29 enero, 2016

Evolución retrógada: la política

Por lo general, en la naturaleza ocurre que, según el ambiente se modifica, los organismos se adaptan a él. Aquellos que, por azar, presentan alguna característica ventajosa son los que mejor gestionan la nueva situación. Los mecanismos de copia de los genes, a veces, cometen pequeños errores; y estos errores, también a veces, resultan ventajosos para enfrentarse a entornos nuevos. Esta particularidad nueva se transmite a la descendencia, con lo cual, la especie continúa su viaje en el tiempo.

Otra garantía de buen resultado frente a las dificultades es la mezcla con individuos de distinto acervo génico. La cosa consiste en revitalizar la munición genética y hacerla más resistente. No podría haberse dado el éxito en nuestra especie si no hubiera sido por este hecho de mezclarse; de meter en la coctelera caracteres diferentes para obtener individuos mejor dotados para la existencia, para la reproducción, para la vida, en definitiva.

Con las ideas y con la cultura ocurre algo parecido. Se transmiten a través de las generaciones mediante memes. Los memes, nombre salido de la cabeza de Richard Dawkins, genetista británico, para denominar a las unidades de difusión cultural (ideas, hábitos, comportamientos...) pasan de una generación a otra de modo parecido a los genes, aunque por un mecanismo diferente. Y la batería «memética» se mejora del mismo modo que la baterñia genética, es decir: por un cambio casual acertado (mutación en un caso, o idea genial en otro); o por la mezcla, o sea, por la hibridación. El cruce de ideas, de culturas, de costumbres, siempre resulta positivo y enriquecedor porque genera nuevas características positivas en muchos casos, igual que los genes.

Lo que está ocurriendo en la política en España desde hace un par de décadas, me refiero a la baja o nula capacidad de gestión pública, viene de la mano de la completa incapacidad de los partidos para: 1º generar ideas capaces de solventar nuestros problemas, por ejemplo, modelo productivo, o modelo electoral; y 2º mezclarse con otros diferentes, pero compatibles, para hibridar, para reforzar su competencia. Ambas cosas están ausentes en el mundo político en nuestro país. Para muestra baste la situación creada después de las elecciones del 20 de diciembre pasado. Todo son ataques, acusaciones, líneas rojas, culpabilizaciones...

La capacidad de ver, de entender, de prever, está reñida con la endogamia. Cada partido se nutre de si mismo con cruzamientos internos: juventudes, laboratorios de ideas, etc... Pero nada de buscar nuevas formas de entender en la sociedad que los circunda. Todo empieza y termina en los límites del partido; fuera reside el enemigo que quiere aniquilarnos. Una visión, desde luego miope. Entre las poblaciones, la endogamia es un seguro de fracaso absoluto.

Una de las causas mayores de tal actitud entre los actores políticos es la Ley Electoral, el sistema de listas. Si Rajoy, por ejemplo, hubiese tenido que ganarse su circunscripción, probablemente no lo hubiera hecho por causa de la corrupción de la que es responsable. Y esta ley electoral no fue cambiada porque el interés de los partidos no es que los mejores estén al frente de la gestión. El interés de los partidos es el acceso a los cargos, a los miles y miles de cargos en juego en este negocio.

Con este panorama no queda más remedio que hacer acuerdos, pactos, cesiones que permitan remodelar poco a poco este sistema diabólico. La corrupción hace difícil acordar nada con el PP, y más ahora, después de los acontecimientos de Valencia. Pero el resto de partidos pueden construir mayorías holgadas que permitan hacer una legislatura puente en la que se articulen leyes que sirvan de base para el cambio necesario de modelo político y social. Pero para eso hace falta inteligencia colectiva, hace falta una avenencia general que catalice la síntesis de los memes que, poco a poco, se irían transmitiendo. Pero mucho me temo que nada de esto va a pasar... Una lástima.

21 enero, 2016

Las dificultades del PP

«El Partido Popular ha ganado las elecciones». Con una frase parecida despacharon los dirigentes del PP la pérdida de más de 60 diputados, o de más de 3 millones de votos. Y no deja de ser verdad. El PP había sido, incomprensiblemente, el partido más votado, con 7 millones de votos, contra 10 millones largos de 2011. La realidad era que le habían retirado la confianza cerca de un 35% de sus votantes. Pero, efectivamente, habían ganado las elecciones. Esa fue la simplista lectura de Rajoy, por ejemplo.

Ni un ápice de autocrítica, ni una pizca de humildad. Para qué. El PP había gobernado de manera absolutista y sencillamente se creía en el derecho de seguir gobernando. El apoyo de los demás era obligado, faltaría más. Si no lo hacían sería malo para España. Esta era la peregrina argumentación del PP. Esta y a cantinela, tirando de argumentario para tontos, de que más de 7 millones de españoles lo querían así. Pero parece que ahora modulan el discurso y empiezan a tener miedo de enfrentarse a una sesión de investidura.

Al estúpido que hace los argumentarios en el PP se le había olvidado que otros 14 millones de electores, o sea, el doble, habían dado su voto a las otras 3 opciones fuertes (PSOE 5,5, Podemos 5,2 y Ciudadanos 3,5). Pero estos, para el estúpido, insisto, que hace los argumentarios del PP no contaban. ¿No es verdaderamente absurdo? Pues para el PP no. El PP cree que el poder le corresponde por derecho divino y que puede hacer con él lo que quiera, los demás solo deben apoyar, o dejar hacer. ¿No es impresionante? Porque, que se sepa, Rajoy no ofreció nada a cambio de apoyos. Vamos, que por derecho divino.

El PP no va a poder gobernar, a no ser que haga concesiones que no están en su agenda a día de hoy. Sin embargo, a mi me gustaría que lo intentara, es más, yo le dejaría. Primero haría pasar a Rajoy por una sesión de investidura donde le pondría a parir por su desprecio hacia los otros partidos, por su incapacidad para dialogar ni negociar nada y por su permisividad con la corrupción. Lo de indecente
que le dijo Sánchez le iba a saber dulce. Es posible que hasta no fuera malo que se le dejase gobernar en minoría. Durante la legislatura solo se le pasarían las leyes que fueran como la mayoría dijese. Y al mismo tiempo le tendría estrangulado poniéndole delante de la vista los casos de corrupción insoportable que cada día le salen al PP. Señalaría en cada sesión a de la Serna, el comisionista escondido en su escaño y explicaría a todos que eso es la norma en el PP, no la excepción.

