02 enero, 2013

Lo que sí nos podemos permitir

En una de las reuniones de amigos típicas de las fechas navideñas surgió el asunto de la crisis y de los recortes: que si el euro por receta, que si sanidad pública, que si impuestos, que si contención del gasto. En fin, todo lo que está en el ambiente... La discusión se calentaba por momentos. A pesar de tratarse de un grupo de gente templada, los ánimos se encrespaban por las distintas sensibilidades de cada uno. Yo ya me temía que el diálogo se transformara en confrontación y que, como siempre en estos casos, ninguna luz surgiera de aquel debate.

De repente alguien dijo: "Lo que no puede ser es que haya gente que tenga que dormir en la calle; que no tenga un lugar donde asearse, un espejo donde peinarse ni un váter donde hacer lo que toque. Ese gasto nos lo tenemos permitir obligatoriamente. Lo demás son estupideces". El silencio se hizo espeso. A pesar de la locuacidad facilitada por un poco de alcohol, nadie abrió la boca durante unos largos segundos. Todos le miramos como si ese alguien fuera la única persona lúcida en el grupo. Nos sentíamos estúpidos.

Si una comunidad no es capaz de dar solución a esto es que carece de gobernanza. Sus objetivos, sus prioridades, están descentradas. Todo está mal porque, si al elemento esencial de toda sociedad, el ser humano, no puede ofrecérsele, un simple camastro donde dormir o un simple inodoro donde hacer sus deposiciones, entonces es que la sociedad está realmente enferma. En las protectoras hay animales que reciben unos mínimos cuidados: cobijo e higiene, que toda una comunidad organizada, llena de instituciones y de organismos, es incapaz de ofrecer a los seres humanos.

Me pregunto cuánto hay que recortar del presupuesto de fastos, fiestas, ipads, móviles y demás gilipolleces para que se pueda dar una tabla, una manta y un techo a la gente que duerme en la calle. Me pregunto cuanto hay que subir los impuestos a quienes más tienen para garantizar que los desfavorecidos puedan orinar sin estar expuestos a las miradas reprobatorias de los ciudadanos, o mirarse a un espejo, aunque sea pequeño, para reconocer su propio rostro oculto casi siempre por su propia vergüenza y pudor.

Feliz año nuevo.

3 comentarios:

Luis Heras dijo...

Palabras muy acertadas las de aquél que trajo el silencio. Efectivamente, eso es lo que deberíamos garantizar, el derecho a una vida digna o mínimamente digna al menos. Esa debería ser la prioridad de un gobierno para con sus ciudadanos, y no los cálculos del déficit para quedar bien con sus amiguetes ricos y con una UE desmembrada que mira para otro lado.

Más que confianza, que es de las palabras más repetidas últimamente, lo que nos falta es sentido de humanidad. Menos mal que en este país el sentido de solidaridad ciudadana hace lo que puede por dar a sus compañeros aquello que los gobiernos se han olvidado de proporcionar.

Una conversación un tanto triste para comenzar el año, pero creo que inevitable, al fin y al cabo.

Feliz 2013

Jesús Arribas dijo...

Más que una conversación triste, una realidad triste, Luis.

Gracias, como siempre, por tú comentario

Anónimo dijo...

Inigualable exposición sobre una profunda reflexión: ¿hasta dónde menoscabar la dignidad humana en esta crisis? Estoy muy de acuerdo con el Sr. Luis Heras en que afortunadamente en este país el sentido de solidaridad ciudadana supera en mucho a la de las personas que nos gobiernan. Sr. Arribas,dele mi enhorabuena a la persona que hizo un comentario tan atinado sobre la crisis en medio de la controversia que Vd. y sus amigos mantuvieron la noche de fin de año. A. Sierra