votos dormidos que pueden despertarse, y que en su mayor parte son de centro izquierda, o de izquierda moderada. También es posible que Podemos consiga que le manden a paseo algunas de las personas valiosas que ficharon y que, como Manuela Carmena, ya dejaron claro que eran independientes. Atentos, pues..


20 febrero, 2016

Seriedad, respeto, honestidad

La seriedad, el respeto, la honestidad. Tres principios a inculcar desde la más temprana infancia en las personas, y que parecen haberse borrado de la memoria común. Tres actitudes (y aptitudes) que deben ser trabajadas hasta la saciedad para que las generaciones futuras no caigan en los mismos errores en los que cayeron quienes en la actualidad están al cargo del funcionamiento general del país: de las empresas, de la política, de la justicia, de la economía, de la educación...

Saltan cada día noticias que hielan la sangre. Una, del mundo empresarial. El ex presidente de Abengoa, un tal Benjumea, que declara ante la juez que investiga su caso que «el talento se paga». Él y su consejero delegado se habían adjudicado indemnizaciones por cese por alrederor de 20 millones de euros. Llevaron a la empresa a la ruina y se premian en un comportamiento muy profesional. Claro, el talento se paga. Su talento, por el que tanto cree que vale, es nada más que ser hijo del fundador de la empresa. Talento puro, el muchacho este.


Conocí en mi otra vida (la laboral) directivos de todo tipo. Por un lado excelentes profesionales serios y honestos, propietarios algunos y contratados otros, pero verdaderos artistas de la gestión de la abundancia, y de la crisis. Por otro lado, encontré «amos» que levitaban medio metro por encima de sus empleados, y a quienes todos a su alrededor daban la razón para no caer en desgracia; sus decisiones, si salían bien, era por su pericia y agudeza, y si salían mal, porque estaban rodeados de empleados inútiles y desagradecidos. Un tercer grupo son los profesionales de la venta de humo; llegan a las empresas en crisis de la mano de «headhunters» que se llevan una pasta, y tienden a ponerlo todo patas arriba y dejarlas peor de lo que estaban; su primera decisión suele ser hacer una purga de directivos de la casa, sin pararse a pensar en su competencia, a los que sustituyen por amigos parecidos a ellos. Un peligro muy extendido, este de estos piratas.

Por seguir con el mundo de la empresa, tenemos el escándalo de Vitaldent. El macarra (con perdón) del dueño cobraba en metálico a sus franquiciados y se llevaba la pasta a Suiza y a otros lugares «seguros». ¿El objetivo? No pagar impuestos. Me pregunto qué les pasa a los empresarios que en el momento en que sacan un poco la cabeza, en lugar de preocuparse por crecer sanamente y contribuir al bien común y al desarrollo de su país y de la sociedad, hacen lo imposible por evadir impuestos, o por influir en los políticos (lobbies) para que legislen favorablemente a los intereses de sus empresas en este aspecto.

Estos días supimos también que Hacienda inspecciona a setenta y tres (73) empresas cárnicas por
hacer juegos malabares con el dinero negro. Movían enormes cantidades de efectivo. Declaraban beneficios muy bajos... Más evasión de impuestos. En España hay alergia a los impuestos. Estamos hablando de 73 empresas. ¿Cuántas habrá más que se libran? Aquí los que pagan la fiesta son los que tienen nómina y los autónomos, los pobres y estrujados autónomos, para los que el Estado ofrece una protección prácticamente nula. Así que una de dos, o ponemos tantos inspectores como empresas, o se nos marcha el dinero a chorros.