¿Podría Rajoy gobernar así? Yo creo que sería imposible, aunque no lo descarto. Tampoco creo que fuera muy cómodo un gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. Sánchez es un tipo normal, pero los antropófagos del partido quieren comérselo precisamente por eso, porque está haciendo lo correcto, y esto puede convertir en chicle algunos sillones si consigue el poder. A ver quién es el guapo que cuestiona en un congreso al Presidente del Gobierno. Pero un pacto con Podemos le obligaría a demasiadas concesiones, o estaría abocado al fracaso por la poca coherencia y las muchas facciones dentro de este nuevo partido. De todos modos podría intentarlo siempre que Ciudadanos le manifestara su apoyo a cambio de cierta coherencia.

Ciudadanos tiene la llave, y el poder en todos los casos. Rivera tiene claro que, a la vista del grado de corrupción del PP, no puede ir con él a ninguna parte. Es mejor dejar hacer al PSOE y modular. Demostraría inteligencia por su parte y tal vez fuera algo positivo para el país, aunque, insisto en la poca confianza que me merece el caos de ideas y de visiones de Podemos... Tal vez Errejón podría... Pero tengo dudas, muchas dudas. Por eso, tal vez fuera mejor dejar estrellarse a Rajoy y prepararse para una legislatura corta. Iba a ser entretenido ver a Mariano peregrinando al parlamento a contestar preguntas incómodas siempre que se solicitase, sin la protección de una mayoría absoluta, y ver al comerrojos de Rafael Hernando cabrearse como un mono sin poder evitar que se pusiera a su jefe en posición de firmes.




17 enero, 2016

Los agujeros del sistema: oposiciones

Desde hace muchos años me pregunto cuál puede ser el mejor sistema para seleccionar personal para la administración. En muchos casos tiene lógica, relativamente: se convoca una plaza y los candidatos que cumplen los requisitos pasan un examen. Este examen es un puro cuento, pues poco, o nada tiene que ver con el desempeño posterior. Pero, según dicen, es la manera más justa de hacerlo. Yo no lo sé. No sé si realmente hay algo de justo, o de injusto, en obtener una plaza por un examen, pero sí sé que hay otros métodos en otros lugares para llegar a ser empleado de la Administración.

Luego está lo de las oposiciones. Esa cosa tan rara para la que algunos no estamos dotados y que consiste esencialmente en cantar unos temas delante de un tribunal. Siempre me pregunté cómo habiendo ganado una plaza en «propiedad» en una dura prueba podía haber, por ejemplo profesores tan malos en la enseñanza pública mezclados entre otros excelentes. ¿Es que una oposición, un tribunal, no es capaz de discernir si quien está delante es un completo imbécil y previsiblemente incompetente?
Que hacienda somos todos es un cuento, dice aquí...

Todos nos hemos escandalizado por sentencias dictadas por jueces que parecen sacadas de antologías del disparate. ¿Cómo puede llegar alguien sin la mínima capacidad de discernimiento en una prueba tan dura y exigente como la de las oposiciones a juez o a fiscal. ¿Es que no existe nado ni nadie capaz de medir el grado de estupidez de las personas que se presentan? Porque, después de obtenida una plaza nadie puede dar marcha atrás.

La del despido en diferido
Estos días tuvimos el caso de una abogada del estado que dijo que eso de que Hacienda somos todos es un cuento. Lo dijo en el medio de un juicio por corrupción en el que, esta buena mujer, trataba de defender a una infanta de España, en lugar de los intereses del estado, que es para lo que están estos abogados. Y se quedó tan tranquila. Naturalmente el común de los mortales pensó que, o bien se trataba de una broma , o bien la señora en cuestión carecía del más mínimo sentido común.


Pues hay que joderse, así, sin más. Para ser abogado del estado hay que ser un verdadero fenómeno en lo de opositar. Solo las cabezas más capaces acceden. Tienen los abogados del estado gran predicamento en el mundo de la economía y de la política. Mario Conde, Soraya Sáenz de Santamaría, Dolores Cospedal, y muchos más... Dolores Cospedal, abogada del estado, fue la del «despido en diferido».

Tengo la sensación de que aquí hay que hacer algo. Las exigencias para trabajar para el estado pueden ser grandes. Pero la cantidad de lelos (pasmados) que se cuelan es preocupante. Al menos a mi me preocupa. Menos mal que las pruebas para los médicos son más serias. Claro que para ser médico hay que tener vocación y uno no sabe si es posible tener vocación de abogado del estado. ¿Es posible?

10 enero, 2016

Cataluña, el Estado y el miedo

El miedo es más que nada un mecanismo de defensa. Todos los héroes de guerra dicen haberlo pasado; vamos, que la heroicidad consiste más bien en vencerlo y exponerse a resultar herido para conseguir ganar la batalla. En la política española, en toda ella, incluso en la catalana, lo que faltan son héroes, porque miedo, lo que se dice miedo, de esto hay para dar y tomar.

Los nacionalistas, a la vista de que el negocio se acababa y de que aparecían serias posibilidades de que muchos de ellos acabaran entre rejas, como posiblemente termine su capo Jordi, al que solo la edad puede librar cumplir lo suyo en la penitenciaría que corresponda, decidieron hacerse independentistas. Sí, las derechas catalanas, burguesas ellas, tomaron la bandera del independentismo para salvar el culo. Solo les faltaba legitimarse. Pero para eso necesitaban el apoyo del pueblo en las urnas. Las manifestaciones masivas no eran suficientes.

Las derechas catalanas (incluyo a ERC, cuya E no es más que un asunto cosmético) intentaron una consulta en falso solo para que se viera lo mala que era España con Cataluña. Las derechas catalanas sabían que esto iba a pasar, pero que era bueno, porque era propaganda para esas futuras elecciones llamadas por ellas plebiscitarias. Y las elecciones se celebraron y el tiro les salió por la culata. Primero porque no tuvieron los votos esperados y segundo porque tampoco les salieron las cuentas en los escaños. Y aquí aparece el miedo y desaparecen los héroes.

