28 noviembre, 2016

Dictador y cobarde son sinónimos

La muerte de Fidel Castro no me produce sensación interior alguna. No albergo sentimientos para este tipo de gente. Los dictadores son unos cobardes, siempre lo fueron: Hitler, Mussolini, Stalin, Franco. No se libró ninguno de mi juicio. Un juicio que tal vez muchos no compartan, pero yo no puedo evitarlo, me lo dicen las vísceras y, tras mucho darle vueltas, también me lo dice la razón.

Los dictadores como Fidel Castro, como Franco, como todos, toman el poder mediante algún tipo de golpe de mano, sea militar o civil, sangriento o no violento, pero con el resultado de contraponerse al poder previamente establecido y dominar a su pueblo, lo que implica obligarle a hacer lo que, al menos una parte de él, no quiere hacer.

Es verdad que el golpe de Fidel tenía algo de justo, si lo comparamos por ejemplo con el de Franco. Cuba era un casino por el que pululaban putas, putos y turistas, casi todos estadounidenses que iban allí a dar salida a sus bajos instintos, a gastarse la pasta y a ser complacidos por los cubanitos. Fidel los echó de allí a patadas y devolvió la dignidad, según decían sus partidarios, al pueblo cubano. Pero, claro, eso solo lo decían sus partidarios, porque los que no lo eran tenían dificultades para expresarse, muchos de ellos porque, muertos, no podían hacerlo.

Fidel dio muchas cosas al pueblo. Pero decía mi abuelo, que lo había vivido, que Franco nos había dado la seguridad social y la indemnización por despido de cuarenta y cinco días. Es verdad que Fidel hizo de Cuba un lugar en el que la sanidad y la educación son excelentes, comparados con los países de su entorno; y que mantuvo la moral de una nación bloqueada. De acuerdo que el golpe de Castro no trajo un millón de muertos en una guerra y casi otro después por las represalias, como el de Franco. Pero en lo que se parecen uno y otro personaje, y los antes mentados, es en su cobardía.

Los dictadores son unos cobardes porque tienen en su mano todos los mecanismos del poder y los utilizan solo para mantenerse en él. Ninguno tiene el valor de, una vez puestas las cosas en un punto que, más o menos ellos deseaban, dar entrada a todas las sensibilidades y convocar unas elecciones libres. Todo lo más, convocan «consultas» con preguntas capciosas a las que, normalmente el pueblo consultado responde como a ellos les interesa. Fidel nunca dio la oportunidad a los cubanos de expresarse libremente, por eso era un cobarde. Por eso su muerte no me causó pena, o al menos no más de la que me pudiera causar la de cualquier anciano desconocido. Tenía noventa años y había tenido una vida mucho mejor de la que le había dado a su pueblo. Otra similitud con Franco.

Reconozco que Fidel Castro no me caía demasiado mal, no como Franco, al que siempre odié con todas mis fuerzas. Pero, lo mismo uno que otro, eran sobre todo cobardes, y con la cobardía de los poderosos nunca pude.

23 noviembre, 2016

Hipocresía y descortesía

En la política, prácticamente en todas partes, la hipocresía es norma. Ser hipócrita es casi consustancial a ser político, en especial cuando eres mediocre o malo, como es el caso tantos de los políticos españoles en ejercicio. La manifestación de «dolor» por la muerte de Rita Barberá escenificada hoy por las diputados del PP, por todo el PP en general, es un ejemplo palmario de fingimiento, de doblez, de hipocresía.

Hasta ayer, la senadora fallecida no estaba en el partido, ni era esperada. Había sido expulsada para que su presencia no obstaculizara los anhelos electorales de sol candidatos. Barberá era reconocida popularmente como corrupta y había sido incluso llamada ante el Supremo para preguntarle sobre algunos asuntillos; nada serio en comparación con lo que tanto ella como casi todo el PP parecía manejar en Valencia y en casi todo el país. La antes alcaldesa no había sido cazada, ni lo será ya. Y aunque a este que suscribe le fastidie, porque la finada no le caía nada bien, en este país todo el mundo es inocente hasta que no se demuestra su culpabilidad en sede judicial.

Por lo tanto, papelón del PP en su intento de glosa de la otrora todopoderosa Rita. Sus mojigatos compañeros se deshicieron en elogios y todos estaban deseosos de hablar de ella, de la mártir a causa de la presión mediática, llegó a decir un ministro, de bastantes pocas luces, parece. si yo tuviera que decir que le dolía a esta presunta corrupta señora, era precisamente el abandono por parte de sus ex compañeros.

