23 marzo, 2014

Suárez Illana y el pudor

No es mi intención juzgar a este hombre ni lo voy a hacer. Cuando tu padre se muere puedes llegar a hacer cosas que, una vez pasadas y vistas en perspectiva, tal vez te hagan avergonzarte de ti mismo, en el pecado se lleva la penitencia. Respeto el dolor de este hombre; respeto la pena de la familia. Una persona querida parece empezar a decir adiós. Pero el adiós puede ser largo, o muy largo, y hay ciertas cosas con las que es mejor no jugar a las predicciones. El momento de la muerte es una de ellas.

Todos los que tenemos cierta edad y hemos perdido a nuestro padre hemos pasado por ese momento. El dolor es el mismo porque el dolor no sabe de política. Da igual que tu padre haya sido presidente del gobierno o peón caminero. Con tu padre te abandonan la mitad de tus genes y ello te causa una enorme aflicción, más cuando lo ves como se apaga lentamente y con gran sufrimiento. Yo, como muchos, perdí a mi padre y no comuniqué a nadie la inminencia de su muerte porque eso pertenece a lo de uno, a la intimidad, al susurro, al llanto escondido. Hay un código de pudor no escrito en estos casos que, a mi entender Suárez Illana incumplió.

No juzgo al hijo de Adolfo Suárez, es decir no valoro como buena o mala su intervención. Pero creo que su estado de ánimo le jugó una mala pasada y le nubló la mente. Tomó la decisión de airear una agonía y probablemente no midió sus consecuencias. ¿Qué consecuencias? Fácil... Suárez lleva más de diez años sin aparecer en público y su hijo abre las ventanas de par en par justamente en el momento en que debía ser más recatado.

Adolfo Suárez puede que sea el único político español vivo que cuenta con el favor de toda la población. Todos, tanto los que pensaban como él como los que no lo hacían, saben que se le debe mucho. Por eso, por su trayectoria, por respeto, por dignidad y por pudor habría merecido una agonía sin micrófonos ni partes médicos. ¿Difícil? Ya. Es inevitable la presión mediática. Pero, ante esto basta el socorrido la familia desea la máxima discreción en estos momentos, gracias. La prensa estaría en la calle esperando noticias; el pueblo español estaría expectante y entristecido. Pero no hay nada que desmitifique más a una persona que una agonía retransmitida como un acontecimiento mediático. ¿Alguien se acuerda de Franco? Pues eso. Suárez se hubiera merecido otra cosa.

Mis respetos a la familia.

2 comentarios:

Luis H. dijo...

No deja de ser difícil de creer esta muerte anunciada, no me parece algo que un hijo debería hacer, más cuando la agonía de Suárez es patente desde hace ya años.
¿Qué diría él sobre este revuelo mediático y el papel del hijo si recobrara la razón por un momento?
Saludos

Bond dijo...

Hay que ser más discretos. Seguro que Chus recuerda un triste caso, muy reciente