Las derechas catalanas no quieren nuevas elecciones. Tal vez si al pueblo se le da la oportunidad hable con contundencia en uno u otro sentido, es decir: refrendar al independentismo y ponerse de su lado, o echar a tanto cuentista a patadas del parlamento. Esto sería lo que un héroe hubiera hecho. Pero Mas es un cobarde y prefirió vivir de rodillas ante los riesgos de morir de pie. Por eso pasteleó con la CUP. Que nadie se preocupe, no se morirá de hambre ni irá al paro. Seguro

Esta misma cobardía la tuvieron todos los presidentes españoles, que tuvieron docenas de oportunidades de convocar una consulta respecto a las cuitas del pueblo catalán. A ver si sus deseos iban por lo de ser ellos mismos, o simplemente una singularidad en el estado común español. Y para saber esto no se necesitaba ningún referéndum vinculante ni monsergas semejantes. Bastaba una consulta en las urnas sobre el asunto para, desde aquí, empezar a trabajar en política seria en lugar de en lucrativa política especulativa. Así que, en España tampoco hay, ni hubo héroes, solo políticos incapaces de vencer el miedo, además de incapaces de por sí.



Así que, al mirar a Cataluña, a su clase política y a los partidos estatales no catalanes, a la clase política no catalana, para que se me entienda. Al mirarlos, decía, se me viene a la cabeza la frase de las ancianas en los tebeos: «igualico, igualico qu el defunto de su agüelico»

31 diciembre, 2015

El PSOE: un circo de tres pistas

 El PSOE es un circo: un circo de tres pistas en las que a la vez ejecutan sus números acróbatas, malabaristas y payasos. Un circo que constituye una enorme falta de respeto hacia un electorado al que se lleva ninguneando desde que perdió la última vez Felipe González, que ya llovió.

El aparato del PSOE, preocupado exclusivamente del reparto del poder dentro del partido y del reparto de cargos en la cada vez más exigua cuota en las Administraciones del Estado, insulta de manera soez a todas las personas que creen, que creemos, tener en este partido nuestra casa ideológica. Nos expulsan.

Fuimos colocados en la abstención en su momento porque, que le vamos a hacer, no toleramos las bromas con la falta de seriedad y la corrupción en el ejercicio de la política; resucitamos tras el 11 M para expulsar al PP y demostramos nuestro músculo electoral. Pero tras la decepción de Zapatero, y ante la incapacidad del partido de canalizar la demanda de los ciudadanos de más democracia y menos chorradas, volvimos a retraernos. Y Rajoy fue la consecuencia.

No haber entendido a los electores pidiendo a gritos ser escuchados trajo como consecuencia que partidos como Podemos o Ciudadanos asumieran un papel que podría haber sido asumido en gran parte por el PSOE y por IU. Y así, 110 escaños cambiaron de manos. Y aunque el PP fue el más damnificado, el socialismo también resultó herido. Esta es la consecuencia de una política «aparatosa», o de aparato. Esta es la consecuencia de mirarse el ombligo.

Sin embargo una cosa se hizo bien en este tiempo. Las primarias fueron impecables, y el nombramiento de Sánchez como secretario general fue toda una lección de democracia interna. Pero, claro, no podía durar mucho. En el circo, al final siempre son los payasos los que adquieren protagonismo. Así, Susana Díaz, producto típico del partido, sin oficio ni beneficio, pero con ambición desmedida de poder, y otros cuantos llamados barones, por no llamarles saltimbanquis, intentan un golpe de mano acompañados por todos los resentidos que se quedaron sin «sitio»: Madina, Gómez, Carmona, etc... Un golpe de mano contra la democracia, contra el poder del Secretario General, obtenido legítimamente en las urnas.

Quieren disfrazar el golpe con ropajes de Congreso, pero no deja de ser un asqueroso  golpe «militar» encabezado por la parte más corrupta del partido: Andalucía y por la segunda: Asturias. Y la excusa es que Sanchez obtuvo malos resultados.

Susana ganó en Andalucía a pesar de estar hasta los ojos de corrupción porque el PP es todavía peor. Lo mismo que el PP ganó las elecciones del día 20 porque sus votantes temen que, a pesar de hacerlo como el culo, se pueda hacer todavía peor. O lo que es lo mismo, porque el PSOE no genera confianza; pero el PSOE, no Pedro Sánchez. El PSOE, el circo de tres pistas en el que todos los acróbatas, malabaristas, payasos, equilibristas, y hasta el jefe de pista, hacen sus números con una faca en la mano.

Este es el problema del PSOE, la deslealtad, la desunión, el mirar para dentro... La estupidez. Y por eso se le da la espalda. No por Pedro Sánchez.

24 diciembre, 2015

Lamento haber votado

Expliqué unas entradas atrás que creía conveniente votar esta vez. Me equivoqué: no valió la pena. Hay el mismo nivel entre los nuevos que entre los que ya estaban. La única diferencia es el grado de corrupción: muy alto en el PP, medio en el PSOE (muy alto en el PSOE andaluz), y poco o nada en Ciudadanos y Podemos. Expliqué también que mi motivación principal para votar era que se veían propuestas para cambiar la Ley Electoral; sin ninguna duda causa única de todos los males de este país. Así que voté con todas las consecuencias. Voté y ya lo lamento porque empiezo a pasar vergüenza.

Hay cuatro partidos con un número significativo de escaños. Y a la vista de sus actuaciones, parecen no haber entendido nada. Los votantes, el conjunto, no los de cada partido en particular, han determinado que se entiendan y que gobierne el que mejor pueda, sea el más votado o mediante pactos. Pero los votantes no han ido a las urnas para volver a ir en unos pocos meses. Quieren que se hable y que se llegue a acuerdos, que haya un gobierno que haga lo suyo, y un parlamento que filtre. Pero no, las estrategias de estos partidos no son esas. Ellos solo quieren poder. Poder es la palabra clave. El electorado les importa un comino.

La respuesta del PP es la esperada: quiere gobernar, aunque sea en minoría; y para ello espera que lleguen los apoyos que se lo permitan. Están convencidos de que al final se producirá el milagro. Como siempre, Rajoy confía el futuro a la inacción. El PP no propone nada, simplemente espera. Espera, porque, si al final no le dejan gobernar, unas nuevas elecciones movilizarían a su electorado. Si a siete millones no les importó la corrupción, ahora podrán ser más cuando inicie su llanto por el poder. El PP está interesado en repetir elecciones. Sus leyes siguen actuando entretanto y el problema catalán le importa un comino, él lo creó. Cataluña para el PP es solo un asunto para apuntalar votos en el resto de España.

