20 diciembre, 2012

Países estúpidos

Los países, las comunidades sociales en general, son como las personas. Las hay normales y estúpidas. Hay quien sostiene que determinados rasgos, como la estupidez de la que hablamos, son determinados por los genes. Los genes muchas veces no se manifiestan, por raros mecanismos inhibitorios, hasta que se dan unas condiciones ambientales determinadas. Eso le pasa a la estupidez. Este gen social, es decir, residente en muchas personas, desencadena toda su fuerza cuando determinados individuos portadores se hacen políticos y tienen que tomar decisiones que afectan al resto de la comunidad.

La evidencia de que esto es así está en la extraña actitud de los gobernantes de turno para con la ciencia, para con la investigación en general. Desde hace decenios los investigadores españoles de alto nivel tuvieron que hacer la maleta e irse a lugares donde la comunidad ciudadana invirtiera en ciencia y desarrollo del conocimiento. Son raros los que se quedaron en España y tuvieron éxito. el caso de Santiago Ramón y Cajal fue uno entre cientos o miles. Nota para representantes electos y no electos: Santiago Ramón y Cajal era uno, no tres y ganó un premio Nobel (compartido) por sus estudios sobre las células nerviosas, las neuronas, que tan poco abundan en la clase política.

España jamás hizo un esfuerzo para que los genios se quedaran en casa investigando y dando frutos. La mayor parte de nuestros cerebros más valiosos estuvieron y están fuera de aquí; y no porque quieran, sino porque les empujan a marcharse. La frustración y la incomprensión de los estúpidos es algo con lo que los científicos no pueden. La estupidez y la ciencia siempre estuvieron reñidas, y en España, salvo excepciones difíciles de encontrar, los políticos son estúpidos, luego, los científicos huyen.

Qué nadie me pregunte por qué el gen de la estupidez se manifiesta al entrar en política porque no sabría explicarlo, pero la cosa parece evidente. Es así desde hace siglos respecto a la ciencia. Cortar recursos en investigación científica en un país en crisis es como si una familia, para recortar gastos, deja de enviar a los niños al colegio y, sin embargo, mantiene el de las vacaciones en la playa. La estupidez en los políticos es algo parecido.

3 comentarios:

Luis Heras dijo...

Hola Jesús. Una entrada muy acertada y que era necesario comentar.

Ya llevamos comentándonos un tiempo y no sé si sabes mi trayectoria. Yo también soy científico, del área sanitaria y he trabajado en laboratorios. Se hacen trabajos fabulosos porque hay buenas ideas y hay implicación, te lo digo desde dentro.

Pero como tú dices no se puede. Se puede ser brillante, pero no se puede brillar en ciencia si te ahogan a recortes. Si no te valoran. Y si el modelo productivo de este país deja claro que margina a la ciencia porque quiere ser de chiringuito.

La ciencia tiene una capacidad de atraer riqueza impresionante. Lo malo es que necesita inversión alta inicial y por eso creen que es un gasto. Al contrario, es una de las mejores inversiones que se pueden hacer. Crear patentes, mejorar los productos, adaptarlos a los nuevos tiempos, acercarse al ciudadano y mejorar su vida... no debería tener precio.

La consecuencia es adaptarte al modelo del chiringuito nacional buscándote otra forma de vida. La alternativa es querer seguir con tu pasión. Pero mejor fuera: que otros sean quienes valoren tu trabajo, tu formación y el valor añadido que tienes, y que pueden dotarte de los medios para que des lo mejor de ti. Mientras te quedes, tu futuro es una incertidumbre agónica...

Lo he mostrado un poco fatalista y espero que me perdones, pero lo veo así. Un saludo.

Jesús Arribas dijo...

No estoy en el mundo de la ciencia, aunque sea de ciencias. Pero siempre tuve claro que si se comete la estupidez de no potenciar las inversiones en I+D+I un país no avanza. Por eso me permito, y no me preocupa lo que se piense de mi, llamar estúpidos a los políticos.

Gracias por tu comentario.

Anónimo dijo...

Desgraciadamente la observación del Sr. Luis Heras y la suya propia son muy ciertas. Desconozco si los españoles tenemos implícito en nuestro genoma el gen de la estupidez y, mucho menos, que se manifieste si uno se dedica a la política. Pero lo que si está demostrado es que los políticos conceden escasa importancia a todo aquello que no produzca resultados inmediatos. La investigación, en cualquier campo, los logra a largo plazo y al político de miras cortoplacistas, no le interesa. Así habrá de irnos dentro de unos años. Nos arrepentiremos de que personas investigadoras e innovadoras españolas hayan dotado de riqueza a los paises que les concedieron cobijo y los valoraron en su justa medida. A. Sierra.