Dicho ya quedó lo de la hipocresía. Vayamos ahora a lo de la descortesía. Aquí Unidos Podemos se lleva el premio. Se organizaron con rapidez para ausentarse cuando la presidenta pidió un minuto de silencio por la difunta Barberá, parlamentaria en ejercicio, como siempre se hizo cuando ocurrió algún deceso de algún compañero de escaño del Congreso o del Senado. Es importante reseñar que en ejercicio, porque alguien de UP señaló que por Labordeta no se había hecho tal minuto.

Fue Labordeta un ejemplo de político ni hipócrita ni descortés, o sea, un ejemplo de político sincero, franco, cortés, afable y educado. No hay nadie en ningún partido en este país que le llegue al Sr. Labordeta a los talones. Por ello, ningún piernas de Podemos debería siquiera referirse a él para intentar justificar después del acto de descortesía de haber salido del pleno por un simple minuto de silencio, que aunque fuera de alguien que por su trayectoria no se lo merecía, a un muerto, una muerta en este caso, siempre se le debe un poco de respeto. El Sr. Labordeta, con toda seguridad, se habría quedado en el hemiciclo. Era una persona educada.

Por otro lado, la reprobable, Rita Barberá nunca fue condenada por nada y ganó limpiamente sus cargos con mayorías que ya quisieran para sí muchos de los hipócritas y de los descorteses. Vaya mi respeto por ella, a pesar de aborrecerla.

11 noviembre, 2016

Falta de estímulos

El estímulo lo es todo en la vida. Sin estímulos no hay acción, nada funciona, nada progresa. El amor, el sexo, las artes, las relaciones de amistad. Todo requiere el necesario estímulo. En política, la reacción de los electores depende de los estímulos que reciban. Unos necesitan más, y otros necesitan menos, como en el sexo. Hay quien se excita con una pequeña caricia y quien requiere aportaciones casi preciosistas para que su libido se despierte.

Cuando en un país como los EE.UU. hay elecciones presidenciales la calidad y la cantidad de estímulos enviados por los candidatos son determinantes, no ya para el voto favorable, sino para la participación en las mismas. En este enorme país, en el que hay tantos ricos, tantos intelectuales, tantos snob y tanta gente culta y de clase media bien consolidada, también hay la otra cara de la moneda: pobres, personas que tienen que trabajar muy duro para obtener salarios míseros, gente poco culta y a la que la cultura le importa un rábano, creacionistas, racistas...Y luego están las minorías más desfavorecidas: negros, hispanos, chinos, árabes, refugiados de mil sitios, con y sin ciudadanía americana, aunque estos no cuentan. Y todos ellos requieren distintos tipos y grados de estímulos para votar.

Donald Trump jugó bien sus bazas. Supo enviar los estímulos necesarios a la gente adecuada. A los más conservadores les habló hasta de un muro en la frontera sur, a los temerosos de la expulsión de musulmanes, a los obreros de las zonas desindustrializadas de industrialización y a los ultrapatriotas de volver a hacer a América grande. Envió los impulsos perfectamente dosificados y con puntería certera. Así, todos ellos, desde el creacionista ultrarreligioso hasta el currante blasfemo pasando por el hispano con papeles o por el negro acomodado, todos fueron a votar. Trump envió mensajes populistas porque, inteligentemente, se dio cuenta, como todos los populistas que cuando las cosas van mal, a la gente hay que decirle lo que quiere oír, aunque sea imposible de cumplir.

Hillary debería haberse dado cuenta de que los mensajes populistas iban a movilizar a todo el electorado conservador. La gente de derechas, da igual que sean pobres que ricos que blancos que negros va a votar porque no es crítica. Esto lo sabía bien la candidata, pero menospreció a aquellos que sin ser conservadores tenían serios problemas, como era la gente del otrora demócrata cinturón industrial alrededor de los grandes lagos, estados casi siempre demócratas. Hilary perdió Pensilvania, Ohio, Michigan y Wisconsin. Se dejó aquí 59 delegados que le hubieran dado la presidencia. Se equivocó. No supo darles esperanza a los votantes, y sin la activación adecuada, muchos cayeron en las redes populistas.