Lo del PSOE da pena. Al pobre Pedro Sánchez se lo intentan cargar de todas las maneras posibles desde el primer día. En el PSOE no gusta que el elegido por los militantes decida. El PSOE es un partido de aparato, y debe ser este quien lo controle todo. La cosa está clara. El partido quiere que Sánchez se estrelle. La jugada de este solo puede ser intentar formar un gobierno alternativo al PP, y ya aquí, nadie le discutirá su candidatura ante unas nuevas elecciones en un par de años. Por eso Susana Díaz, desde la corrupta federación andaluza, pregona el no a Rajoy. De este modo forzará su nombramiento como candidata a las nuevas elecciones. Susana Díaz, la líder de la corrupta federación andaluza, hará lo imposible para que el Comité Federal desautorice a Sánchez para intentar su estrategia. A Susana, modelo de política profesional desde la cuna, se le ve el plumero. Solo quiere el poder aunque para ello tenga que devorar a su compañero.

Podemos quiere nuevas elecciones. Es el más claro de todos. Se inventa el asunto del derecho a decidir, imagino que para todas las comunidades, y también, por qué no, a todos los municipios, digo yo. De este modo desactiva cualquier posible acuerdo con nadie, ni siquiera con los independentistas, que también abominan de esta propuesta. Iglesias habla del derecho a decidir, pero no dice nada del supuesto de que la decisión sea salirse del puzzle. Solo quiere otro escenario electoral y con su idea apuntala su voto en Cataluña y en País Vasco. Iglesias se vio crecido en los debates y cree que puede irle mucho mejor en nuevos comicios. En fin, habrá que verlo.

¿Y Ciudadanos? Ciudadanos tiene un problema. Su propuesta de país era muy plausible, en especial por el cambio de Ley Electoral a la alemana. La visión económica de Garicano también era buena. Pero falló el líder. Rivera estuvo nervioso y no brilló. Rivera es el único responsable de no haber alcanzado mejores resultados por no haberse escorado al centro izquierda, posición natural del elector medio español. Se equivocó de plano y los resultados, aún siendo buenos, hacen que no cuente para nada. Y en la resaca electoral todavía está haciéndolo peor. Su ansiedad por que se forme gobierno, y entrar en él si es necesario, y su nerviosa verborrea incontenible, le hacen un líder poco fiable. Rivera no quiere ni oír hablar de nuevas elecciones. Puede salir escaldado. Pero, ya que no depende de él nada, lo mejor que podría hacer es estar callado y demostrar cierto aplomo; el que no demostró en campaña y que tan caro pagó su partido. Rivera, de momento, no es el líder que necesita ese centro que quiere representar. Necesita madurar. Lástima.

Así, que a la vista de este panorama, regreso a la abstención militante de la que nunca debí haber salido. Al fin y al cabo sigue siendo la primera opción electoral. Estaré dispuesto de nuevo cuando la política madure en este país tan naíf en estas cosas.


20 diciembre, 2015

El voto desesperado

Hoy es jornada electoral. Desde ayer no se puede pedir el voto. Hay una estúpida ley que lo impide: un candidato no puede acercarse a usted a la entrada del colegio a pedirle que le favorezca. Ah, coño, se me olvidaba que aquí no hay candidatos en sí. Aquí tendría que venir la lista del partido... Esa que hacen los jefes políticos sin contar con los electores y que esperan que estos voten como gilipollas. Y, lo malo es que allá van todos, pensando que tienen una bonita democracia. Es tanta la desesperación por arreglar nuestros males que se vota a nadie: a una lista.

Ninguno  de los que allí van nos representa de verdad. Pero les confiamos el poder. Los partidos interpretan nuestro voto como un mandato. Dicen que de las urnas sale una especie de orden, que se deduce del resultado. Una orden tal como «haz lo que te salga de los cojones», que fue el caso del PP en 2011; o «a pactar tocan, amigos» como previsiblemente saldrá de estas. El caso es que España tiene hurtada la democracia en favor de la partitocracia. Que no vale la pena ir a votar... No obstante, esta vez, además de una emergencia nacional, hay una pequeña luz de esperanza.

Muchos de los que estuvimos en la abstención, posiblemente tengamos un motivo para abandonar momentaneamente nuestras convicciones en esta ocasión, o mejor dos; sí, dos motivos: el primero que hay algunos partidos que llevan en su programa un cambio parcial de la ley electoral en el sentido bueno de la representatividad, y hay que apoyar esto; el segundo motivo para votar es el patriotismo. Sí. Este país no merece ser gobernado por personas indecentes y con nuestro voto podemos ayudar a desalojarlos. Basta con votar a otros.

Así que, amigos y compañeros en la abstención militante, hagamos esta vez una excepción por las dos razones explicadas. Traguemos  el sapo y buen voto. Aunque no pasa nada tampoco si ignoramos  a esa cosa viscosa llamada Senado.

15 diciembre, 2015

Un debate lamentable, y completamente inútil

Lamentablemente, el debate, o mejor, el combate, ha tenido lugar. Una refriega completamente inútil en la que cada uno, como un ave canora, se puso en una rama a cantar para intentar atraer a los votantes, a los votantes que ya tiene. Un espectáculo nada interesante para entretener al público que tienen entre ambos, aproximadamente la mitad del electorado. La otra mitad, que ellos creen que no existe, se lo va a decir el día que se vote.

Hace años, entre ambos partidos tenían casi el 90% del voto emitido, ahora tienen el 50%. Y siguen comportándose como si fueran los amos del cortijo. Cómo pueden ser tan estúpidos. A quién intentan impresionar. ¿Es que todavía no se dieron cuenta de que la gente quiere otra cosa? No sirve de nada sacar cifras, gráficos ni propuestas. Hoy ya todos tenemos ordenador, todos estamos conectados a internet y todos tenemos acceso a las estadísticas. Y no necesitamos que se nos interpreten de manera torticera.

Nadie, salvo los suyos y los tontos, cree a Rajoy, especialmente si se está en paro a se pasan canutas para llegar a fin de mes. ¿Que esto va bien, y que solo el PP puede llevar a España por el buen camino? Y una mierda... Tampoco nadie cree a Sánchez cuando dice que ellos son la única solución. ¿Qué tipo de solución? ¿La misma que en los ocho años de Zapatero? Ambos expusieron números maquillados a su antojo y que demostraban que la culpa de todo la tiene en contrario. Y prometieron, y se comprometieron...O sea, más de lo mismo.