Y a todo este revoltijo de mediocridad y de desfachatez se une el asunto político. Un partido, el PP, que se resiste a reconocer sus prácticas mafiosas, y con el que ningún otro partido quiere nada. Y otros cuatro o cinco incapaces de ponerse de acuerdo para gobernar porque todos trazan «líneas rojas», que no son más que un síntoma de infantilismo político. Tal carencia de seriedad constituye una falta de respeto hacia los electores que decidieron votar pluralidad. Estos niños no saben que pluralidad significa que se quiere que participen todos. Puede comprenderse que se aísle al PP, por corrupción, y a los independentistas por lo mismo. Pero no se entenderán nunca la posiciones que pongan como condición que no estén otros.

Pues este es el panorama general. Feo, ¿no? Pues solo hay una fórmula: seriedad, honestidad y respeto. Cualidades estas prácticamente desaparecidas en la poltica, y lamentablemente también, por lo que se ve, en el mundo de la empresa.

11 febrero, 2016

La España rancia y casposa

 La derecha, en todas partes, es asociada con el liberalismo, con el mayor interés por lo privado que por lo público, con dar más importancia a los asuntos económicos que sociales y con el poco pudor a la hora de legislar con ventaja para las clases más favorecidas. Pero estos atributos no hacen a la derecha necesaria ni políticamente rechazable. Hay países con gobiernos muy conservadores que marchan bien, o muy bien: Alemania, Holanda, Dinamarca... Solo que, en estos países la derecha es otra cosa, y está bien diferenciada de la extrema derecha.

En España, por el contrario, la derecha sí es rechazable. La derecha la representa el PP. Pero nadie, ni el PP, se atreve a señalarse como de derechas (el PP dice ser el centro derecha). La palabra derecha es casi impronunciable en España, hasta para las más reaccionarios y casposos. La extrema derecha española está camuflada en el PP: entre sus dirigentes, entre sus votantes, entre sus militantes. No se atreven a formar un partido porque sería un fracaso. Por eso parasitan a la formación de la gaviota. Son una garrapata debajo del ala derecha del bicho volador este. Y el PP no recuperará su dignidad política hasta que no se la arranque.

La España de derechas, rancia y casposa, la garrapata esta, es una especie de hidra que asoma su fea cabeza múltiple cuando a su huésped se le pone la cosa difícil, como es el caso ahora, que el PP no puede gobernar porque nadie quiere nada con un partido corrompido hasta lo más interno de su esqueleto. La cabeza múltiple tiene multitud de tentáculos con rostro: distintas caras manejadas por un único cerebro primitivo. Caras de ministros, de jueces y fiscales, de portavoces amenazantes y parlamentarios varios que no dudan en disparar salivazos viscosos a quien se ponga delante. Todo con la pretensión de que se vea el poder que ellos creen que tienen.

Meten miedo a los incautos diciendo que ETA se frota las manos pensando en un gobierno débil, o con Podemos, como si los de Podemos fueran verdaderos demonios; o llaman casi traidor a Pedro Sánchez por no poner en primera línea de su propuesta la unidad de España; o encierran a unos pobres titiriteros 4 días en la cárcel por una estupidez, para soltarlos, eso sí, sin pasaporte, aludiendo que se había confiscado el material (el teatro de marionetas) y que no existe ya riesgo de fuga. Pero qué broma es esta. ¿Es que no hay nadie en el PP que ponga orden en este disparate?

Estamos en una democracia parlamentaria y los gobiernos se forman por mayorías en Las Cortes. Si el PP no está en el ajo es porque sencillamente se pasó por el arco del triunfo el derecho que tenía a intentar la investidura como partido más votado. ¿En qué cabeza cabe que PSOE y Ciudadanos van a entrar de comparsas en un gobierno presidido por un partido absolutamente corrupto?

Lo de intentar amedrentar al oponente con alusiones a su escaso patriotismo es muy de los dóberman que tiene el PP al frente de sus huestes parlamentarias. Yo no le daría importancia, pasaría de ellos (ladran, luego cabalgamos). Pero de lo que no pasaría es de que un ministro del interior en funciones pueda ser tan miserable como para meter a ETA en este baile. Un ministro que, además de ponerle medallas a La Virgen (acojonante), coló una ley que recorta libertades básicas a los ciudadanos.