Hillary también menospreció al votante demócrata más acomodado, o con menos problemas. Pensó equivocadamente que su voto era seguro, pero estos votantes no encontraron razones para acudir a las urnas. Hillary ya no gustaba mucho al elector demócrata medio: demasiado quemada durante demasiados años; una candidata sobreexpuesta. Su equipo no supo movilizar a este electorado. Si lo hubiera hecho, tal vez se hubiera evitado el desastre.

Algunos analistas culparon a quienes se abstuvieron de que Trump hubiese ganado. A mi juicio esto es equivocado. El elector no tiene por qué ir a votar si no hay razones para hacerlo y es labor de los candidatos estimularlo adecuadamente para obtener la deseada respuesta. Como en el sexo. Ni más, ni menos.




06 noviembre, 2016

Tomarás la justicia por tu mano

La historia a que me refiero ocurrió en México, un país un tanto desintegrado en esto de la delincuencia, a la que no hay gobierno que le mata mano de verdad. Los casos de Ciudad Juarez, millares de mujeres muertas; las ejecuciones masivas y sanguinarias de los narcos, decapitados, mutilados; los cuarenta y tantos estudiantes muertos no se sabe por qué. La vida de la gente no vale nada en México, al parecer. Sin embargo allí vive gente normal con su trabajo, con su vida que, sin ser ajena a todo esto, tira hacia delante.

En México, a tenor de las noticias que saltan cada poco tiempo, puede pasar casi cualquier cosa. En esta ocasión me llamó la atención un caso curioso de un «justiciero» casi de película, como aquella en la que Charles Bronson se cargaba a todos los malos que se le ponían delante solo por el mero hecho de ser eso: malos. Pues este hombre, el mexicano al que me refiero, iba en un autobús que se dirigía al DF de madrugada, alrededor de las 6 de la mañana, cuando, en una parada entraron cuatro tipos que resultaron ser atracadores.

Uno de los bandidos apuntó al conductor mientras los otros atracaban a los pasajeros a punta de navaja y de amenazas. Les quitaban todo lo que podía tener valor y lo metían en sus mochilas. Cuando acabaron el trabajo, el jefe, indicó al conductor que se preparase para parar. Los cuatro ladrones se dirigieron a la puerta para bajar. En ese momento, uno de los pasajeros, desde la parte trasera del bus, nuestro hombre, se levantó, sacó una pistola y, con frialdad, le pegó un tiro al jefe, que cayó fulminado desangrándose. Los otros, aterrorizados, consiguieron abrir la puerta y salir huyendo saltando apelotonados por encima del cuerpo del cabecilla.

Sin embargo el ejecutor, con rapidez, pero con seguridad, saltó por encima del caco caído, apuntó con su arma a los que escapaban y disparó otras tres veces..., e hizo blanco. El resultado cuatro cadáveres de cuatro bandoleros que ya nunca iban a volver al trabajo, ni a casa. El juicio había terminado. El juicio sin juez, sin jurado y sin partes acusadoras ni defensoras. El ejecutor se dirigió a sus ajusticiados, les cogió las mochilas con el fruto del atraco, se las devolvió al pasaje, se bajó del autobús, y se perdió en la oscuridad.

No escribo esto por contar una historia más  menos manida y ya tratada hasta por el cine más cutre, sino porque los testigos, cuando fueron interrogados, ninguno de ellos describió al autor de las muertes. Todos declararon «visión defectuosa»: la oscuridad, el estrés, en fin, esas cosas.

Por lo que cuento esta historia, que se puede encontrar en Google con pelos y señales, es porque no estoy seguro de no hacer lo mismo si yo viviese en México, donde los crímenes sin esclarecer son abrumadoramente mayoritarios, y la policía es un nido de corrupción, como la justicia. Más aún, en un caso similar, no puedo asegurar como actuaría, incluso aquí, en España, que sin ser México, de corrupción y de justicia lenta y poco ejemplarizante vamos bien servidos. Creo que colaboraría con la policía, pero no podría asegurarlo después de que mi vida hubiera estado en peligro...¿No es un buen tema de debate?

24 octubre, 2016

Huérfanos

Los partidos de izquierdas (me gusta poco incluir a Podemos en la izquierda, pero, sea) nos han dejado huérfanos a todos los que habiendo estado por años en la abstención habíamos decidido salir de ella para votar a cualquier opción desde Ciudadanos hasta IU con el único objetivo de que llegara a dignificarse la vida política en nuestro país. Una vida política hecha jirones por la corrupción del PP y, menos, del PSOE en Andalucía en especial.

