25 diciembre, 2012

De políticos y reyes

Los reyes, por definición, reinan y disfrutan de una vida muelle mientras otros mandan y gobiernan. Tienen una agenda muy apretada de actos públicos y su único quehacer consiste en ir adonde les digan y ejercer su trabajo de representación. Es tanto el trabajo, que los reyes están obligados a reproducirse para tener quién los ayude, y así, reinas, príncipes, infantas y consortes les facilitan la tarea ostentando la representación del estado en cualquier parte. El abanico de la familia real española se extiende desde la recepción de embajadores y la representación en foros internacionales hasta la muy loable incursión en el mundo de la delincuencia económica, lo que llevará, si todo va normal, a alguien de la realeza postiza a representar a la casa real ante la población reclusa.

Los reyes no tienen mayor interés para una nación que no sea el puramente ornamental. Sin embargo, a veces, se ven obligados a tomar las riendas en situaciones en las que la falta de liderazgo entre los que mandan y gobiernan, o sea, la clase política, hace que el país sufra una parálisis anquilosante que le impide avanzar. Recuerdo el 23 F; qué alivio sentí cuando oí hablar a aquel rey "pardillo" ordenando al ejército que se estuviera quieto. No es que Juan Carlos tuviera realmente carisma, de hecho carece totalmente de esta cosa; pero se daba perfecta cuenta de que lo único que necesitaban los intrépidos militares era que se les mandara: "pónganse firmes", y se pusieron. A todo esto, en el 23 F se desembocó porque la clase política en pleno no supo reconocer al ejercito como un problema, o si lo hizo, no puso los medios para que no se saliera de madre.

Casi treinta años después un rey avejentado y en horas bajas de popularidad, recompuesto en su osamenta por gracia del titanio y otros materiales de última generación y descompuesto como líder a causa de yernos y algún elefante, tiene que ser quien diga algo inteligente, algo que marque la dirección a seguir, algo que los ciudadanos vemos claro y diáfano desde hace algunos años: que hay que volver a hacer política de estado en lugar de política de partido. Qué tenga que ser un jefe de estado no electo, o sea un jefe de estado ilegítimo, quien marque un rumbo lógico hacia la luz en la oscuridad de la crisis refrenda mis teorías de que, en este pobre país, no hay ningún político ni ningún partido que valga un carajo.

La clase política aprueba sacrificios económicos que estrujan a la población, sin embargo no adelgazan las administraciones ni las sinecuras para los pancistas (senado, diputaciones, consejos, fundaciones, etc...). El problema no va con ellos. Son cientos de miles y no hacen nada por los electores, por quienes, al final, los ponemos en sus sillones. Siguen a lo suyo, a conservar el poder para mantener su barriga y la de sus partidarios bien llena. La clase política se comporta como los reyes en la edad media al matar de hambre al pueblo para obtener dinero, mientras que el rey imparte teoría política simple en un discurso de Navidad. Es el mundo al revés.

Si yo fuera político hoy no saldría a la calle de vergüenza. Si yo fuera Rajoy, ya estaría llamando a Rubalcaba y a todos los demás para pedir perdón en conjunto a la población y en unos nuevos pactos de la Moncloa ponerle solución a esta mierda de crisis, que es económica en todo el mundo, pero que en España se ve quintuplicada a causa de la incompetencia y la ambición partidista de tanto estúpido metido a político.

3 comentarios:

Luis Heras dijo...

Estoy contigo en que el papel del rey es un puro adorno. Pero más que el rey, en el que todo el mundo se fija hoy debido al discurso de poca monta, yo también me dirijo como tú a la clase política.

El problema que tenemos es gordo, pero yo le veo poca solución. Se puede relacionar con la entrada que escribiste hace unas semanas donde te preguntabas : "¿No hay nadie más?". Hace falta un cambio verdadero y no un sistema cíclico que se repite una y otra vez, donde los que están al pie llegan arriba y se comportan como los de arriba que se fueron. El cambio tiene que venir desde arriba y no desde abajo en mi opinión. Pero soy consciente de que es muy fácil decirlo. Estar arriba es muy tentador, Jesús...

Anónimo dijo...

Posiblemente el rey en el 23 de febrero de 1981 no tuviese otra opción que la que hizo, es decir, acatar la legimitimidad democrática que el pueblo español se había otorgado unos años antes. Si hubiese aceptado el golpe de Armada y compañía, habría puesto una temprana fecha de caducidad a su reinado como anteriormente lo había hecho su abuelo Alfonso XIII al admitir la Dictadura de Primo de Rivera. No escuché ni leí el discurso del rey de esta noche buena. Pero poco me puede enseñar quien el año pasado dijo que todo español era igual ante la ley -en clara referencia al Sr. Urdangarin y sus desmanes financieros- pero que poco tiempo después no se aplicó el mismo aserto al irse de cacería a Botsuana dejando a España sin Jefe del Estado. Ya choca en estos tiempos que un Jefe de Estado no tenga que ser elegido por tener derecho al mismo por herencia cuanto más que desdeje sus funciones -según todas las fuentes, sin el conocimiento de nadie- ausentándose de su puesto de trabajo de tan alta responsabilidad. Si el rey cometió tal tropelía qué no esperar de los mediocres -por no ser más cruel- líderes políticos que nos representan. El Sr. Rajoy llegó a Presidente del Gobierno haciendo una oposición sucia al Sr. Zapatero e incumpliendo todas las promesas electorales que estaban reflejadas en su programa electoral. El Sr. Rubalcaba es un impresentable. Me recuerda al Sr. Talleyrand-Périgord que desempeñó cargos políticos de forma continua nada menos que con regímenes políticos tan distintos como el reinado de Luis XVI, con la Revolución Francesa, con el Imperio Napeoleónico, y con el advenimiento de la nueva Monarquía de Luis Felipe I. Y casi siempre desde el Ministerio de Relaciones de Francia. El Sr. Rubalcaba desde que en 1982 ganó las elecciones el PSOE, eligiéndose como Presidente del Gobierno al Sr. González, ocupa cargos de alta responsabilidad en el Consejo de Ministros de siempre a excepción de los 8 años del gobierno del Sr. Aznar y el año que ahora lleva el Sr.Rajoy. Y se le ocurre hacer oposición como muy novedoso queriendo imponer el pago del IBI a la Iglesia Católica como si no hubiese tenido tiempo de haberlo planteado ya hace 30 años. Creo que es insoluble el problema de los políticos en España a tenor de ver como se comportan los máximos representantes de las 2 formaciones políticas del país (PP y PSOE) y la máxima instancia institucional (el rey y su monarquía). A. Sierra.

Luis Heras dijo...

Espero que este 2013 nos de muchas cosas para hablar, pero por favor que sean buenas.

¡¡Feliz Año Nuevo!!