Sin embargo, lo peor es lo de la quinta columna de jueces y fiscales. Enseñaron la oreja con el asunto de los titiriteros en Madrid. De acuerdo; pusieron un cartel donde se leía algo sobre ETA en una representación de marionetas. Pero meterlos directamente a la cárcel es una sobrada. Se montó una bronca de aquí te espero. Está claro que sí, que fue un error que la concejala debía haber pagado con su cese fulminante. Los niños no tienen por qué ver un espectáculo para adultos, además de políticamente poco correcto. ¿Pero meterlos en la cárcel cuatro días? ¿Y soltarlos después reteniéndoles el pasaporte? Pero quiénes son estos fiscales y jueces. ¿Rato y Blesa tiene pasaporte y un par de pobres pringados no?

Ya decía yo unas entradas atrás que el sistema de oposición no garantiza que no accedan a los puestos verdaderos patanes. He aquí la evidencia.

05 febrero, 2016

Estos imbéciles piensan que somos gilipollas

Una entrada en estado de indignación solo para poner en claro y a la luz mi sensación con todo esto de los apaños postelectorales.

Primero lo de Rajoy, un cobarde compulsivo disfrazado de Maquiavelo que quiere obligar a su enemigo cerval, el PSOE, a aceptar una milonga de coalición por el bien y la estabilidad de España. ¿Aceptaría él algo así si el PSOE lo hubiese propuesto? ¿Por qué no aceptó someterse a la investidura e intentó negociar? ¿No es el deber del partido más votado intentar formar gobierno? ¿Qué hace mal el PP que nadie quiere arreglos con él? La respuesta es sencilla. Sus dirigentes se comportan de manera distante, altanera, arrogante y chulesca, desde el comerrojos de Hernando hasta el envarado Rajoy pasando por la balbuceante Cospedal. Y luego está la corrupción. Tal cantidad de corrupción hay en el PP que alguien estos días hablaba de prohibirlo por ser una organización mafiosa, basándose en la Ley de Partidos.¿Quién puede querer tratos con gente así?

El hecho de que más de 7 millones de personas hayan votado al PP me da que pensar también. Solo puede ser por dos cosas: porque la gente de la derecha está más dispuesta a tragar mierda que la de izquierdas, que en casos como este se abstiene avergonzada; o es que, a pesar de toda la corrupción, este hecho tiene menos importancia que los desastres que pueden sobrevenir si nos gobierna gente de Podemos, que no son más que indocumentados, según ellos. En fin, es su voto.

El caso es que,  descartado el PP, solo queda un arreglo entre los demás. Pedro Sánchez lo está haciendo bien. Está en crecimiento continuo como líder. Solo tiene un problema, o dos: la ansiedad y la presión interna. Si no consigue un acuerdo satisfactorio para los neofascistas que tiene metidos en el aparato, lo ponen mirando a Cuenca en el próximo congreso, incluso aunque la militancia lo renueve como secretario general. Pedro Sánchez, no acepta el encargo de Felipe, el rey, porque sea un patriota, lo acepta porque conseguir ser presidente del gobierno es su única salida para no irse directo a la cola del paro en un par de meses.

A Iglesias se le va la olla. Primero juega sucio y se postula como vicepresidente y pide para Podemos, además, Economía e Interior. Lo que solo deja dos opciones de opinión, o este tipo es tonto, o no quiere realmente negociar nada, y como tonto no parece, voy a pensar en lo segundo. La intención de Iglesias y su círculo, al menos de momento, es reventar la legislatura y forzar elecciones en el menor tiempo posible. Bien... Vale, como estrategia. Pero, si hay elecciones porque Podemos fuerza la situación y la caga, o sea,  salen los mismos resultados (todo indica que así sucedería), ¿renunciaría esta especie salvador de los desheredados y se iría a su casa? No, no lo haría, porque lo único que buscaba en realidad Iglesias era la segura poltrona del Congreso, y esa ya la tiene segura. ¿Es que se cree que España es una república bananera? Hace muchos años que en España hay gente de izquierda, chaval, solo que no está afiliada a la mierda de partidos que la representan.