¿De qué sirvió todo este circo? Estamos igual que antes. Solo una cosa reseñable. Sánchez le dijo a Rajoy que era un indecente. Se lo dijo con toda claridad y ante millones de personas. Y puede que Rajoy no sea decente. No puede serlo alguien que mandó tantos años un partido tam profundamente corrompido. Pero se le olvidó algo. En estos combates hay unas reglas, como en el boxeo. Se puede dejar KO al adversario, pero no valen las patadas en los genitales. Quien lleve a la lona al otro así pierde automáticamente el combate. Y Sánchez olvidó eso. Podría haber demostrado de otra manera la poca decencia de Rajoy. Tal vez le hayan asesorado mal.

Pero esto es lo que hay. PSOE y PP creen que ellos son España. Ellos, los partidos. Es como si los ciudadanos no afiliados, los otros partidos, la sociedad civil o el resto del mundo no existiera. Y eso va a ser lo que les pase factura. Los jóvenes están hartos de tanta mediocridad; muchas personas adultas, parecido. Puede que las otras opciones de voto no gusten demasiado, o nada. Puede que no guste el sistema electoral. Pero iremos a votar, porque cualquier cosa que termine de una vez con esta aburrida práctica bipartidista, empeñada en un imposible exterminio mutuo, es mejor que lo que hay. Puede que sigan ganando las elecciones, pero ya han perdido el poder. Tendrán que inclinarse ante la nueva situación. Así son las cosas.




13 diciembre, 2015

España: mala madre o malos gobernantes

Por qué va a sentirse española una persona que fue prácticamente expulsada de España para buscarse la vida. Por qué va a sentirse española una persona que, además, se le dificulta el derecho al voto (voto rogado) con el que poder desalojar a quien catalizó su expulsión. Por qué va sentirse español alguien, que habiéndose quedado aquí, es obligado aquí a trabajar por un salario de miseria a pesar de tener una extraordinaria formación.

Por qué, en definitiva van a sentirse españoles nuestros jóvenes. El 50% están mano sobre mano porque nadie supo, ni quiso, ocuparse de construir una nación moderna en lugar de una constituida, como antaño por campesinos, obreros de la construcción (en paro ahora) y camareros. De qué sirve formar a la gente, fabricar ingenieros, biólogos, químicos, maestros, profesores, arquitectos o abogados, si luego la mayor parte del trabajo disponible consiste en servir cañas, o poco más.

¿Es España la que expulsa a los jóvenes, o son los gobernantes que tiene y que tuvo en los últimos ochenta años? No hay ninguna diferencia en los criterios para gestionar el país entre los gobiernos franquistas y los formados en democracia. La única cosa distinta es que en democracia entró aquí dinero. Dinero malgastado en gran parte. Dinero empleado en arreglar el jardín y en pintar la fachada de colores, en lugar de en recimentar el edificio y ponerle un buen tejado a prueba de temporales.

Espero que se me sepa perdonar el pesimismo, pero así lo veo. Se me caen las pistolas al suelo cuando oigo hablar a los chicos y chicas, cientos y cientos de miles, expatriados. Chicos y chicas que entregan su capacidad a otros países más honrados, realistas en inteligentes (si es que los países pueden ser estas cosas), en definitiva, paises mejor gobernados que el nuestro. Si yo fuera uno de ellos sentiría cierta antipatía hacia mi patria. Y más cuando al pedir ejercer mi derecho a votar para intentar quitar del medio, a desalojar, a quien tanto daño hizo, se me niega o se me dificulta.

Comprendo a todos ellos. Comprendo que se pregunten: «¿Qué me dio España a mi? ¿Una educación, una formación? Y para qué. ¿Para que tuviera luego que abandonar mis raíces?». Yo llamo a eso sadismo patrio. Y si yo fuera una de ellos y rogara el voto y me pusieran dificultades diría: «¿Ah, sí? Pues que le den por el culo a España». Bueno a España no, a sus infaustos gobernantes de los últimos años. Al final España es solo un pedazo de tierra.

08 diciembre, 2015

Guía para decidir el voto

Normalmente el voto de los españoles fue siempre una cosa visceral, además de irracional. Se elegía entre izquierda o derecha. Había solo dos partidos a los que mirar, el PP, en la derecha y el PSOE, en la izquierda; y salvo unos pocos que miraban a un tercero, también en la izquierda, la cosa estaba entre los dos grandes. ¿Cómo ocurría que uno u otro ganaba? Sencillo: el PP tenía un voto fiel prácticamente seguro (la leal infantería que no pensaba, votaba); el PSOE tenía técnicamente más votantes, pero menos fieles. Cuando, por alguna razón estos votantes libres se incomodaban con el PSOE, se quedaban en casa, no iban a votar, y entonces ganaba el PP. Cuando el PP hacía el canelo (11 M) se volvían a movilizar, y entonces ganaba el PSOE.

El asunto se dirimía siempre en el centro. España es un país con un elector medio temeroso, tanto de la derecha derechosa como de la izquierda izquierdosa. El elector medio es de centro izquierda. Este hecho es avalado por los datos de años de gobierno del PP, o del PSOE. El PSOE gobernó más tiempo que el PP, un poco más. Así pues quedamos en que la victoria la decidía la abstención de la izquierda y, en pequeña medida, alguna gente, poca, residente en el centro ideológico,
y capaz de cambiar el voto.

Pero las cosas cambiaron en el transcurso e los años, y cambiaron porque en las últimas cuatro o cinco legislaturas casi todo se hizo tan rematadamente mal que la gente se cabreó. Entonces ocurrió que se empieza a pensar en elegir a otras formaciones. Estas, abanderadas de la limpieza, pretenden ocupar un espacio importante en el parlamento. Por fin en España el electorado está dispuesto quitarse complejos y a votar libremente. El problema está en que los aparatos propagandísticos de los partidos hasta ahora preponderantes no lo ponen fácil y extienden cortinas de humo para hacer que los votantes duden.

Por eso en esta ocasión el voto debería ser técnico, es decir evaluando, en el caso del PP, el resultado de su gestión, en el PSOE sus antecedentes y sus propuestas y en Podemos y Ciudadanos únicamente las propuestas. Después se debería situar todo en un eje de valor, digamos de 1 a 10, y sencillamente sumar. Así de simple.

