08 agosto, 2016

Turbios, amorales y vagos

Hablo de los políticos, no en general, o también podría ser, pero me refiero a los que marcan las pautas en los partidos con un número significativo de escaños en el Congreso. Son turbios, sus intereses están por encima de los de la sociedad. A ninguno le importa lo que signifique para el país el hecho de llevar nueve meses con un gobierno en funciones. Les importa una mierda.

Rajoy está en la gloria, sentado tranquilamente en la Moncloa sin hacer nada. Para Rajoy la culpa siempre es de los demás, en especial del PSOE. Sánchez, empecinado en no facilitar la investidura, pero no por una cuestión ideológica, que va; Sánchez no quiere hacerlo porque si la militancia detecta un giro a la derecha por su parte, puede que no le voten para la secretaría general en unos meses. Sánchez sabe perfectamente que en unas terceras elecciones el resultado sería calcado, pero prefiere que las haya a ceder, no le importe mientras el siga en su sitio en el partido. A Sánchez le importamos un huevo los españoles.

De Iglesias, que decir. Está callado como un muerto después de que le dieran detrás de las orejas por haber permitido unas segundas elecciones para intentar medrar. La broma le costó un millón de votos y no piensa meter la pata más. Ahora intenta culpar al PSOE de no ensayar un gobierno de progreso con unos números extraños en los que incluye a parte de la derecha nacionalista, algo que nadie entiende, él, que se negaba a hablar con Ciudadanos porque decía que era de derechas. Ahora sus militantes y simpatizantes tienen que hacer piruetas dialécticas porque se ríen de ellos cuando intentan justificar que no es lo mismo la derecha que CDC o PNV que Ciudadanos. Las risotadas se oyen a kilómetros.

Rivera, el pobre, solo intenta demostrar a sus votantes que es el único capacitado para negociar con el PP o con el PSOE al ser el único «centrado». Es mentira que piense en España y en la necesidad de que tenga gobierno. Si así fuera, diría directamente sí a Rajoy, y a ver quién era el guapo que se mantenía en el no en las dos sesiones de investidura. No. Rivera va a lo suyo, porque si dice que sí, la salida de sufragios hasta el PP haría peligrar su cómodo sillón en el Congreso, el suyo o el de sus colaboradores, que Ciudadanos, de mayor, quiere ser como el PSOE o el PP: agencia de colocación de amiguetes. De esto no se salva ninguno. Ninguno abomina de las listas, lo cual muestra su calidad democrática.

Y de los nacionalistas, para qué perder tiempo, como Rajoy, a esperar, y cuando se requieran sus votos, a sacar tajada, como llevan haciendo desde que se empezó con este invento de «democracia» que dicen que tenemos. Y todo esto en pleno agosto. Nadie espere nada este mes, aunque el país se hunda. Ellos se van de vacaciones, faltaría más. Así que, lo dicho: turbios, amorales..., vagos.

2 comentarios:

Bond dijo...

Hasta los mismísimos

José María dijo...

Tienes razón en quetodos merecen nuestro reproche,pero la cuestión es qué hacer. Yocreo que lo mejor sería que se fuera Rajoy y que Pp,PSOE y Ciudadanos pacten la investidura y una parte de un programa de gobierno que aborde el reto de secedionismo, algunos aspectos económicos y otros de políticas sociales.