Y Ciudadanos quiere pactar y facilitar las cosas, pero dice que el PP tiene que entrar porque tiene más de 7 millones de votos y es necesario para la gobernabilidad. Es verdad parte de lo que dice, pero es que hay un problema: la corrupción. El PP solo merece el aislamiento, el que se junte a él saldrá manchado y le quedará el estigma de aceptar pactos con un partido mafioso y podrido. Y yo que pensaba que este tipo, Rivera, era listo y solo practica el buenismo absurdo y estúpido.

En fin. Espero que reaccionen y que entiendan que el pueblo les encargó hacer algo entre todos, o casi todos, y que se dejen de condiciones y de líneas rojas y demás gilipolleces. Puede ocurrir desde luego que, sobre todo Podemos, escuche los cantos de sirena de las encuestas y fuerce nuevas elecciones. Yo le voy a decir qué va a pasar: los porcentajes sobre voto emitido se moverán poco, pero el porcentaje de no voto, o sea de abstención por hastío, asco y aburrimiento probablemente sea la opción que más crezca, y esa será tú responsabilidad, amigo Iglesias.





29 enero, 2016

Evolución retrógada: la política

Por lo general, en la naturaleza ocurre que, según el ambiente se modifica, los organismos se adaptan a él. Aquellos que, por azar, presentan alguna característica ventajosa son los que mejor gestionan la nueva situación. Los mecanismos de copia de los genes, a veces, cometen pequeños errores; y estos errores, también a veces, resultan ventajosos para enfrentarse a entornos nuevos. Esta particularidad nueva se transmite a la descendencia, con lo cual, la especie continúa su viaje en el tiempo.

Otra garantía de buen resultado frente a las dificultades es la mezcla con individuos de distinto acervo génico. La cosa consiste en revitalizar la munición genética y hacerla más resistente. No podría haberse dado el éxito en nuestra especie si no hubiera sido por este hecho de mezclarse; de meter en la coctelera caracteres diferentes para obtener individuos mejor dotados para la existencia, para la reproducción, para la vida, en definitiva.

Con las ideas y con la cultura ocurre algo parecido. Se transmiten a través de las generaciones mediante memes. Los memes, nombre salido de la cabeza de Richard Dawkins, genetista británico, para denominar a las unidades de difusión cultural (ideas, hábitos, comportamientos...) pasan de una generación a otra de modo parecido a los genes, aunque por un mecanismo diferente. Y la batería «memética» se mejora del mismo modo que la baterñia genética, es decir: por un cambio casual acertado (mutación en un caso, o idea genial en otro); o por la mezcla, o sea, por la hibridación. El cruce de ideas, de culturas, de costumbres, siempre resulta positivo y enriquecedor porque genera nuevas características positivas en muchos casos, igual que los genes.

Lo que está ocurriendo en la política en España desde hace un par de décadas, me refiero a la baja o nula capacidad de gestión pública, viene de la mano de la completa incapacidad de los partidos para: 1º generar ideas capaces de solventar nuestros problemas, por ejemplo, modelo productivo, o modelo electoral; y 2º mezclarse con otros diferentes, pero compatibles, para hibridar, para reforzar su competencia. Ambas cosas están ausentes en el mundo político en nuestro país. Para muestra baste la situación creada después de las elecciones del 20 de diciembre pasado. Todo son ataques, acusaciones, líneas rojas, culpabilizaciones...