La cosa no es demasiado difícil. Los criterios en los que hay que moverse no son demasiados. A mi se me ocurren algunos. Son estos:
  • Calidad democrática
  • Equilibrio social
  • Actividad y empleo
  • Educación
  • Sanidad
  • Economía
En Calidad democrática estaría, por orden de importancia:
  • Cambiar la Ley Electoral
  • Elaborar leyes contundentes anticorrupción
  • Elección de jueces (TC y CGPJ)
  • Retocar o cambiar La Constitución
  • Puertas giratorias
El equilibrio social sería todo lo que tiene que ver con...
  • Reducir la brecha entre ricos y pobres
  • Lucha contra el fraude
  • Capitalismo de amiguetes
  • Justeza fiscal
Actividad y empleo. Esta es fácil:
  • Planes para generar actividad productiva
  • Parados sin prestación
  • Cambios en modelo productivo para dejar de ser los camareros de Europa
  • I + D y política científica y técnica
Educación
  • Un pacto necesario para el futuro
  • Dejarlo como está
  • Derogarlo todo y empezar de nuevo
Sanidad. Aquí hay para todos los gustos
  • Sanidad universal absoluta
  • Sanidad universal con matices (extranjeros)
  • Recuperación de derechos eliminados
  • Mejora de la eficiencia
Economía
  • Cómo devolver una deuda del 100% del PIB
  • Cómo se va a garantizar el pago de pensiones
  • Cómo se va a recuperar y aumentar la hucha de la SS
Podemos fijarnos en estas, en más, o en menos. Pero lo importante son los criterios. Todos hemos visto debates, leído resúmenes de los programas y escuchado a los líderes en sus periplos televisivos. No es tan difícil, de todo lo anterior, extraer lo que uno considera más importante y ponerle nota en función de lo que nos parece lo que cada uno ofrece sobre esto. Luego, se suma, y listo. Ya tenemos una base para decidirnos.

Luego hay una segunda parte: la credibilidad. El PP gobernó los últimos cuatro años. Es fácil evaluar si cumplió su programa, si mejoró la economía, el empleo, la educación, etc... Si la respuesta es sí, ya no hay que pensar más. Pero si la respuesta es no, para qué escucharle. Por qué va a cambiar nada alguien que no lo cambió hasta ahora. Y con el PSOE pasa algo parecido: por qué se les va a creer ahora si pudieron haberlo hecho bien antes. Y con Ciudadanos y Podemos. ¿Por qué tenemos que hacer un acto de fe? Son nada más que preguntas que uno puede hacerse antes ir a las urnas.

Así que, en nuestras manos está. Espero que la entrada ayude a decidir el voto a quien tiene la paciencia de seguirme. Creo firmemente que esta vez España necesita de nuestra capacidad de raciocinio para elegir la opción correcta. Buena suerte.

04 diciembre, 2015

Varietés

En esta especie de cabaré de país pueden admirarse muy diferentes números, como sería de esperar. Números cómicos y grotescos, como es menester arriba de un escenario de varietés... Al final todo es pura burla. Los candidatos y allegados se pasean haciendo el gilipollas por los distintos platós de las televisiones: saltan y brincan, cantan y tocan, confiesan sus cositas como «personas humanas»... A ver quien cae mejor y es más majo. Porque hay quien vota por esto, les dicen. Los hacen imitar a los americanos (los asesores..., supongo) en todo salvo en una cosa: estos, los yankees, practican la seriedad luego, a la hora de hacer política, algo inusual en nuestra amada madrastra patria (seguiré con este asunto de hacer el pijo en la tele).

No nos bastaba ya con el sonrojo por verlos a todos hacer el canelo, cuando, el lunes se presentan a un debate en El País. Un buen debate, la verdad, independientemente de vencedores o vencidos. Se echaba de menos. Estaban todos los normales, faltó, el inadaptado: Rajoy. Hay quien dice que es que es listo Rajoy. No, no es verdad, puede que haga bien eso de ir a su ritmo y marcar los tiempos. Pero es porque no tiene otro ritmo, vamos que va lentito, que se le oyen ruidos si se le arrima el oído a la cabeza cuando piensa. Rajoy es lo suficientemente despierto para darse cuenta de que un debate libre al estilo del visto, es como jugar fuera de casa en campo embarrado y sin bota de tacos. Vamos, que no iba a dar bola. Intentó mandar a Soraya y le dieron calabazas. Al final hubo un atril vacío

Rajoy va a tener un debate, dice, con líder del principal partido de la oposición. Me pregunto si Pedro Sánchez tendrá los reflejos suficientes para anunciar que no va, que es mucho mejor que Rajoy hable solo... Total, va a decir nada más que chorradas. A qué va a ir Sánchez, ¿a escuchar que el paro bajó y la economía mejoró y no poder mandarlo a la mierda? Porque, a ver. Uno no sabe como cuentan lo del paro, pero le resulta raro, por llamarlo de algún modo que haya, según el INEM casi 1.000.000 de personas más trabajando que cuando empezó Mariano, y, sin embargo haya 25.000 cotizantes menos a la Seguridad Social. La bajada del paro se explica facilito: la gente que deja de tener prestación pasa de fichar y desaparece de las listas de desempleados. Pero, puedo equivocarme, desde luego.

Sánchez no debería ir a un debate con un tipo capaz de creerse sus propias mentiras; a una discusión con preguntas pactadas, con tiempo pactado... No se si habrá acuerdo hasta para el tipo de ropa interior de cada uno. Es mejor no ir. Rajoy va a decir que la economía mejoró. Algo que se desmonta con una simple alusión al aumento hasta el 100% del PIB de nuestra deuda pública. Rajoy va a decir que subió las pensiones, cosa que se tira abajo solo con mencionar que se gastó la mitad de la hucha del fondo de reserva y que si no nos andamos con ojo va a haber dificultades para pagarlas, puesto que cada mes entran varios miles de millones menos a la Seguridad Social al haber no solo 25.000 adscritos menos, sino a que los que hay cotizan menos porque los salarios son bajos o el empleo que tienen es a tiempo parcial. A qué va a ir Sánchez al debate. Hazme caso Pedrín queda en casa.

Y vuelvo al desfile por los platós para dejar solo una pregunta en el aire. ¿De verdad es necesario ser entrevistado por Bertín Osborne para ganar votos? ¿Es que no hay ni un ápice de dignidad en quién va allí para cuando le invitan decir sencillamente que no va? ¿De verdad el amigo Bertín puede ofrecernos algo que pueda interesar a los electores sobre el candidato. A mi me da que ir a esos sitios hace dudar a los votantes de la seriedad de esta gente. Pero, claro, uno solo es un pobre blogero de provincias cuya opinión no cuenta.