Los partidos de izquierdas (mira que me cuesta meter el peronismo en la izquierda, pero vale) se han equivocado de plano, vistas las cosas ahora en perspectiva. Sus decisiones desde el 20 D pasado, en que Rajoy ganó con 120 diputados han sido todas, sino malas, muy malas. Más aún, pésimas. Es fácil de entender si uno deja a un lado sus preferencias por este o por aquel y solo mira los datos y los resultados.

Primer error: no haber dejado gobernar a Rajoy con 120 diputados. El PSOE no necesitaba contar con nadie para tomar esa decisión. Bueno, con nadie que no fuera la federación andaluza, dispuesta siempre a hacerle la vida imposible a Sánchez. No obstante, de haberlo hecho, el PP habría tenido que gobernar con unos presupuestos trampa aprobados con prisa por si gobernaba otro. El PP se habría desgastado, se habrían derogado leyes en el Parlamento y, si se daba la necesidad se organizaba una moción de censura que largase a Rajoy y a su equipo de La Moncloa.

Segundo error: haber vetado a Podemos para intentar un gobierno. Este achacable a Susana Díaz en exclusiva. Un asunto de odio personal hacia su homóloga andaluza en Podemos, que la acusa siempre (y es verdad) de no haber dado un palo al agua que no fuera en al partido, algo que a esta faraona de patio de colegio le sabe a cuerno quemado. Este enconamiento de esta mujer contra Podemos arrastró a todo el partido y se perdió la oportunidad de, al menos intentarlo. Bueno esto y su odio a Pedro Sánchez, a quien no quería ver de presidente de ninguna de las maneras. Susana Díaz es un peligro basa sus decisiones en el rencor.

Tercer error: Pablo Iglesias se erige en vicepresidente plenipotenciario. Un detalle no menor destinado a dejar claro que la parte pablista de los peronistas no quería nada con el PSOE, a pesar de con la boca decir que tendía la mano. No se puede pretender tener más poder del que le daban sus 70 diputados, 20 menos que el PSOE.

Cuarto error: no aceptar un gobierno PSOE - Ciudadanos. Podemos deja claro de este modo que quiere terceras elecciones porque cree que puede superar al PSOE y ratifica así que no quiere nada con el PSOE, que no sea su exterminio completo. Queda claro, no obstante que era difícil de admitir para alguien de izquierdas un gobierno con Ciudadanos, que representa al centro, y eso de centro, en este país se interpreta como derecha. Sin embargo haber aceptado habría significado la salida del PP de Moncloa, algo que dejó perplejo a esa parte del electorado a la que trato de, si se me permite, representar. Siempre habíamos pensado que el gran objetivo era descabalgar a Rajoy.

Quinto error: Unidos Podemos. IU era una izquierda minoritaria, pero más o menos seria. Podemos e IU creían en sobrepasar al PSOE, gran objetivo personal de Iglesias. sin embargo, un millón largo de votos se les quedaron en casa. Es sintomático y dice mucho de la talla política de Iglesias y de Garzón, que todavía no hayan asumido con toda claridad su fracaso completo al fomentar tan peregrina idea.

Sexto error: dar palos de ciego tras las segundas elecciones. El PSOE debía haber reaccionado rápidamente y negociado la abstención a cambio de modificaciones de leyes y presupuestos. Pero hizo un comité federal que decidió unánimemente el NO a Rajoy. Lo raro es que también se decía no a terceras elecciones, lo cual hacía pensar hasta a los más tontos que había un plan para hacer un gobierno alternativo PSOE Podemos Cs, pensábamos algunos o PSOE, Podemos y nacionalistas, pensaban otros. Pero no, nada de eso. El comité solo buscaba una situación absurda de doble NO (elecciones y Rajoy) que permitiera un golpe de mano contra un Sánchez sin capacidad de operación y traicionado por los suyos (en los suyos no se incluyen los militantes).

Omito la vergüenza del Comité Federal del PSOE de este domingo pasado porque no vale la pena. Pero tengo la sensación de que la corrupción terminó por triunfar en este país. España estará gobernada por el partido más corrupto de la historia de Europa con el apoyo de el PSOE de Andalucía, corrupto él también hasta el tuétano, arropado por palmeros también corruptos por complicidad.