La capacidad de ver, de entender, de prever, está reñida con la endogamia. Cada partido se nutre de si mismo con cruzamientos internos: juventudes, laboratorios de ideas, etc... Pero nada de buscar nuevas formas de entender en la sociedad que los circunda. Todo empieza y termina en los límites del partido; fuera reside el enemigo que quiere aniquilarnos. Una visión, desde luego miope. Entre las poblaciones, la endogamia es un seguro de fracaso absoluto.

Una de las causas mayores de tal actitud entre los actores políticos es la Ley Electoral, el sistema de listas. Si Rajoy, por ejemplo, hubiese tenido que ganarse su circunscripción, probablemente no lo hubiera hecho por causa de la corrupción de la que es responsable. Y esta ley electoral no fue cambiada porque el interés de los partidos no es que los mejores estén al frente de la gestión. El interés de los partidos es el acceso a los cargos, a los miles y miles de cargos en juego en este negocio.

Con este panorama no queda más remedio que hacer acuerdos, pactos, cesiones que permitan remodelar poco a poco este sistema diabólico. La corrupción hace difícil acordar nada con el PP, y más ahora, después de los acontecimientos de Valencia. Pero el resto de partidos pueden construir mayorías holgadas que permitan hacer una legislatura puente en la que se articulen leyes que sirvan de base para el cambio necesario de modelo político y social. Pero para eso hace falta inteligencia colectiva, hace falta una avenencia general que catalice la síntesis de los memes que, poco a poco, se irían transmitiendo. Pero mucho me temo que nada de esto va a pasar... Una lástima.

21 enero, 2016

Las dificultades del PP

«El Partido Popular ha ganado las elecciones». Con una frase parecida despacharon los dirigentes del PP la pérdida de más de 60 diputados, o de más de 3 millones de votos. Y no deja de ser verdad. El PP había sido, incomprensiblemente, el partido más votado, con 7 millones de votos, contra 10 millones largos de 2011. La realidad era que le habían retirado la confianza cerca de un 35% de sus votantes. Pero, efectivamente, habían ganado las elecciones. Esa fue la simplista lectura de Rajoy, por ejemplo.

Ni un ápice de autocrítica, ni una pizca de humildad. Para qué. El PP había gobernado de manera absolutista y sencillamente se creía en el derecho de seguir gobernando. El apoyo de los demás era obligado, faltaría más. Si no lo hacían sería malo para España. Esta era la peregrina argumentación del PP. Esta y a cantinela, tirando de argumentario para tontos, de que más de 7 millones de españoles lo querían así. Pero parece que ahora modulan el discurso y empiezan a tener miedo de enfrentarse a una sesión de investidura.

Al estúpido que hace los argumentarios en el PP se le había olvidado que otros 14 millones de electores, o sea, el doble, habían dado su voto a las otras 3 opciones fuertes (PSOE 5,5, Podemos 5,2 y Ciudadanos 3,5). Pero estos, para el estúpido, insisto, que hace los argumentarios del PP no contaban. ¿No es verdaderamente absurdo? Pues para el PP no. El PP cree que el poder le corresponde por derecho divino y que puede hacer con él lo que quiera, los demás solo deben apoyar, o dejar hacer. ¿No es impresionante? Porque, que se sepa, Rajoy no ofreció nada a cambio de apoyos. Vamos, que por derecho divino.

El PP no va a poder gobernar, a no ser que haga concesiones que no están en su agenda a día de hoy. Sin embargo, a mi me gustaría que lo intentara, es más, yo le dejaría. Primero haría pasar a Rajoy por una sesión de investidura donde le pondría a parir por su desprecio hacia los otros partidos, por su incapacidad para dialogar ni negociar nada y por su permisividad con la corrupción. Lo de indecente
que le dijo Sánchez le iba a saber dulce. Es posible que hasta no fuera malo que se le dejase gobernar en minoría. Durante la legislatura solo se le pasarían las leyes que fueran como la mayoría dijese. Y al mismo tiempo le tendría estrangulado poniéndole delante de la vista los casos de corrupción insoportable que cada día le salen al PP. Señalaría en cada sesión a de la Serna, el comisionista escondido en su escaño y explicaría a todos que eso es la norma en el PP, no la excepción.