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26 noviembre, 2015

Vergüenza obligada

La actuación del Gobierno en el asunto de ayudar a Francia en su lucha contra el yihadismo es verdaderamente bochornosa. Rajoy intenta, como siempre, ponerse de perfil y dejar morir los problemas de inanición. Pero en este caso le resulta imposible porque él no marca los tiempos. Sin embargo, persiste en ello por puro miedo, por puro egoísmo. Rajoy pretende parapetarse detrás de la inacción por si hacer algo pudiera resultar negativo para sus intereses electorales.

Se me permitirá decir que esta actitud de Rajoy me produce verdadero asco. Más cuando su ministro de Exteriores, ya el primer día después de los atentados le marcó el camino más fácil, y el más lógico:   remplazar a Francia en el control del Sahel. Pero Rajoy, en un acto de cobardía indigno de alguien que está a la cabeza de una nación como España, paró en seco algo tan razonable. Haber tomado esta decisión en el primer momento nos habría puesto en primer plano de la escena internacional y nos hubiera dignificado como país. Pero este infausto presidente que nos tocó en suerte dijo no.

A nadie se le puede olvidar que si Francia no hubiera puesto mucho de su parte ETA seguramente seguiría poniendo bombas y pegando tiros en la nuca a policías y militares. Es verdad que Francia pudo haber reaccionado primero, que pasó de nosotros al principio..., tal vez por desconfianza en una nueva y descafeinada democracia. Pero cuando decidió ayudar lo hizo con seriedad y con contundencia. Así, Francia fue la clave para que el mayor problema que había tenido nuestro país en décadas quedase resuelto.

Por eso la táctica del avestruz de Rajoy produce nauseas; igual que la actitud del líder del PSOE, que no dice ni pío y que está encantado de no estar en la piel de Rajoy y así no tener que tomar decisiones. Sánchez no parece darse cuenta de que a Francia no solo hay que ayudarla porque lo necesita sino porque se lo debemos. Nadie en el espectro político nacional, salvo Rivera, tiene una postura clara en este asunto. Nadie, con la excepción mencionada, quiere tomar partido. ¿Tan importante es el poder que se entrega incluso la dignidad? ¿Es que no saben que se trata de la dignidad de una nación? ¿Es que nadie se da cuenta de que se pierde de un plumazo la posibilidad de pedir a Francia colaboración en el futuro? Eso sí, todos van corriendo a firmar un pacto antiyihadismo completamente inútil salvo para salir en una foto.

España no se merece políticos de tan baja estofa. Francia fue atacada por el terrorismo islámico desde dentro. Hay jóvenes franceses que por alguna razón caen el las redes del islamismo radical, y este es un problema interno que Francia tiene que resolver. Pero Francia entiende que el problema está en el Estado Islámico, y decidió responder al ataque movilizando a su ejército en un acto legítimo, más cuando el EI tiene declarada la guerra a Francia (y a España, no debemos olvidarlo). Pero los recursos de nuestros aliados y vecinos no son ilimitados ni en material ni en efectivos. Por eso piden ayuda. Ayuda que nosotros le negamos por pura cobardía de nuestro presidente. Un presidente que quiere que se le vote de nuevo. Inaudito. Y habrá gente que vote a un cobarde.

Si en estos días tengo la oportunidad de hablar con algún amigo o conocido francés, lo primero que haré será pedirle perdón en nombre de la gente de bien que hay España, que es casi toda. También le pediré excusas por esta rara habilidad que tiene el electorado español de poner al frente del país a verdaderos estúpidos.

24 noviembre, 2015

Campaña electoral y guerra

En una entrada anterior intentaba explicar que estas próximas elecciones eran un buen momento para ejercer como votante racional, o sea ver los hechos de manera imparcial, mirarse las líneas básicas de los programas y decidir en función de ello. Prometí una ayudita mediante una tabla de decisión simple, y lo mantengo, lo haré en unos días. Pero es que ahora hay un nuevo elemento a considerar: la actitud de cada partido, de cada líder, con respecto a una hipotética guerra contra el islamismo radical. Y esto puede cambiarlo todo, porque la percepción de una actitud no es un hecho evaluable, es algo subjetivo que, además tiene una fuerte influencia en la decisión de cada individuo en función de su propio temperamento más belicista, más pacifista, más diplomático... En fin una complicación más para los electores. Porque, además, los candidatos tienen miedo. Miedo a meter la pata.
El miedo en Rajoy

Puede que la gente se de cuenta de que Rajoy no hizo realmente nada en este mandato. Es posible que  los votantes acaben por ver que realmente no aumentó al trabajo en España, a pesar de haber disminuido el paro,  vamos, que la actividad es la misma; que la mejora de los números tiene más que ver con artificios financieros y con los precios de las materias primas (petróleo) que con una recuperación sólida en base a la producción industrial, por ejemplo; o que la deuda no para de crecer.  Pues todo esto, que haría perder unas elecciones a cualquiera, ahora va a tener menos importancia, y así, la victoria pírrica que le auguran las encuestas puede terminar en catástrofe (perderlas con claridad) , o convertirse en victoria contundente. Todo depende de lo mal o bien que juegue sus cartas y de sus decisiones respecto al conflicto con el EI. Rajoy debe estar sufriendo horrores, porque en esto no puede ponerse de perfil; querría ponerse, pero no le van a dejar Y, además, estar callado tal vez juegue en su contra.
El miedo en Sánchez

El amigo Sánchez tiene el mismo problema. El PSOE abanderó el «no a la guerra» durante la segunda invasión de Irak. Pero esto no es lo mismo, y la gente lo sabe; y Sánchez y el PSOE saben que la gente lo sabe. Lo que se hizo en la invasión de Irak fue un crimen premeditado entre Bush, Blair y el gran Aznar (que además creía que era el líder de aquello, qué tipo más simple). Irak no hacía nada, solo estaba allí y alguien se inventó razones para invadir y masacrar. Aquí, por lo tanto la postura estaba clara: «no a la guerra rotundo». Pero, ¿y ahora? Ahora la situación es diferente... A cuenta de aquella guerra, resulta que, en aquel territorio se implantó un grupo radical perfectamente organizado, con un ejército entrenado, con capacidad para manejar armas, con capacidad para actuar en cualquier punto del planeta y que además nos declaró abiertamente la guerra. Menuda patata caliente para Sánchez decir ahora «no a la guerra». Así que, como Rajoy, a ponerse de perfil toca... Pero tampoco le vale.

