25 mayo, 2015

Aguirre. A rascarse tocan

«Al que le pique que se rasque», declaró Esperanza Aguirre después de montar en cólera por conocerse sus datos fiscales y hablando de lo mucho que ganaba. O sea, que el que no gane pasta que se joda (con perdón). Vamos, que haber nacido rico, haberse casado bien, o haber entrado en política y puesto el cazo. Porque lo que está absolutamente claro es que de su trabajo en una empresa de cazatalentos no puede venir un sueldazo de seis cifras, a no ser que la consabida empresa busque en Aguirre cosas diferentes a las que se requieren para ser un simple evaluador de personas para la vida laboral, es decir, su agenda de contactos y su influencia... Un asco.

Esperanza Aguirre tal vez sea el caso de máxima incompetencia en la política a lo largo de los últimos treinta años en España. Todo lo que hizo se basó en el populismo y la demagogia de la más baja ralea. Todavía está por saber cómo se gestó el soborno a Tamayo y a Sáez. La gestión de este siniestro personaje, que dice no saber nada de los casos de corrupción que crecieron a su alrededor durante toda su carrera, es de lo más escandalosa. Ella nunca sabe... De ahí la fácil conclusión de que es una persona extraordinariamente incompetente. La otra hipótesis es que lo que pudiera haber hecho no sea posible demostrarlo.

Sus declaraciones altisonantes y fuera de tono, carentes de todo estilo, contra colectivos profesionales enteros (que se lo pregunten a los arquitectos), sus broncas en público a colaboradores, sus abandonos de las entrevistas con la peregrina excusa de que tiene otros actos (a Jordi Évole), su «chulería» y su arrogancia ante cualquier situación, la hacen parecer cualquier cosa menos una persona cercana en la que se pueda confiar. La pregunta es. ¿Por qué la votan entonces?

La respuesta es sencilla. Ella siempre hace lo posible por favorecer mediante su acción política a los ricos y por parecer, mediante el paternalismo, que trabaja para los pobres. Los votos le vienen de las clases medias altas, que no son tontas, y de las clases bajas rastreras, que aunque no lo parezca están llenas de majaderos capaces de dar un voto a quienes no trabajan para otra cosa que para hacerlos todavía más pobres. Este el el caladero de votos del Aguirrismo, los amos y los pobres criados incultos.

Pero claro, incluso en esta democracia imperfecta, el voto de un pobre harto vale lo mismo que el de un rico, o el de un pobre necio. Y claro, hay tantos pobres, que además no son tontos, que las cosas pueden dar la vuelta, como así fue. De nada le sirvió a Aguirre introducir a ETA (no sé qué pintaba ETA) en el debate para desacreditar a Carmena, dando muestras de su populismo barato y barriobajero. El pueblo llano decidió que iba a dar votos a una plataforma recién creada y que se los iba a quitar a los partidos en los que no podía confiar... Y descabalgó al PP y puso en su sitio al PSOE, que pasó a ser muleta obligada de esta plataforma para dar la alcaldía a Carmena.

Así pues, desearle a Esperanza Aguirre que no se haga, de tanto que le tiene que picar, demasiadas excoriaciones al rascarse. Pero que se rasque, que no le va a venir mal.

1 comentario:

Victoria Diaz dijo...

¡¡¡Siniestra más que siniestra..¡¡¡