¿Podría Rajoy gobernar así? Yo creo que sería imposible, aunque no lo descarto. Tampoco creo que fuera muy cómodo un gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. Sánchez es un tipo normal, pero los antropófagos del partido quieren comérselo precisamente por eso, porque está haciendo lo correcto, y esto puede convertir en chicle algunos sillones si consigue el poder. A ver quién es el guapo que cuestiona en un congreso al Presidente del Gobierno. Pero un pacto con Podemos le obligaría a demasiadas concesiones, o estaría abocado al fracaso por la poca coherencia y las muchas facciones dentro de este nuevo partido. De todos modos podría intentarlo siempre que Ciudadanos le manifestara su apoyo a cambio de cierta coherencia.

Ciudadanos tiene la llave, y el poder en todos los casos. Rivera tiene claro que, a la vista del grado de corrupción del PP, no puede ir con él a ninguna parte. Es mejor dejar hacer al PSOE y modular. Demostraría inteligencia por su parte y tal vez fuera algo positivo para el país, aunque, insisto en la poca confianza que me merece el caos de ideas y de visiones de Podemos... Tal vez Errejón podría... Pero tengo dudas, muchas dudas. Por eso, tal vez fuera mejor dejar estrellarse a Rajoy y prepararse para una legislatura corta. Iba a ser entretenido ver a Mariano peregrinando al parlamento a contestar preguntas incómodas siempre que se solicitase, sin la protección de una mayoría absoluta, y ver al comerrojos de Rafael Hernando cabrearse como un mono sin poder evitar que se pusiera a su jefe en posición de firmes.




17 enero, 2016

Los agujeros del sistema: oposiciones

Desde hace muchos años me pregunto cuál puede ser el mejor sistema para seleccionar personal para la administración. En muchos casos tiene lógica, relativamente: se convoca una plaza y los candidatos que cumplen los requisitos pasan un examen. Este examen es un puro cuento, pues poco, o nada tiene que ver con el desempeño posterior. Pero, según dicen, es la manera más justa de hacerlo. Yo no lo sé. No sé si realmente hay algo de justo, o de injusto, en obtener una plaza por un examen, pero sí sé que hay otros métodos en otros lugares para llegar a ser empleado de la Administración.

Luego está lo de las oposiciones. Esa cosa tan rara para la que algunos no estamos dotados y que consiste esencialmente en cantar unos temas delante de un tribunal. Siempre me pregunté cómo habiendo ganado una plaza en «propiedad» en una dura prueba podía haber, por ejemplo profesores tan malos en la enseñanza pública mezclados entre otros excelentes. ¿Es que una oposición, un tribunal, no es capaz de discernir si quien está delante es un completo imbécil y previsiblemente incompetente?
Que hacienda somos todos es un cuento, dice aquí...

Todos nos hemos escandalizado por sentencias dictadas por jueces que parecen sacadas de antologías del disparate. ¿Cómo puede llegar alguien sin la mínima capacidad de discernimiento en una prueba tan dura y exigente como la de las oposiciones a juez o a fiscal. ¿Es que no existe nado ni nadie capaz de medir el grado de estupidez de las personas que se presentan? Porque, después de obtenida una plaza nadie puede dar marcha atrás.

La del despido en diferido
Estos días tuvimos el caso de una abogada del estado que dijo que eso de que Hacienda somos todos es un cuento. Lo dijo en el medio de un juicio por corrupción en el que, esta buena mujer, trataba de defender a una infanta de España, en lugar de los intereses del estado, que es para lo que están estos abogados. Y se quedó tan tranquila. Naturalmente el común de los mortales pensó que, o bien se trataba de una broma , o bien la señora en cuestión carecía del más mínimo sentido común.