Por esto nos sentimos huérfanos. Y la orfandad es un sentimiento difícil de soportar, y que no se olvida. A la primera oportunidad nosotros, desde la inclusa de la abstención, nos tomaremos algún día nuestro desquite, porque no tenemos nadie, desde el centro hasta la izquierda extrema a quien valga la pena votar, según se desprende de un análisis frío de los hechos. Solo un aldabonazo de alguien como Borrell en el PSOE, o la ruptura de este y la aparición de un partido socialdemócrata con Borrell al frente nos haría volver, y aquí estamos esperando. Aunque esto no es más que un sueño casi erótico.

13 octubre, 2016

Si en política existiera la dignidad...

Si en política existiera la dignidad en el sentido del decoro en los actos, en los comportamientos, este país ya habría resuelto muchos de sus problemas endémicos. Sin embargo no ha sido así. A las malas cualidades de la sociedad española, esas que todos conocemos: la pereza, la envidia, el «al enemigo ni agua», la poca afición a hacer las cosas como debe ser, y otras tantas, se suma ahora el gravísimo problema de que quienes están en política, quienes se supone que tienen que hacer que las cosas mejoren, son en gran medida indignos, indecorosos, lascivos, en lo referente a esa relación casi pornográfica con el poder, y despreocupados respecto a lo que se supone es su objetivo: mejorar la existencia de sus representados.

Pero la dignidad no existe en política, y no existe porque, a pesar de haber montones de personas honestas que la ejercen, estas no se plantan, no ejercen la desobediencia activa ante las consignas de sus mayores en las organizaciones. La lucha por el poder en ellos se hace evidente hasta en niveles locales. Hay verdaderas puñaladas por tomar el control del aparato, por pequeño que sea. Y nadie dice nada, ni cargos electos ni militantes, nadie, o al menos no se oye ruido alguno que no sea el de los cuchillos entrechocándose.

Cualquier español con una mínima capacidad de análisis sabe que el paradigma de lo que no debe ser un partido es el PP. La corrupción está en él como la suciedad en una pocilga descuidada. Tan solo se echa colonia para tapar el hedor, pero no se hace nada por eliminarla de raíz. ¿Y que dice la militancia, o los mismos votantes? Nada. La militancia es mansa, y los votantes, en una actitud muy española, solo por no votar a otro son capaces de desayunarse cada día con una montaña de mierda, como escarabajos peloteros. Naturalmente están en su derecho, pero no está de más recordárselo.

Dicho lo anterior, cualquiera que esté en política sabe que el PP es una organización cuasi mafiosa. Pues bien. Tras las primeras elecciones de diciembre de 2016, hubo una oportunidad, bien de dejarlo gobernar en minoría vergonzante con su presupuesto, para plantearle después una moción de censura y expulsarlo (esta oportunidad la tuvo el PSOE y todo el mundo podría entenderlo), o bien descabalgarlo de Moncloa después de el acuerdo PSOE - Cs (esta la tuvo Podemos). Pero en todos los casos se pensó para adentro: el PSOE quería gobernar, aunque a Sánchez se le prohibía hacerlo con Podemos, y Iglesias vio en su no al pacto anterior la oportunidad de destruir al PSOE, que era su verdadero objetivo.

La indignidad en la política hizo que el PP se recompusiese y se reforzase en las elecciones del 26 J. Y ahora vamos a ser testigos de una indignidad mayor aún. El PSOE va a facilitar el gobierno del PP, y lo va a hacer tras un golpe de mano indecente. Lo va a hacer a pesar de que en el juicio de la Gürtel se están sabiendo cosas que harían vomitar a un forense. Lo va a hacer en contra del criterio de sus militantes, que huyen en masa de ese nido de víboras. Lo mismo que Ciudadanos, que va a facilitar un gobierno ya de antemano corrupto. ¿Cómo Rivera puede caer tan bajo tras declararse paladín de la limpieza? ¿Qué le están ofreciendo? Porque lo del PSOE es claro, al PSOE le ofrecen la cuota de poder que permite seguir engordando los ya gordos culos de sus elefantes oficialistas.

No es digno, y a la vista de los testimonios de Correa y compañía, menos, abstenerse ni votar sí a la continuidad del PP. Ni el PSOE ni Ciudadanos, pero en especial el PSOE, pueden permitirse tal inmoralidad. Es igual ir a terceras elecciones, a cuartas o a quintas, mientras Rajoy sea candidato al menos. Si lo ponen los electores y gana por mayoría suficiente, nada que decir, allá ellos con su voto. Pero los partidos deben conservar su integridad. De no ser así, algún día nadie creerá en ellos, y a día de hoy ya somos muchos.

