17 enero, 2016

Los agujeros del sistema: oposiciones

Desde hace muchos años me pregunto cuál puede ser el mejor sistema para seleccionar personal para la administración. En muchos casos tiene lógica, relativamente: se convoca una plaza y los candidatos que cumplen los requisitos pasan un examen. Este examen es un puro cuento, pues poco, o nada tiene que ver con el desempeño posterior. Pero, según dicen, es la manera más justa de hacerlo. Yo no lo sé. No sé si realmente hay algo de justo, o de injusto, en obtener una plaza por un examen, pero sí sé que hay otros métodos en otros lugares para llegar a ser empleado de la Administración.

Luego está lo de las oposiciones. Esa cosa tan rara para la que algunos no estamos dotados y que consiste esencialmente en cantar unos temas delante de un tribunal. Siempre me pregunté cómo habiendo ganado una plaza en «propiedad» en una dura prueba podía haber, por ejemplo profesores tan malos en la enseñanza pública mezclados entre otros excelentes. ¿Es que una oposición, un tribunal, no es capaz de discernir si quien está delante es un completo imbécil y previsiblemente incompetente?
Que hacienda somos todos es un cuento, dice aquí...

Todos nos hemos escandalizado por sentencias dictadas por jueces que parecen sacadas de antologías del disparate. ¿Cómo puede llegar alguien sin la mínima capacidad de discernimiento en una prueba tan dura y exigente como la de las oposiciones a juez o a fiscal. ¿Es que no existe nado ni nadie capaz de medir el grado de estupidez de las personas que se presentan? Porque, después de obtenida una plaza nadie puede dar marcha atrás.

La del despido en diferido
Estos días tuvimos el caso de una abogada del estado que dijo que eso de que Hacienda somos todos es un cuento. Lo dijo en el medio de un juicio por corrupción en el que, esta buena mujer, trataba de defender a una infanta de España, en lugar de los intereses del estado, que es para lo que están estos abogados. Y se quedó tan tranquila. Naturalmente el común de los mortales pensó que, o bien se trataba de una broma , o bien la señora en cuestión carecía del más mínimo sentido común.


Pues hay que joderse, así, sin más. Para ser abogado del estado hay que ser un verdadero fenómeno en lo de opositar. Solo las cabezas más capaces acceden. Tienen los abogados del estado gran predicamento en el mundo de la economía y de la política. Mario Conde, Soraya Sáenz de Santamaría, Dolores Cospedal, y muchos más... Dolores Cospedal, abogada del estado, fue la del «despido en diferido».

Tengo la sensación de que aquí hay que hacer algo. Las exigencias para trabajar para el estado pueden ser grandes. Pero la cantidad de lelos (pasmados) que se cuelan es preocupante. Al menos a mi me preocupa. Menos mal que las pruebas para los médicos son más serias. Claro que para ser médico hay que tener vocación y uno no sabe si es posible tener vocación de abogado del estado. ¿Es posible?

1 comentario:

Omar Ramos dijo...

El paso de la dictadura a la democracia, la llamada modélica transición, creyó cumplidas sus tareas con la redacción de una constitución, unos pactos y unas negociaciones entre las fuerzas políticas que optaban al poder ejecutivo, legislativo y jurídico. Entre la herencia recibida del franquismo estaba el pensamiento único, producto de una actitud reaccionaria a cualquier cambio. A este conjunto de creencias, valores y héroes del sistema conservador de la derecha española, la transición no supo como abordarlo. La socialdemocracia sí, y lo intentó, pero sin mucha convicción entre sus propias filas militantes. El resultado de la debilidad de unos y las ansias de los otros, provocó un fenómeno interesante. Se transformaron los vicios políticos del franquismo en virtudes democráticas, peros sus otros vicios, quedaron sepultados en lo que se llama la idiosincrasia de lo español. La selección de personal, que se debe de basar en tres criterios, en lo sabe, en lo hazo y en lo que quiere, en Españistan queda reducido a uno sólo, a saber. La razón es sencilla, el franquismo es un sistema que trafica con el trabajo. Porque Españistan, para los que no lo saben, es un sitio, o país, donde no hay trabajo desde hace varios siglos, la razón es que los que tienen los recursos para la creación de empresas y proyectos prefieren invertirlo en otras especulaciones. En tal caso en Españisan, todo se construye sobre la busqueda del trabajo, se trafica con el trabajo. Se usan las recomendaciones, las relaciones desde que los infantes acuden a las escuelas privadas o concertadas son para eso para encontrar trabajo. La capacidad de que el sistema pueda evaluar los conocimientos las habilidades y las actitudes de una persona son innecesarias, cuando esa persona y su familia, desde unas 10 generaciones, han estado ejerciendo la memoria. Han aprendido de memoria los nombres de los reyes godos, y la de todos los amigos del rey, cuando el rey mandaba en España. Se sabían quién era cada conde y cada marqués de Españistan. Todo se lo aprendían de memoria. Sabían todo para poder ser nombrados veedores y oidores del rey, o cobradores de impustos o peajes en el pueblito aquel. Seguimos premiando a los que han sabido supervivir en esta corte, que no es otra, es la misma. Pero ahora no sólo hay un rey al que se le ofrece sumisión y se le adula, para obtener un trabajo, ahora hay partidos políticos con sus respectivos pesebres, en los que trabajan sus contactos. Pero volviendo al asunto de por qué seleccionar a nuestros funcionarios públicos sólo por eso, porque tengan una buena memoria. La razón es por eso mismo, porque siempre se ha hecho así en Españistan y no vamos a cambiar ahora, a menos que Españistan se rompa. Trabajar en España es un privilegio para unos pocos, y esos pocos son nuestros pocos, no los suyos. Si empezamos a exigir cierta experiencia atendiendo a personas, si empezamos a valorar y analizar las actitudes de nuestros funcionarios, para saber cual es su ética en el servicio y exigir que sepan desarrollar esos conocimientos en casos concretos, entonces Españistan se alzará en armas y convocarán las ordas de trolls desde el cuarto poder. Aunque sepamos que el actual no es un sistema justo, no es eficiente, no es realista y no es imparcial, pero es que les gusta a los herederos de aquel pensamiento único, a los que saben que debajo de toda pregunta, hay alguien que tiene escrita la respuesta. El franquismo no ha muerto todavía, goza de una razonablemente buena salud, a pesar de muerto el perro aun no acabamos con su rabia.