05 enero, 2014

Excarcelados de ETA... La tristeza.

En la foto de esta gente se puede vislumbrar la pesadumbre por no haber vivido. No lo dicen, pero se nota en su gesto: la juventud entregada a una quimera vacía de valores, para qué; la "lucha", qué obviedad; el intento vano de obtener nada con el sufrimiento de los demás, incluidos ellos mismos y los suyos, sus padres, sus familiares; después la cárcel y apoyos, muchos apoyos interesados para no abandonar "la lucha", esa lucha inexistente por una soñada libertad para someter a un pueblo a su carácter autoritario y sangriento.
Qué fue de nuestra vida, parecen decirse. Qué fue de nuestra posibilidad de perpetuarnos a nosotros mismos, de tener una familia, de llevar los hijos al colegio, a la ikastola, del amor, del sexo cotidiano, de los "potes"con la cuadrilla, de disfrutar de los padres jubilados, hoy ya mayores, o muertos, marcados por una vida desvirtuada por nuestra macabra inclinación; de vivir, en definitiva, de vivir en paz. Tantos años entregados en una celda, en un patio, en visitas y visavises con "la compañera o el compañero", siempre que estos no estuvieran también encarcelados. Ahora qué. Qué hacemos ahora. ¿Trabajar? En qué. A quién enviamos nuestro curriculum y qué decimos... Persona libre de cargos con el estado se ofrece para trabajo, el que sea... Amplia experiencia en mutilar, pegar tiros en la cabeza, poner bombas y aterrorizar a inocentes... No, realmente no mereció la pena.

Las ojeras, las canas: las cicatrices del paso del tiempo; la mirada, antes retadora, ahora vacía; la belleza extraviada que languidece,la decepción, la falta de amor... Solo el apoyo de los correligionarios y las manifestaciones, de los abogados talibanes. Sí, pero qué fue de nuestra vida, de nuestro tiempo. Se lo dimos a nadie, a ese nadie que nos decía que lo importante era la patria vasca. Mientras tanto, en la patria vasca, la vida seguía, la gente andaba por la calle, incómoda, pero más o menos libre. Solo nosotros le teníamos puesto un freno; nosotros y los nuestros. Y para qué. En cuanto hemos claudicado la felicidad parece haber vuelto a las calles de una Euzkadi liberada. Es verdad que en las manifestaciones había miles, pero fuera de ellas, en sus casas, en los bares, en sus puestos de trabajo había muchos más que solo ansiaban que les dejásemos vivir. Solo nos tenían cierta simpatía por ser vascos, pero ya les cargábamos, está claro.
No. Definitivamente no ha valido la pena. Y ahora estamos aquí..., qué ironía, en un matadero en Durango. A quién se le habrá ocurrido semejante lugar, ha de ser un tarado a la fuerza: un matadero lleno de compañeros y compañeras, pero ninguna sonrisa. En ETA no se sonríe. Se nos ha olvidado hacerlo. Hemos perdido la memoria muscular para retraer los labios hacia arriba. Hacia abajo no, hacia abajo todavía los retraemos. ¿Ofuscación? ¿Tristeza? Puede que ambas cosas. Pero ahora, cumplidos con el estado "opresor", solo nos queda aguantar en libertad la mirada, como de no entender nada, de la gente normal, de la que se bate el cobre cada día para sacar adelante a los suyos, de la que cree que el mundo no tiene límites, que las fronteras y la desigualdad la termina por poner en juego gente como nosotros. No, no podemos sonreír, y ahora empieza de verdad nuestro calvario. Tal vez de presos viviéramos mejor.

9 comentarios:

Cani dijo...

Puedo decir con rotundidad que es lo mas sensato, y humano, que he leído sobre todo el tema.

Mi enhorabuena y mi agradecimiento por darme la oportunidad de leer
algo me a mi me gustaría saber expresar.

Jesús Arribas dijo...

Gracias, Cani. Pero cuando vi las fotos en los medios, me llamó la atención la expresión de los rostros cansados.

Pina dijo...

Maravilloso texto,Jesús. Enhorabuena de verdad. Como dice tu amigo Cani ahí arriba, ya me hubiera gustado tener la clarividencia de haber sabido escribir algo parecido. Muchísimas gracias.
Ahora mismo lo distribuyo entre mi gente, si es que sé cómo hacerlo.
Un beso más fuerte que nunca, emocionaíta estoy.

Jesús Arribas dijo...

Vaya, Pina... Gracias. A veces hay imágenes que te llaman a escribir sobre ellas. Sigo diciendo que las expresiones, alguna torva, pero todas tristes y apagadas, me impactaron. Pensé, cuántas vidas perdidas por su causa y cuantas vidas, las de ellos, gastadas en dañar para ahora, al retirarse las aguas, verse en el medio de un mundo que no es como creían.

Bond dijo...

A mí sinceramente, no me dan ninguna pena, pese a que la foto pueda resultar impactante. Me viene a la memoria Lluch, Blanco, Hipercor... y tantos otros. Si creían de verdad que el mundo era o iba a ser como pretendían, ahora se dan cuenta de que se equivocaron

Jesús Arribas dijo...

Señor Bond. Gracias por su comentario...
A mi pena, lo que se dice pena, no me dan ninguna, al contrario me alegra que paguen por lo que hicieron. Qué la sociedad los desprecie, que les haga sentirse fuera de ella, en un reducido grupo de apestados.

Victoria Díaz dijo...

Magnifico articulo, Jesús.
Solo decir que los rostros de las fotografias lo dicen todo. Son rostros desgraciados, llevan la muerte clavada en la mirada. Que pena de vidas, no haber sabido disfrutar de la propia y acabar con la ajena...por eso tiene ese rostro, el de un alma sucia por el odio.

Anónimo dijo...

Excelente artículo Sr. Arribas. Mi enhorabuena. Mejor no se puede expresar lo que transmiten esas caras. Iban a liberar a su pueblo de otro opresor y lo único que hicieron, como bien comenta Vd., fue destrozar vidas ajenas y estropear la propia. A. Sierra.

Jesús Arribas dijo...

Sr. Sierra, gracias por su amable comentario. Parece que estamos de acuerdo en que los rostros de los etarras son un verdadero poema. Deberían estar locos de alegría: están libres, Euzkadi va bien y los abertzales gobiernan en muchos sitios. Qué les pasa entonces... Será que saber que segaron vidas ajenas los amilana, o que fueron siempre en realidad algo cobardes, como todos los que ponen una bomba, o mata por la espalda.