17 noviembre, 2013

Llegó San Martín

Parece una broma, pero no. En plena época de matanza, por San Martín de Tours, obispo él, el San Martín le toca a Rouco. Al final a todos les llega, Antonio María, a todos sin excepción. Todos aquellos que abusáis de vuestro poder, que abusáis de vuestra posición para hacer que las cosas sean como vosotros queréis, los que manipuláis, ocultáis, retorcéis y adulteráis la realidad, llega un momento en que alguien os sitúa en vuestro lugar, o al menos os echa de una patada de donde nunca deberíais haber estado. Se acabó, Antonio María, te llegó tu San Martín... Bon voyage.

No se me borra de la memoria la cara afilada, hierática, fría e insensible de este majadero llamando a las manadas de "soldados" a manifestarse por la familia, o el tono frío y distante de sus homilías, o de sus declaraciones tratando de influir en la sociedad, en la política para que se legislase en función de una determinada moral o forma de ver la vida que consiste únicamente en que las cosas parezcan lo que no son. Da igual que un cura haya obligado a un niño a chupársela, o que una niña de buena familia cristiana vaya a soltar el fruto de un mal polvo a Londres, o donde sea. Lo que importa es que no se aborte en la cristiana España.

Este mentecato, al frente de la diócesis de Madrid y de la CEE (Conferencia Episcopal) se las ingenió para que un gobierno cambiara la ley de educación para hacer que la religión católica fuera parte de la evaluación de la capacidad académica de un chaval. Antes se soportaba porque la religión no contaba y te la aprobaban por la gorra; ahora, este nazi, deja como herencia esta patata caliente. Los que no les gusta tendrán que estudiarla y en algunos colegios, de pago, darán sobresalientes para elevar la nota media de los Borja Mari y Paloma de turno. ¿Cómo un individuo puede ser tan mezquino? Pues no lo sé, pero a este personaje, a mi me basta mirarle a la cara para creérmelo todo de él.

Puede que se piense que tengo algo contra la moral cristiana. Al contrario, me parece correcta en lo esencial. Pero hay una cosa que no tolero, y es la injerencia en asuntos civiles. La corporación católica, una empresa llamada Iglesia nunca puede influir en cómo debe ser una sociedad. Si rechazo que en los países árabes (en algunos) las mujeres de los occidentales tengan que adaptarse a sus costumbres, rechazo también que la Iglesia Católica, por medio de este tipo de personajes despreciables impida que España sea como quiere ser, es decir: como los españoles quieran.

En España hay cristianos, no cristianos, ateos, agnósticos, taoístas, evangelistas, madridistas, y hasta fascistas y comunistas. La sociedad española es plural y las leyes y los gobiernos deben garantizar esa pluralidad. Sí, efectivamente, hay aborto, divorcio y no sé cuantas cosas más que no les gustan a los cristianos. Pero no pasa nada. Que haya leyes de este tipo no las convierte en obligatorias, ¿no? Bueno, pues para la Iglesia, al menos hasta ahora, no deberían existir y si pudiera las derogaría. ¿Alguien se imagina hasta dónde se oirían las risotadas del personal si nos intentan imponer el Ramadán? Pues lo mismo. Así que, Antonio María, púdrete en ese infierno con el que pretendes atemorizar a los pobres crédulos que te escuchan y sufre tu penitencia eterna.

5 comentarios:

Bond dijo...

Como te pasas con este santo varón, ejemplo y luz de tanta gente de bien

Cani dijo...

¡Amen!

Victoria Diaz dijo...

Es de una soberbia intolerable pensar que alguien tiene derecho a imponer a los demás su propia conciencia y moralidad.

Victoria Diaz dijo...

A la hoguera, curona,

Jesús Arribas dijo...

Efectivamente, Victoria. La soberbia es el peor defecto de una parte de la Iglesia.