El miedo en Iglesias
Podemos ya puso claro que ellos se oponen directamente y en cualquier circunstancia a nada que tenga que ver con una confrontación... ¿Y Ciudadanos? Pues parece que Rivera no quiere ponerse de perfil, lo cual es de agradecer. Se le ve nervioso, con ganas de mojarse. Dice que no le dejan entrar en el pacto antiyihadista ese... Pero, poco más. Claro, quiere que muevan ficha primero otros. Si él dice a una intervención, por la izquierda le van a masacrar, y por la derecha parecido. Los unos le tacharían de belicista derechoso y los otros de político poco maduro, o de joven advenedizo que cree que es listo. Rivera también tiene una patata caliente de buen tamaño.

El miedo en Rivera
Es decir que, se complicó la cosa y lo que parecía tan hermoso, que era votar en base a hechos, datos y programas (la parte creíble), se convirtió en una tensa espera hasta ver la actitud final sobre la guerra al EI de estos muchachos que se presentan para liderarnos. Yo apuesto por una tremenda decepción con todos ellos y apuesto también a que ninguno toma una actitud seria de decir sí, o no, y se lo explica con claridad a la población. O mucho me equivoco o aquí no hay ningún Churchill, o ningún Gandhi, para equilibrar. Aquellos, claro, eran políticos, no títeres. Aquí todos tienen miedo a definirse.

17 noviembre, 2015

París atacada por sus hijos

Algo falla en la sociedad occidental. No es normal que franceses de segunda o tercera generación se involucren en los ideales del islamismo más extremo. Pero sucede: los terroristas del EIIL(*) son reclutados entre gente que nació y recibió educación en Europa; educación que, al menos en lo que respecta a los valores vigentes aquí, fracasó estrepitosamente. Y este fallo es más llamativo aún en Francia, paradigma de país libre, laico y abierto en el que millones de musulmanes encontraron un lugar donde vivir.

Puede ocurrir que las políticas de integración hayan fallado. Los inmigrantes argelinos y de otros países árabes se suelen concentrar en las banlieue, o sea, en los suburbios de las afueras de las grandes ciudades; unos lugares que no dejan de ser guetos, o reductos con normas propias y con baja permeabilidad al cambio cultural que sería deseable. De estas banlieue no resulta fácil salir. Los niños están escolarizados, sí, pero conforme crecen nace en ellos la sensación, no irreal, de que en ese país en el que subsisten, no hay demasiadas oportunidades para ellos. De poco valen entonces los Valores Republicanos que la escuela intenta transmitirles.

Este tipo de guetos, además de focos de incultura y de pobreza, son también caldo de cultivo para la delincuencia callejera, para el inconformismo y para el odio hacia quienes viven en el mismo país, pero con otra suerte. Y el Estado Islámico supo canalizar ese inconformismo en los jóvenes y darles razones para no quedarse en el simple odio, sino actuar contra el sujeto del mismo.

Hasta aquí todo parece indicar que una buena parte de responsabilidad en este asunto recae sobre la propia sociedad europea, que acoge a toda esta gente y la utiliza, no nos engañemos, como mano de obra barata, a la que mantiene semiaislada, en «campamentos urbanos». Europa, Francia, tranquiliza su conciencia con un buen chorro de millones en forma de subsidios y gasto social; lo justo para mantenerlos donde están, sin más expectativas. Pero también es verdad que toda esta gente, en la mayoría de los casos, estaría en peor condición en sus países de origen; y que, de todos los millones que malviven aquí, solo unos pocos toman la dramática decisión de hacer suya la causa del fundamentalismo islámico. Europa, Francia, puede catalizar la transformación de estos jóvenes, sí, pero los culpables de delito de terrorismo no son más que ellos mismos, que son quienes toman la decisión. Puede parecer drástico pero, insisto, como ellos hay millones de chicos en las banlieue y no lo hacen. Caerán fácilmente en otro tipo de cosas, pero no en esas. En manos del EI solo caen determinados perfiles. Un dato muy a tener en cuenta por los gobernantes.

La cuestión es que estos barrios, casi plenamente musulmanes, son reflejo del mundo musulmán; un universo social en el que, por alguna razón, nunca se separó la religión de la política. La primavera árabe constituyó una hermosa oportunidad, pero hoy no es más que un recuerdo. Y en un entorno en el que la religión lo impregna todo, es fácil dirigir el odio hacia el infiel que, por otra parte, es causa evidente de sus desdichas: invasiones de Iraq, en especial la segunda, para la que no había motivo alguno; política seguida en Siria, en Palestina; etc...

No conviene engañarse. El mundo musulmán, al menos en el Oriente Medio no va a cambiar. Cualquier intento de democratización seria va a ser cortado en seco por quienes ostentan el poder. Estos invocarán a Dios para justificar la represión, y a la Ley Coránica. Pero no es más que una pantalla para tapar la realidad: dinero, influencia y negocios, con Occidente, naturalmente. Porque, de alguna manera a los grandes poderes del hemisferio occidental les interesa que Oriente Medio sea foco de permanente tensión.

Y aquí estamos. Los atentados van dejando ya miles de víctimas: Nueva York, Madrid, Londres, Paris... Y así seguiremos. Haremos concentraciones, cantaremos himnos, pondremos velas y lloraremos por nuestros muertos. Los afectados llevarán eternamente su odio y desearán que el EIIL desaparezca de la faz de la tierra, y con él todos sus adeptos, es lógico. Ahora, como respuesta, se emprenderán campañas militares.Pero los ejércitos son para lo que son: solo eliminan enemigos, pero no resuelven los problemas. Es lógico que se responda con la fuerza. Francia tiene derecho a hacerlo, claro. Pero la situación va a persistir y a empeorar: en más o menos tiempo surgirán nuevos exegetas que releerán el Corán a su modo y cargarán contra el infiel.

Estamos ante algo que tiene solución. Una solución larga y difícil. Muy difícil porque hay gente en ambos lados que está ganando mucho con esta situación. Lo difícil es identificar quienes son y, más difícil aún, hacer que dejen de mover las marionetas. Me pregunto cómo serían hoy las cosas si los países árabes fueran democráticos... Tal vez un día...

(*) EIIL (Estado Islámico de Iraq y Levante). Prefiero estas siglas a las de ISIS, que son lo mismo, pero en inglés (Islamic State of Iraq and Syria). Levante es el nombre enpañol de la región de la Siria histórica.