Pues hay que joderse, así, sin más. Para ser abogado del estado hay que ser un verdadero fenómeno en lo de opositar. Solo las cabezas más capaces acceden. Tienen los abogados del estado gran predicamento en el mundo de la economía y de la política. Mario Conde, Soraya Sáenz de Santamaría, Dolores Cospedal, y muchos más... Dolores Cospedal, abogada del estado, fue la del «despido en diferido».

Tengo la sensación de que aquí hay que hacer algo. Las exigencias para trabajar para el estado pueden ser grandes. Pero la cantidad de lelos (pasmados) que se cuelan es preocupante. Al menos a mi me preocupa. Menos mal que las pruebas para los médicos son más serias. Claro que para ser médico hay que tener vocación y uno no sabe si es posible tener vocación de abogado del estado. ¿Es posible?

10 enero, 2016

Cataluña, el Estado y el miedo

El miedo es más que nada un mecanismo de defensa. Todos los héroes de guerra dicen haberlo pasado; vamos, que la heroicidad consiste más bien en vencerlo y exponerse a resultar herido para conseguir ganar la batalla. En la política española, en toda ella, incluso en la catalana, lo que faltan son héroes, porque miedo, lo que se dice miedo, de esto hay para dar y tomar.

Los nacionalistas, a la vista de que el negocio se acababa y de que aparecían serias posibilidades de que muchos de ellos acabaran entre rejas, como posiblemente termine su capo Jordi, al que solo la edad puede librar cumplir lo suyo en la penitenciaría que corresponda, decidieron hacerse independentistas. Sí, las derechas catalanas, burguesas ellas, tomaron la bandera del independentismo para salvar el culo. Solo les faltaba legitimarse. Pero para eso necesitaban el apoyo del pueblo en las urnas. Las manifestaciones masivas no eran suficientes.

Las derechas catalanas (incluyo a ERC, cuya E no es más que un asunto cosmético) intentaron una consulta en falso solo para que se viera lo mala que era España con Cataluña. Las derechas catalanas sabían que esto iba a pasar, pero que era bueno, porque era propaganda para esas futuras elecciones llamadas por ellas plebiscitarias. Y las elecciones se celebraron y el tiro les salió por la culata. Primero porque no tuvieron los votos esperados y segundo porque tampoco les salieron las cuentas en los escaños. Y aquí aparece el miedo y desaparecen los héroes.

Las derechas catalanas no quieren nuevas elecciones. Tal vez si al pueblo se le da la oportunidad hable con contundencia en uno u otro sentido, es decir: refrendar al independentismo y ponerse de su lado, o echar a tanto cuentista a patadas del parlamento. Esto sería lo que un héroe hubiera hecho. Pero Mas es un cobarde y prefirió vivir de rodillas ante los riesgos de morir de pie. Por eso pasteleó con la CUP. Que nadie se preocupe, no se morirá de hambre ni irá al paro. Seguro

Esta misma cobardía la tuvieron todos los presidentes españoles, que tuvieron docenas de oportunidades de convocar una consulta respecto a las cuitas del pueblo catalán. A ver si sus deseos iban por lo de ser ellos mismos, o simplemente una singularidad en el estado común español. Y para saber esto no se necesitaba ningún referéndum vinculante ni monsergas semejantes. Bastaba una consulta en las urnas sobre el asunto para, desde aquí, empezar a trabajar en política seria en lugar de en lucrativa política especulativa. Así que, en España tampoco hay, ni hubo héroes, solo políticos incapaces de vencer el miedo, además de incapaces de por sí.



Así que, al mirar a Cataluña, a su clase política y a los partidos estatales no catalanes, a la clase política no catalana, para que se me entienda. Al mirarlos, decía, se me viene a la cabeza la frase de las ancianas en los tebeos: «igualico, igualico qu el defunto de su agüelico»