05 octubre, 2016

Digan Enthaltungen

Enthaltungen es una bonita palabra alemana que nuestros amigos socialistas pueden utilizar para no tener que pronunciar la que no quieren: abstención. El ínclito presidente de la gestora que dirige el partido podría decir: «Por el bien de España, nuestra posición ante un nuevo intento de investidura de Mariano Rajoy será una enthaltungen que facilite la formación de un gobierno». De esta manera no tendrían que pronunciar la palabra abstención, que no les gusta nada. Fíjate tú, como se va a decir abstención, menudo palabro. Te pueden largar incluso una rima de mal gusto tus adversarios: «¿Qué vais a hacer en la investidura?». «¿En la investidura...? Abstención». «Ah, pues tócame un c--´n». «Y estaría muy horrible, ¿no?». Queda mucho mejor «¿Qué haréis en la investidura...? Enthaltungen». «Y eso qué es». «Hombre, pues eso..., Enthaltungen. ¿No es cool?» «Ah, sí, sí es cool».

Es como si el PSOE se hubiese pasado al pijerío. Ya empezaron con Zapatero, que no decía crisis, que era otro palabro y que no quedaba bien en el vocabulario de un presidente. No dicen abstención porque no suena bien. Lo suyo es explicar a la militancia, y al pueblo estúpido en general, que se quitó a Sánchez porque había que facilitar la gobernabilidad de España mediante una Enthaltungen. El objetivo del motín andaluz, un alzamiento en toda regla secundado por las baronías afines, no era en realidad echar a Sánchez, sino quitarle el mando para llegar a una Enthaltungen, que es lo que necesitaba España, según decían los golpistas.

La trama contra Sánchez que tejió la gran estratega Susana y sus generales, más allá y más acá de Despeñaperros, se antoja ahora bastante burda e infantil. Se nota a las claras que solo querían el poder del partido. Que a ellos, lo de la democracia interna les importa un bledo, lo diga, o no, la Constitución. Sánchez era un estorbo para continuar con el mando oligárquico y hereditario (una cosa parecida al PP) y había que quitarlo del medio.

Pero, héteme aquí que la conspiradora no demostró mucha inteligencia; ni la conspiradora ni quienes la aconsejaban. No contaban con Rajoy, político corrupto y poco inteligente, pero no tonto. Sánchez tenía una posición clara: NO. Ahora quitaron a Sánchez para abstenerse, perdón para sich enthalten (abstenerse). Y, claro, Rajoy, que de tonto no tiene nada más que la cara, dice que si se quieren abstener que hay que pagar un peaje; que abstención sí, pero con garantías de estabilidad, presupuestarias, etc... Vamos, que quiere un gobierno para cuatro años.

Qué capacidad estratégica la de la tropa andaluza y resto de conspiradores. Ahora resulta que se encuentran en una situación mucho más delicada que con Sánchez, cuya posición: que Rajoy buscase sus apoyos sin contar con el PSOE, era clara para todo el mundo. Ahora resulta que al dar ese paso, Susana la lista, deja al PSOE a merced del PP, que sabe que si hay otras elecciones, no solo conseguirá mejorar, sino que dejará a los socialistas en cuadro. Si hay terceras elecciones tendrán en el PSOE que hacer una campaña exprés, y a ver donde encuentran alguien que quiera ir en cabeza sabiendo cuál es el peligro: resultados catastróficos para ellos, mayoría absoluta para el PP con Ciudadanos, y un tren de mercancías que les pasa por encima (Podemos) en votos y en escaños.

Un buen golpe de estado este del PSOE: represión contra el oponente, desaparición de la democracia y un electorado huérfano con la abstención como único refugio. Buen tándem Susana Díaz y Pablo Iglesias (el joven). Sin darse cuenta, entre los dos la liaron parda, reforzaron al PP, pudiendo haberlo quitado, se cargaron al PSOE, cuya única posibilidad era Sánchez. Ahora ya manda ella, la gran Susana. A ver que hace si el PP fuerza elecciones. Supongo que nada... Ella es parecida d Rajoy, deja que se quemen los demás. Sánchez, al menos era valiente. No sería, seguro, el líder ideal, pero tenía valor, y algo de honor, que es algo casi imposible de encontrar en el actual PSOE.